Por La Tinta, Desinformémonos, 25 de enero de 2023.

Por Vic Márquez para La tinta

Cuando comencé mi camino como bióloga, como para casi todes, abeja era la que produce miel en una colmena, donde viven la reina y las obreras, y, si nos acercamos demasiado, corremos el riesgo de que nos piquen. Ese insecto volador es la abeja común que, para la nomenclatura científica, es Apis mellifera. Sí, es la más popular de todas las abejas, de origen asiático, hoy distribuida en casi todo el mundo y la responsable de la mayor parte de la producción de miel a nivel mundial. Pero hay muchas más: además de esta abeja mainstream, existen aproximadamente 16.000 especies en todo el mundo y, en la Argentina, se ha reconocido un aproximado de 1.100 especies nativas, un montón, ¿no?

Las abejas, junto con las avispas y las hormigas, se encuentran dentro de uno de los grupos más diversos de insectos denominados himenópteros. Sus parientes más cercanas son las avispas, es más, podemos decir que las abejas son en esencia “avispas vegetarianas” que, en algún momento de su historia evolutiva, comenzaron a utilizar polen y néctar para alimentarse a sí mismas y a sus larvas, en lugar de cazar y alimentarse de otros insectos como hacen las avispas. Tan importante es su dieta vegetariana que las abejas han desarrollado estructuras especializadas para recolectar polen como pelos plumosos que recorren todo su cuerpo, siendo uno de los atributos que mejor las caracterizan y diferencian de las avispas.

Es enero y estoy en la docta, tratando de concentrarme para compartirles alguna data sobre abejas, las otras. Estoy en un séptimo piso, todo alrededor es cemento y pienso que es difícil inspirarse en este entorno. Como parte de la búsqueda de compartir algo, me encuentro casi sin querer con la pregunta del “ser”: ¿qué es una abeja? ¿Es lo mismo una abeja para mí que para el vecino/a, mi tía o mi viejo? Hago una pausa y, de pronto, estoy pensando: ¡¿qué diría yo si fuese una abeja?! No, me estoy zarpando. Creo que lo mejor para hablar de la diversidad de abejas es recurrir a mi vínculo con las abejas y el de colegas cercanos que hacemos a la tarea de “aprender” de y con las abejas. En el 2019, comencé mis muestreos doctorales en el medio del bosque de Córdoba y, allí, mi encuentro con las otras abejas fue aún más cercano. Desde ese encuentro y experiencia es desde donde intentaré presentarles algunas, pocas, otras abejas y sus características.


Si existen tantos tipos de abejas, ¿existen otros tipos de abejas capaces de producir miel? La respuesta es sí, existen diversas especies de abejas capaces de producir miel y, por lo tanto, existen distintos tipos de mieles. La mayor parte de las que producen miel pertenece a un grupo llamado “abejas sin aguijón”, ¡sí, exactamente, no pican! Su miel es y ha sido utilizada históricamente por comunidades campesinas y originarias antes de que la abeja común aterrizara en América.


Las abejas sin aguijón se distribuyen en los trópicos y subtrópicos de todo el mundo. En Córdoba, podemos encontrar dos de ellas: Plebeia molesta y Plebeia catamarcensis, también conocidas como “colmena” y “queya”. En general, son poco conocidas, pero depende a quién le preguntes… En el norte de Córdoba o en Santiago del Estero, la gente conoce ese otro tipo de abejas que dan miel y no pican.

Estas pequeñas abejas miden 3-4 mm -ante una mirada rápida, pueden parecer moscas-, son muy similares entre sí y hacen sus nidos en huecos de algarrobos, mistoles y cavidades de todo tipo, incluso, en áreas muy urbanizadas. A Plebeia catamarcensis la podemos encontrar, incluso, en el centro cordobés, ya que, aparentemente, a diferencia de nosotres, las temperaturas de la ciudad no le sientan nada mal.

Tanto a la abeja común como a las abejas sin aguijón, se les llama abejas eusociales avanzadas, ya que viven en colonias que no pasan por una fase solitaria y siempre hay una distinción entre la casta reproductiva y las obreras: reinas y obreras no pueden intercambiar sus roles. Esto no es necesariamente así para todas las abejas, algunas de ellas pueden vivir en pequeñas colonias, en su mayoría, iniciadas por una hembra que solitariamente construye el nido, pone huevos y aprovisiona a las larvas. Eventualmente, con el nacimiento de las crías, la vida colonial puede surgir, incluida la división del trabajo. Este es el caso de la mayoría de los abejorros del género Bombus y otras abejas tornasoladas llamadas halíctidos que anidan en el suelo. Y también de muchas de las especies de abejas carpinteras, las Xylocopas, que hacen sus nidos en madera.

Sin embargo, la mayor parte de las abejas del mundo (¾) tienen un comportamiento solitario, es decir, viven solas y mantienen su propio nido. Podemos mencionar como ejemplo en este último caso, aunque existen muchas más, a Caupolicana mystica, una abeja no muy conocida que habita en el bosque nativo cordobés y que tuve la suerte de conocer hace ya un tiempo. Durante mi trabajo de campo, mientras realizamos algunos experimentos como contar flores, recolectarlas, medir árboles, etc., se apareció, de pronto, una abeja grande y muy rápida que nos llamó la atención. Se posó sobre una rama muy cercana y, luego, se dispuso a alimentarse de las flores con las cuales estábamos trabajando.

A diferencia de la abeja común, esta es solitaria y, sin ninguna ayuda, es la encargada de todas las tareas en el nido: lo construye y mantiene, pone huevos y alimenta a las larvas. Las caupolicanas son un grupo de abejas crepusculares, visitan flores al atardecer y al amanecer, y son nativas del continente americano, en su mayoría, del neotrópico.

No siempre mi encuentro con las abejas ha sido tan pacífico y, por eso, les digo que, aunque tengan curiosidad, no recomiendo acercarse mucho a un nido de abejorro. Estos, si son molestados, pican fuerte y muchas veces. Aprendí mi lección y no he vuelto a molestarlos, aunque ha quedado un poco de pica. Les invito a acercarse a conocer la gran diversidad de abejas que existen, a hacerlas visibles, ya que lo que no conocemos suele ser invisible a nuestro ojos.

Ahora, la próxima vez que se acerquen a una flor, tal vez puedan ver a “las otras abejas” que, por los márgenes y casi sin ningún reconocimiento, se encargan de la polinización de gran parte de las plantas con flor, asegurando así su permanencia en el tiempo y, por lo tanto, la continuidad de los ecosistemas. 

Este material se comparte con autorización de La Tinta

Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.