Por Nicolás Centurión, Alainet, 25 de enero de 2019

Un solo Uruguay nuclea pequeños, medianos y grandes productores del campo, con genuina indignación, pero quienes llevan la voz cantante y sus intereses en las proclamas son los grandes productores.

Supuestamente, es un movimiento que no responde a ningún partido político pero tiene grandes afinidades con el Partido Nacional y la Asociación Rural del Uruguay (ARU). ¿Sorpresivamente? este movimiento cuenta con la simpatía y el apoyo de Unidad Popular, partido autoproclamado como la “verdadera izquierda” en el país y que más de una vez ha coordinado con la derecha local.

Este grupo político ha hecho muchas veces la del jinete que monta un caballo: subir por la izquierda y termina bajándose por la derecha.

Es cierto que el centroizquierdista Frente Amplio –en el gobierno durante tres administraciones sucesivas- tiene un gran debe con el tema del campo y una reforma agraria (que está en los postulados históricos de esta fuerza política pero que cada vez se la nombra menos), pero nunca es sinónimo de pasado sino respuesta a la construcción de un futuro para los de abajo.

Vale decir que la reforma agraria no puede ser solo un reparto de tierras sin más. Debe de ser atractivo para todos los involucrados para vivir en el campo; y eso implica descentralizar servicios, poder crear centros cívicos, lugares de esparcimiento y recreación, hospitales, escuelas, etc.

Porque si el atractivo es Montevideo, la capital uruguaya, y la del departamento local, siempre se va a estar mirando hacia afuera. Si uno quiere desarrollar sus capacidades cognitivas, profesionales, etc. Sí o sí tiene que estudiar en la capital, vivir allí y trabajar allí. Se debe empezar a diseñar y construir centros poblaciones que fomenten el desarrollo del ser humano en todas sus áreas y aristas, que sean atractivos per se, y si no se nutrirá de zonas aledañas a los centros urbanos.

Un Solo Uruguay con poco tiempo en la palestra política y mediática se ha visto envuelto en casos de corrupción y delitos varios. Intenta expresar un hartazgo de un solo sector y generalizarlo como si el país se estuviera derrumbando. Pero el partido de gobierno se ha preocupado y ha puesto en marcha políticas para los más postergados históricamente en el campo (Ley de ocho horas para el trabajador rural, por ejemplo).

No nos dejemos engañar por aquellos que se han enriquecido como nunca en los últimos 15 años. Que no nos hagan sentir que todo está mal porque están usando de carne de cañón a los que pequeños y medianos productores.

El término Un solo Uruguay es interesante retórica y discursivamente hablando. Apela al término de unidad nacional. Sin divisiones, sin conflictos, sin “grietas”. Donde todos “cinchamos el carro” (como sinónimo del campo y el Uruguay todo) hacia un mismo objetivo.

Pero esto no es así: la realidad es otra y se puede esbozar claramente en dos ideas breves. La primera es que si pretendemos la construcción de un Uruguay para “todos” es que un solo Uruguay no existe, sino que debemos incluir a todos los Uruguay que caben en nuestro territorio. Dentro de la pluralidad poder incluir a toda la cantidad de pueblo posible en pos de la felicidad de las grandes mayorías.

La expresión Un solo Uruguay, es un recurso utilizado para tratar de difuminar las diferencias existentes de todos los sectores que participan en este movimiento y aún más, extenderlo y extrapolarlo a todo el país porque Un solo Uruguay se perfila para ser una fuerza política a nivel nacional.

Más que diferencias serían desigualdades sociales, donde los grandes terratenientes que allí participan son responsables directos de que esto suceda. Son los mismos terratenientes que fagocitan a los pequeños productores, haciendo que se vacíe el campo y ellos se enriquezcan a costa de las penurias de los más débiles.

Este 2019 Uruguay tiene elecciones presidenciales en el mes de octubre y es vox populi que este movimiento se volcará a pedir el voto por el bloque conservador-reaccionario del Partido Nacional en un eventual ballotage (segunda vuelta electoral) con el Frente Amplio.

Bienvenidos los movimientos y la participación en política. Pero es necesario que salgan del closet ideológico y expresen lo que verdaderamente representan: a los sectores concentrados y oligárquicos del campo, que están en connivencia con los medios de comunicación y que quieren condenar a Uruguay a ser un país agroexportador para toda la eternidad y para beneficio propio.

Porque hasta que no cambie todo, parafraseando al gran Atahualpa Yupanqui, las penas seguirán siendo de nosotros y las vaquitas serán ajenas.

*Nicolás Centurión, Estudiante de Licenciatura en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

FuenteAlainet
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