Por Greenpeace, Sin Embargo, 13 de diciembre del 2021.

Por Claudia Campero Arena

Una buena parte de este 2021 las noticias de sequía dominaron por todo el país. Luego le siguieron las noticias de las inundaciones. La verdad, no es que otros años no tengamos estas noticias, pero sí fue un año particularmente difícil. Algunos estados tuvieron más suerte que otros, pero la situación llegó al grado que en agosto – mes en que normalmente ha llovido de forma abundante – Conagua estaba declarando la emergencia por sequía severa en varias cuencas.

Aquí resulta pertinente resaltar la consigna que nos enseñaron activistas de Chile “No es sequía, es saqueo”. Hay elementos meteorológicos sin duda, sin embargo, es indispensable subrayar que hay decisiones políticas y económicas de los usos y lugares que reciben el agua. Los usos abusivos del agua, como es el de la industria lechera en la región lagunera, han provocado sobreexplotación que genera problemas incluso en años con buena precipitación.

México es vulnerable a las sequías desde antes de la crisis climática y ahora lo es más por ella. Además, mientras el acaparamiento del agua persista, la injusticia de la repartición de la misma afectará de forma desproporcionada a la población que menos tiene y a las mujeres en particular. Toca ponerse las pilas para empujar una gestión democrática y restaurativa de cuencas que tome en consideración que la crisis climática nos coloca en una situación apremiante.

Es indispensable recalcar que a pesar de que el calentamiento global es un fenómeno que afecta a todo el mundo, el contexto local donde se presentan los fenómenos meteorológicos extremos con mayor fuerza y frecuencia tiene enorme relevancia. La forma en que hemos modificado los ecosistemas y el ciclo del agua, juega un papel en los impactos que sentiremos. Es decir, zonas donde se ha retirado la cobertura vegetal nativa, se han drenado ríos y lagos, se han deteriorado los suelos o se han llenado de cemento, tendrán menor capacidad para resistir los extremos, sean sequías o inundaciones porque el deterioro previo cuenta.

Sin embargo, sí podemos hacer mucho para reducir nuestra vulnerabilidad y aumentar nuestra resiliencia frente a este contexto. Tenemos primero la obligación de detener la destrucción de nuestros ecosistemas y además la posibilidad de regenerar nuestras cuencas. Esto es impedir que la voracidad inmobiliaria siga priorizando la ganancia de unos cuantos por encima de las necesidades de la mayoría, detener la tala ilegal, dejar de entubar ríos, permitir la infiltración del agua, captar la lluvia. Hay tanto qué hacer y no hay tiempo que perder.

Está en nuestro interés gestionar mejor el agua para estar en mejor capacidad de enfrentar la crisis climática. Esto pasa por una repartición justa y equitativa donde el derecho humano al agua sea una realidad para toda la población pero esto no será posible si no restablecemos el ciclo del agua con el apoyo de la vegetación nativa y la restauración de los suelos que permiten su infiltración. Independientemente de cómo vengan las lluvias del próximo año, preparémonos mejor con esta visión de restauración de las cuencas.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.