Por Daniel Gutman, IPS Noticias,

El presidente Donald Trump mantuvo su rebeldía sobre el tema en la cumbre de dos días de los grandes países industriales y emergentes que concluyó este sábado 1 en la capital argentina.

Ni siquiera la redacción de una declaración final suavizada en aras del consenso, en el que no se ponen plazos para la puesta en marcha de acciones que contribuyan a la adaptación y mitigación del cambio climático, sirvió para sacar a Trump de su aislamiento en el consenso multilateral mundial al respecto.

En el documento de 31 puntos, el gobierno estadounidense hizo incluir un apartado especial, con el número 21, en el que advirtió que la principal economía del mundo seguirá apostando al crecimiento, “utilizando todas las fuentes de energía y tecnologías”.

Los otros 18 países y la Unión Europea (UE), que completan el G20 (Grupo de los 20), adhirieron  al punto 20, en el cual se comprometen a la “plena implementación” del Acuerdo de París sobre cambio climático, al que califican como “irreversible”.

Estados Unidos forzó que se puntualizara su retiro de ese tratado multilateral, efectuado en 2017, para adherir la declaración y que la cumbre de Buenos Aires, la primera que acogió en un país sudamericano, no terminase como la precedente, realizada en la ciudad alemana de Hamburgo, sin documento final.

El Acuerdo alcanzado en diciembre de 2015 en la capital francesa establece medidas para la reducción de gases de efecto invernadero, cuya principal consecuencia es la necesidad de poner en marcha la transición hacia fuentes de energía y tecnologías limpias, camino que Trump ratificó otra vez que no transitará.

Los demás países, de todas maneras, debieron encontrar un delicado equilibrio en materia de cambio climático que dejara a todos conformes con el documento.

“Se acordó incluir en el texto una referencia a la importancia de las acciones de adaptación al cambio climático y de impulsar economías más bajas en carbono. Pero se prefirió no hablar de plazos para lograrlo ni de cómo se obtendrá el financiamiento”, explicó a IPS el secretario de Ambiente del país anfitrión, Sergio Bergman.

“En esos temas están las verdaderas diferencias, así que los evitamos. Mejor que se discutan en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático, que empieza en pocos días en Polonia”, agregó.

En ese sentido la cumbre de Buenos Aires pareció demostrar que, aun cuando se excluya a Estados Unidos, tampoco es sencillo lograr consensos con respecto a los compromisos globales para mitigar el recalentamiento planetario.

“Trump es el que grita, pero hay otros países que, en silencio, también tienen problemas para implementar lo acordado en París”, reconoció Bergman.

Los desacuerdos en cuanto al cambio climático no impidieron que el presidente argentino, Mauricio Macri, celebrara como un éxito una cumbre que trajo simultáneamente por primera a Buenos Aires a los jefes de Estado y de gobierno de los países más influyentes del mundo.

El G20, que nació en 1999 como un foro exclusivamente financiero, celebra desde hace 10 años, tras el estallido de la última crisis económica global, cumbres anuales que reúnen a los líderes de los países que, en conjunto, reúnen un 66 por ciento de la población mundial y un 85 por ciento del producto interno bruto.

Así, el chino Xi Jiping, el ruso Vladimir Putin, la alemana Angela Merkel, el indio Narendra Modi y el japonés Shinzo Abe, entre otros, pasaron por Argentina junto a Trump en la 13 cumbre del que hasta la llegada de Trump pretendió ser el gran directorio de los consensos mundiales entre el Norte y el Sur.

Macri seguramente imaginaba llegar a esta Cumbre en otra situación, ya que 2018 ha sido un muy año malo para Argentina y en consecuencia para su presidencia: la economía se derrumbó y quedó seriamente en duda su capacidad para conducir del país.

Con una devaluación de la moneda local, el peso, que superó el 100 por ciento, una inflación que este año rondará el 50 por ciento y un fuerte deterioro del poder adquisitivo de la población, Macri recurrió este año al auxilio del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El organismo internacional de crédito accedió a prestarle a la Argentina más de 57.000 millones de dólares, pero a cambio impuso una drástica reducción del gasto público, que generó una fuerte caída de la actividad económica y empeoró la situación social: de acuerdo a estudios privados, la pobreza en este país sudamericano ya supera el 30 por ciento.

Con este telón de fondo, había especial inquietud en las autoridades por la posibilidad de protestas contra la Cumbre que se desbordaran. Existía, además, el antecedente de los graves hechos de violencia producidos en la cumbre de Hamburgo.

El operativo de seguridad incluyó el despliegue en la capital argentina de 22.000 agentes de fuerzas de seguridad, con tanques y exhibición de armas largas.

No solo fueron custodiadas las áreas en las que se movieron los líderes, sino también se impuso un cerco de seguridad al legislativo Congreso Nacional, punto de llegada la tarde del viernes 30 de una manifestación de protesta, a unos cinco kilómetros de la sede de las deliberaciones de los mandatarios, en un centro de convenciones junto al río de La Plata.

El recorrido de la movilización por la ciudad fue acordado en los días previos por el Ministerio de Seguridad con Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980 por su denuncia de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura militar (1976-1983).

Finalmente la manifestación se desarrolló sin ningún incidente y con la participación solamente de partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales, que rechazaron tanto al G20 como al FMI.

“Estamos aquí porque entendemos que los líderes mundiales vienen a avalar el plan de ajuste de Macri”, dijo a IPS Celeste Fierro, integrante de Anticapitalistas en Red, una organización que reúne a militantes de izquierda de distintos países.

“Hay mucha bronca en Argentina por la situación y todo el montaje que se hizo en Buenos Aires para esta Cumbre la agravó”, agregó Fierro.

La protesta se vio devaluada por la ausencia de los partidarios de la expresidenta de centroizquierda, Cristina Fernández (2007-2015), principal opositora a Macri.

Si bien 10 días antes participó de una llamada “Contracumbre” celebrada en un estadio de fútbol, que reunió a figuras regionales como la destituida ex presidenta brasileña Dilma Rouseff, Fernández mantuvo un prudente silencio durante la Cumbre.

Así, el único momento incómodo de la Cumbre que vivió Macri no se la proporcionó la sociedad argentina sino Trump.

El presidente argentino tuvo una breve reunión bilateral con su par de Estados Unidos. Más tarde, la vocera de la Casa Blanca informó que los dos mandatarios se comprometieron “a enfrentar la actividad económica depredadora china”.

Macri lo rechazó y aseguró que su gobierno “no ve la presencia china como una amenaza sino como una oportunidad”.

En Argentina, igual que en el resto de América Latina, se ha convertido durante los últimos años en el inversor principal de los proyectos de desarrollo.

Deseoso de agradar al presidente chino después de la acción de la Casa Blanca, Macri aseguró que Xi “cada vez se hace más fanático de la Argentina. Ya no solo le gusta el fútbol y el tango, sino que ahora también le encantan la carne y el vino”.

FuenteIPS Noticias
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