Desde que estamos en el vientre de nuestra madre, empezamos a desarrollar nuestro gusto por ciertos alimentos y literalmente los alimentos empiezan a formar a esa persona que seremos. Al nacer, la leche materna nos mantiene creciendo, desarrollándonos y aprendiendo el gusto por la comida de la cultura en la que hayamos nacido…

Aunque existen maravillosas excepciones, los primeros años de vida, las mujeres son parte clave en nuestros hábitos de alimentación. Esos primeros momentos de existencia en los que dependemos tanto de nuestros cuidadores, las madres marcan el inicio de una buena alimentación.

Mujeres con mucha responsabilidad, suena pesado. Mujeres responsables del campo, de la cocina, de sacar adelante a las familias… pero aunque suene a una tarea difícil, alrededor del mundo las mujeres llevan esta responsabilidad con sabiduría, alegría y compromiso con su papel de guardianas de los sabores, olores y saberes de la comida de cada región.

Es importante reflexionar que la alimentación va de la mano con quienes somos no sólo en cuanto tejidos, órganos y células, la comida tiene una estrecha relación con lo que pensamos, sentimos, con nuestra espiritualidad e identidad.

Hoy en día el papel de estas guardianas está en peligro. Entre bombardeo de necesidades vendidas como esenciales, las jornadas de trabajo incompatibles con un espacio de tiempo para cocinar, los malos sueldos y la poca disponibilidad de alimentos saludables, las mujeres cada vez tienen menos tiempo de enseñar/aprender habilidades para preparar alimentos. Generaciones nuevas sin esta herramienta fundamental para la conservación de nuestra esencia, ponen en crisis la preservación de este legado y a la vez, la diversidad de  los cultivos propios de cada región. Es importante poner manos a la obra, mejor dicho, manos en la masa, en la ensalada, a cocer frijoles, a picar cebolla, ¡a cocinar otra vez!. Cocinar es buscar cambios desde el corazón del hogar, la cocina. Las mujeres que preparan alimentos, son revolucionarias en nuestros tiempos.

Hoy quiero invitarte a que valores el trabajo de las mujeres guardianas de la alimentación, de la salud, de nuestra cultura, de nuestra identidad. Recuerda los olores y sabores con los que te han deleitado e inspírate para tomar acción y convertirte en su aliada(o) volviendo a preparar esos deliciosos platillos que guardan la esencia de quienes somos.

 

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