Por Bichos de Campo, Bichos de Campo, 29 de junio del 2020.

Marcos Tomasoni es un ingeniero químico formado en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) de Córdoba.  Una vez recibido, en 2007, empezó a trabajar en el área de ingeniería ambiental, y un año después se alineó con los grupos de vecinos preocupados por las aplicaciones de agroquímicos en los límites de las zonas urbanas. Desde allí se convirtió en uno de los principales críticos del glifosato y otros insumos químicos, a punto tal que aportó datos científicos para muchas de las legislaciones municipales y provinciales que limitaron su uso en los periurbanos.

Tomasoni basa sus teorías en un fundamento que llama “las tres derivas”. Según sus estudios, una gran parte de las moléculas de los químicos aplicadas en el campo terminan en lugares no deseados, flotando en el ambiente o dentro de las gotas de agua de lluvia. También en los cursos de agua, polvillo, rastrojo, etcétera. No se puede controlar, afirma.

Se conoce con la palabra ‘deriva’ al movimiento -escape- de los caldos asperjados por las máquinas pulverizadoras. Tomasoni agrega que no solo puede escaparse la gota pulverizada sino que gran parte de las moléculas químicas escaparán por vía gaseosa.

“A estos químicos que se utilizan en el campo les gusta más estar en el aire que adheridos al suelo o al agua, a excepción de ciertas sales, que les gusta más el agua. Pero como además se utilizan tanto, hay una parte que termina en el aire por su estructura de resonancia. Es por eso que encontramos glifosato en agua de lluvia”, dijo Tomasoni a Bichos de Campo.

Aquí la entrevista completa con el ingeniero químico

“Mi teoría se basa en que existen tres tipos de deriva: la primaria que es la que se produce en el momento que se está llevando a cabo la aplicación, y que puede controlarse con las buenas prácticas. Pero luego hay una deriva secundaria, es la que ocurre hasta 24 horas después de que se fue la máquina. Y allí el humano no puede controlar que el 90% de químicos suban a la atmósfera en forma gaseosa y puedan moverse kilómetros en cuestión de horas”, advirtió.

¿Cómo es ese proceso? Según Tomasoni, depende mucho “de las condiciones climáticas: radiación, temperatura, humedad relativa ambiente y los factores de reversión térmica que ocurren al atardecer y amanecer”.

“Luego está la deriva terciaria, que contabiliza las pérdidas que pueden generarse en hasta un año luego de la aplicación, de la molécula o sus residuos”, agregó el ingeniero.

Según esta lectura, la imposibilidad de controlar estas situaciones salta a la vista. “Es tan simple como ver qué pasa si asperjamos agua en un patio, a las horas no está más. Si el agua se evapora, las partículas químicas lo hacen más rápido, pues por su polaridad prefieren el aire. Es por eso que según la teoría del científico Daniel J. Jacob (1999), un químico pulverizado hoy en cualquier lugar de la Argentina puede llegar en forma de lluvia a Australia en tan solo dos semanas”, afirmó Tomasoni.

El especialista indicó que es por ellos que “se han encontrado restos de agroquímicos en el Sahara o en el tejido adiposo de animales en la Antártida. Ahí no podemos decir que alguien aplicó tan mal. Esto es incontrolable por el ser humano y solo depende de la estructura fisico química de las moléculas moviéndose según las condiciones ambientales”.

“Hemos llenado al planeta de químico y urge empezar a reducir su uso”, afirmó Tomasoni.

El ingeniero aceptó que es verdad que una parte de los químicos pueden degradarse por los microorganismos del suelo, como afirman sus fabricantes, pero solo una parte. “Al usar tanta cantidad de químicos, estos terminan en el aire y en el agua. La deriva es incontrolable aunque haya buena voluntad humana”, insistió.

“Mismo el glifosato, que se aplica como una sal y digamos que le gustaría más el agua que el aire, una octava parte de su estructura de resonancia es la que pierde la polaridad y termina en fase gaseosa. Su molécula es como un robotito que tiene un brazo que se mueve por ocho lugares distintos, todo el tiempo, una de esas posiciones es la que hace que la molécula pase a fase gaesosa. Y como lo usamos tanto en el país -cerca del 70% de los agroquímicos-, termina en el aire y luego en el agua de lluvia, como se ha constatado en La Plata o en Pehuajó”, explicó.

“Eso de que tocaba el suelo y se desactivaba era mentira, y lo ha demostrado el INTA de Manfredi. Es verdad que una parte puede degradarse pero no todo”, determinó Tomasoni sobre el herbicida más popular de todos.

-Entonces, ¿qué les dirías a todos la comunidad agropecuaria, que está confiada en que haciendo las cosas bien es suficiente para evitar la deriva? 

-Que si fuiste al médico hace 20 años y te dio una pastilla, y al otro año te empezó a dar otra y a los tres años te daba cinco y a los 20 días te receta 13 pastillas, es que muy bien no venís.

“Al agro argentino le pasa eso. La sociedad no puede convivir más con tanta carga de sustancias tóxicas liberadas al ambiente. La humanidad no puede seguir caminando de la mano de los agroquímicos. Sirvieron, fueron un momento, pero hay que salir de ese modelo porque nos está sobrecargando la naturaleza de sustancias extrañas. Hay que tender hacia la agroecología y al uso de menos químicos”, resumió su posición Tomasoni.

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