Por Yeimi Esperanza López López e Isabel Margarita Nemecio Nemesio, La Jornada del Campo, 21 de septiembre del 2019.

Migrar es algo más que un desplazamiento del lugar de origen hacia otras tierras, es llegar a un sitio distante y diferente, implica tomar la decisión de dejar el pueblo para ir en busca de mejores condiciones de vida, lo cual no es fácil, como tampoco lo es quedarse ante un panorama que pareciera no ofrecer mayores oportunidades. A esto le sigue elegir u optar por un lugar de destino donde haya más trabajo y, si se conoce a alguien, las redes de apoyo y familiares se vuelven importantes. El recorrido desde los pueblos del sur del país hasta el estado norteño de Sonora no es fácil; puede durar hasta tres días en autobús; durante el trayecto apenas hay tiempo de bajar al baño, comprar algo rápido para beber, comer y continuar hasta el lugar de destino. Llegar a un sitio diferente se convierte en un reto, pues el lugar al que se llega es distinto a lo que se conoce, cambian el paisaje y los olores, son otras las condiciones de vida, otra la dinámica, a esto se puede sumar el recibir un trato hostil por parte de los lugareños que ven en la presencia de los recién llegados a alguien que irrumpe en su espacio, en su vida. La decisión de migrar también tiene que ver con las oportunidades que pueda brindar el lugar de destino, es así como en ocasiones la estancia puede ser cíclica, permanente o temporal, como en el caso de los cientos de familias indígenas jornaleras que llegan al estado de Sonora.

Sonora recibe alrededor de 100 mil jornaleros y jornaleras al año, que se emplean en poco más de 200 campos agrícolas. Sin embargo, el Poblado Miguel Alemán, por su clima, alberga alrededor del 40% de quienes llegan a la entidad, es decir, que en promedio reciben a unos 40 mil jornaleros y jornaleras. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2017, estimó que Sonora recibe aproximadamente a 26,467 mujeres, 98,691 hombres, dando un total de 125,158 trabajadores y trabajadoras agrícolas.

El Poblado Miguel Alemán está ubicado a 50 kilómetros de Hermosillo, conformado por una gama multicultural en donde conviven hombres, mujeres, niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas de la tercera edad originarias en su mayoría del estado de Oaxaca; no obstante, también han llegado migrantes desde distintos puntos como Guerrero, Chiapas, Puebla, Veracruz, Michoacán, por mencionar algunos, para emplearse en las labores agrícolas que ofertan diversos agricultores (o patrones, como les denominan) de Sonora.

Las labores agrícolas en las que se emplean son en el corte de uva, de calabaza, sandía, melón, jitomate, chile y otra variedad de hortalizas. Llegan desde finales de marzo y hasta el mes de agosto, con la promesa de que “aquí (Poblado Miguel Alemán) se gana bien”, o por lo menos “se gana un poquito más”. Miguel Alemán registra fuertes flujos migratorios durante estos seis meses de trabajo agrícola, principalmente de población migrante indígena, aunque todo el año diferentes campos agrícolas ofertan distintas actividades lo que incentiva la empleabilidad de esta mano de obra todo el año.

Trabajar en los campos agrícolas implica tener jornadas de trabajo de sol a sol que rebasan lo contemplado en la Ley Federal del Trabajo, no cuentan con las condiciones necesarias para desarrollar su trabajo con seguridad, exponiéndose a sufrir accidentes o enfermedades que deberán enfrentar solos y solas pues no se les otorga seguridad social, las casas en donde habitan no cuentan con todos los servicios básicos. Se enfrentan a la discriminación por ser indígenas, por hablar otras lenguas y vestir de manera diferente a como se acostumbra al lugar de llegada. Diversos derechos les son violentados, colocándolos en situación de vulnerabilidad, ante esto no ha habido pasividad por parte de las y los jornaleros, quienes han decidido organizarse para visibilizar la situación que viven y su presencia. Este es el caso de la organización denominada Mixteco Yosonuvico de Sonora Cerro Nublado A.C.,  constituida en el año 2001 en la ciudad de Hermosillo, Sonora. Uno de los objetivos de la organización, de acuerdo con Pedro Gómez –fundador y presidente−, es difundir, preservar los usos y costumbres gastronómicos, la vestimenta, las artesanías, la cultura, así como la intervención para la defensa de los derechos indígenas, buscando formas y estrategias adecuadas en coordinación con los diferentes niveles de gobierno, para implementar acciones que faciliten el desarrollo integral de las familias indígenas migrantes asentadas en Sonora. La organización está integrada por indígenas na’ savi (mixtecos) originarios de diferentes partes de Oaxaca, en su mayoría jornaleros y jornaleras agrícolas, un egresado de la licenciatura en derecho y algunos estudiantes que se encuentran cursando diferentes grados académicos de educación básica.

Pedro Gómez comenta que “desde su constitución hasta la fecha la organización se ha preocupado por promover el respeto a los derechos humanos de los indígenas asentados en la localidad, pues en el mismo convergen diversas culturas provenientes de todo el país, los cuales vienen a este lugar en busca de trabajo y al encontrarlo lo aprovechan por el tiempo que dure, porque la mayoría del trabajo es temporal […], pues como se dijo, en este lugar es de asentamiento de diferentes etnias provenientes de toda la república, principalmente de los estados de Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Puebla, entre otros. […] En este lugar la principal fuente de trabajo son los campos agrícolas, en donde existe una gran demanda de mano […]. Muchas de esas personas desconocen completamente sus derechos mínimos, lo que los hace blanco fácil de ser víctimas del delito de trata de personas, razón por la cual consideramos de gran importancia la impartición de estos temas a la comunidad estable y migrante”.

Para Don Pedro “hablar de población migrante, es en muchos de los casos sinónimo de discriminación y violación de derechos, más aún, cuando esta población migrante es indígena, con características muy diferenciadas desde la forma de gobierno, cultura, entre otras. […] Aunado a que la población indígena migrante en su mayoría son monolingües al momento de su llegada de sus lugares de origen, los niños (y niñas) presentan problemas de desnutrición, y por la difícil situación que enfrentan en sus lugares de origen los obliga a emplearse con los productores agrícolas en […] condiciones infrahumanas […], desconociendo sus derechos laborales por lo que los hacen más vulnerables”.

Bajo este contexto, Mixteco Yosonuvico ha implementado diversos proyectos de capacitación y gestión, sobre todo en relación con los principales derechos en materia penal, laboral, derechos humanos, derechos de la mujer, derechos de las personas de la tercera edad, seguridad jurídica, entre otros. Pero en el momento de querer ver materializado su actuar se encuentran con una traba en las instituciones o con los funcionarios públicos, los cuales, por diversos factores, no los atienden de manera integral. Por ello, su presidente menciona que “es necesario sensibilizar a dichos funcionarios respecto de los usos y costumbres que se quieren preservar por parte de los pueblos y comunidades indígenas, los cuales son tutelados por nuestra Ley Suprema, concretando dichos conocimientos en […] la Constitución y en la Ley Federal del Trabajo”.

Mixteco Yosonuvico es muestra de la resistencia y de la lucha que dan los pueblos originarios, sobre todo las familias indígenas jornaleras que se han ido asentando en diferentes zonas no solo de Sonora, sino en otras entidades. Esta resistencia se ha forjado por la exigencia, por el respeto, por la garantía y por la restitución de sus derechos que les son violentados por el Estado mexicano y por los agricultores que los emplean como mano de obra jornalera.

ACO
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