Por Buena Gente, 18 de junio de 2018

“Me defino como una mujer verraca que me tocó hacer de papá y mamá, que no es fácil, y los resultados fueron muy buenos”

Su interés por custodiar semillas está ligado a preparaciones culinarias de su madre: “me nació porque a mí me gustaban mucho los mute que hacía mamá de un trigo, había un trigo que hacía más de 4 años que no se cultivaba y me dio por bajarlo y sembrarlo a ver si germinaba, y sí germinó, la primer vez estaba como delgadito y la segunda vez subió más y eso lo anima a uno – tan chévere que estoy haciendo un experimento – y así seguí y de ahí nació ser custodia de semillas y me encanta poder decir ya tengo recuperadas 5 variedades de habas y 5 variedades de trigo, aunque en pocas variedades pero las tengo y eso le ayuda a uno sentirse bien y decir ya voy a cumplir mi reto que es tener recuperadas alrededor de 50 variedades entre tubérculos, cereales y todos. Algún día podré decir tengo toda esa variedad, así sea en pequeñas parcelitas.”

Dueña de una hectárea que heredó después de la muerte de sus padres hace poco tiempo, la parcela ha pertenecido a su familia desde hace más de 100 años al igual que algunas de sus semillas. “Desde que ellos estaban vivos yo hacía mis experimentos ahí, mis siembros. Ellos me dejaban, pero no es en cantidad, es en pequeñas parcelas debido a que no tenemos comercio, pues para qué se produce si nos vamos a quedar con ellos. Me he dado cuenta que produzco para comer y para volverlas a sembrar.”

Madre cabeza de familia ha sacado a sus dos hijas adelante, ha enfrentado las adversidades de la vida, fue víctima del conflicto armado, lo que la llevó a renunciar a su trabajo como docente en una escuela rural. Debió dejar también sus estudios cuando cursaba séptimo semestre de Licenciatura en Ciencias Sociales, para iniciar desde cero en el campo.

Está en la Asociación Huerto Alto Andino desde su constitución en 2011 en compañía de otras mujeres, asegura que la asociación surge con la propuesta de recuperar los huertos y la mayor diversidad de alimentos, está inspirada en la ruta Libertadora Bolívar ya que en su paso por estas tierras “los españoles pensaron que Bolívar y su ejército se morían de hambre porque les quitaron todos los abastecimientos, pero los campesinos tenían huertas con cereales, frutales y tubérculos con los que ellos se alimentaron y subsistieron.”

En la actualidad son más de 100 socios que han ido produciendo un gran número de alimentos de acuerdo al tamaño de sus parcelas. Inició como una apuesta para el fortalecimiento de la seguridad alimentaria a través del incremento de productos de pancoger, con el tiempo y la oferta de productos decidieron participar en mercados locales y actualmente trabajan de manera conjunta con Vértice Consumo Responsable, una organización que se encarga de la distribución y venta de los productos con precios justos.

Inicialmente hubo algo de resistencia, por parte de los esposos, a la participación de estas mujeres en procesos colectivos de producción y en las reuniones que las dinámicas organizativas implicaban, sin embargo, la persistencia femenina logró que lejos de debilitar esta importante iniciativa, los hombres entraran también a hacer parte del proceso, contribuyendo a las agriculturas familiares y a la preservación de la biodiversidad. El trabajo consciente y sostenido llevó a la organización a ganar en el año 2017 el premio A Ciencia Cierta Bio que se asigna a las seis mejores experiencias de preservación de la biodiversidad en el país.

Para obtener mayor información de la Asociación puedes acceder a la página de Facebook.

FuenteBuena Gente Periódico
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