Por Abraham Bote, La Jornada Maya, 18 de julio de 2021.

Yucatán tiene alrededor de 20 mil hectáreas de manglar degradado, lo que representa 20 por ciento del total de la entidad, reveló el doctor Jorge Herrera Silveira, investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Mérida, del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Las principales acciones que han impactado el mangle, según expuso, son la construcción de carreteras, lo que obstruye el flujo de agua y ocasiona severos daños al
medioambiente y a la pesca.

Este 16 de julio se dio el banderazo de salida del proyecto Restauración ecológica de manglares de la costa norte de Yucatán, Región Dzilam de Bravo, impulsado por Pronatura Península de Yucatán A.C. (PPY), el Cinvestav y el grupo de pobladores de la comunidad conocido como “Los Restauradores de Dzilam de Bravo”, con cual
se pretende reforestar, en dos años, más de 200 hectáreas en esta zona y así recuperar este ecosistema de vital importancia para la costa.

El proyecto es financiado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), que aportará 4 millones de pesos a través del Programa de Compensación Ambiental por Cambio de Uso de Suelo en Terrenos Forestales (CUSTF) 2021 – 2022, a fin de llevar a cabo acciones de restauración de suelos, reforestación, protección y mantenimiento, y así rehabilitar ecosistemas forestales deteriorados, controlar o evitar procesos de degradación de los mismos y recuperar parcial o totalmente las condiciones que propicien su persistencia y evolución.

Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), Yucatán tiene mas de 97 mil hectáreas de manglar.

Herrera Silveira indicó México es el cuarto lugar a nivel mundial con más hectáreas de manglares y en la península de Yucatán se concentra 60 por ciento de todo el manglar del país. Yucatán es el tercer lugar a nivel nacional con más mangle, sin embargo poco más de 20 mil hectáreas están degradadas.

Esto se debe principalmente por la construcción de carreteras, que han interrumpido el flujo de agua. El manglar es un humedal y necesita este líquido, que necesita moverse y no estar estancado. “Cuando pones una carretera, lo que estás haciendo es obstruir el flujo de un lado o de otro, si se muere el manglar de un lado quiere decir que el flujo del otro era dominante, que alimentaba al otro”, señaló.

Aunado a esto, indicó, los puertos de abrigo se conectan con las ciénagas. Entonces, este tipo de infraestructuras, sin un correcto manejo de ingeniería, ha ocasionado que las lagunas sean hipersalinas, (con alto contenido en sal) y cause la muerte de los manglares.

El sedimento del manglar muerto se transforma en bióxido carbono, un gas de efecto invernadero, el cual se va a la atmósfera, lo que impacta el cambio climático y el suelo baja de nivel, y cuando las plantas quieren crecer, se ahogan.

En general, indicó que el grado de afectación es severo porque hay árboles de manglar muertos, donde ya se degradó la madera y han dejado de existir. Esto afecta
de manera severa al medio ambiente: por ejemplo indicó que el año pasado, con la tormenta Cristóbal y otros huracanes, se presentaron inundaciones en gran parte de la costa, esto se debe principalmente a que al no haber manglar se dejó de cumplir una función vital: absorber el agua. “El suelo del manglar sirve como esponja para absorber el agua durante las lluvias”, precisó.

Además, indicó, la pesca se ha visto también afectada porque en el manglar se reclutan las especies en estado juvenil, que luego van al mar a crecer; se ha perdido
la conexión del manglar con el mar por las diversas construcciones.

La zona de mayor impacto se puede percibir de Dzilam hasta el puerto de Sisal, señaló. Por su parte, Río Lagartos es una zona protegida, no hay carreteras y está en un
buen estado de conservación; en Celestún igual.

En el momento de construirse las diversas carretas no se conocía la magnitud del impacto que pudiera generar, reconoció el biólogo, por lo que se empezaron a construir pasos de agua en algunas partes, no obstante se necesitan desazolvar frecuentemente, pues con el paso del tiempo han acumulado arena, sedimento, pero han pasado muchos sin años sin que se les de un mantenimiento adecuado.

Por otro lado, el especialista informó que en la costa de Dizlam también hay afectaciones en el pasto marino, que es lo que le da un color café característico a sus aguas.
Estos ecosistemas, que sirven como “guardería” para varias especies marinas, están conectados con el manglar, se necesitan mutuamente para su subsistencia; no obstante, a causa de las embarcaciones particulares, las lanchas recreativas, se han deteriorado. “Si deterioramos el manglar, afecta al manglar, y viceversa y esto afecta la pesca y las playas”, advirtió.

A su vez, dijo que estos pastos marinos son importantes para combatir la erosión, pues su raíces hacen que se mantenga la arena, pero si estos se eliminan ya no hay nada que la retenga y cuando vengan los nortes esa arena la mete a la playa.

Crear canales

En cuando a las labores de restauración del mangle, explicó que éstas consistirán en crear canales que conecten el agua del mar con al manglar, para que cuando suba la marea entre y salga, y no se estanque; también harán labores de desazolve de los tres pasos de agua que hay a lo largo de la carretera de Santa Clara a Dzilam, para que incremente el flujo de agua, pues cuando recibe poca, ésta se evapora y se saliniza.

“El agua que entra por los pasos de agua va a fluir por uno de los canales que se van a crear, entrará al humedal y se va a conectar en una U invertida a otro paso de agua que está más a lo lejos”, indicó.

Queremos lograr que el agua entre y salga cuando suba la marea, no se estanque, que no se caliente y que crezca de nuevo el manglar, precisó.

Otra actividad, indicó, será acomodar los sedimentos de mangle muerto en plataformas que estarán por encima de la inundación que se genera cuando entra el agua y ahí se van a sembrar los propágulos y plántulas de manglar, para que no se ahoguen y puedan crecer.

Manuel González Salas, uno de los restauradores, se agacha y enseña cómo ha crecido el mangle y algo de vegetación, gracias a su trabajo y el de 15 compañeros durante estos años. Se siente orgulloso y espera pronto ver más zonas recuperadas.

Restauradores del mangle

Después de que el huracán Isidoro, que impactó Yucatán en 2002, devastó gran parte del mangle, pobladores de Dzilam de Bravo decidieron unirse para restaurar este vital ecosistema. Con sus palas crearon canales y abrieron el flujo del agua. Durante años se han vinculado con organizaciones ambientales y autoridades para contribuir en la restitución de sus manglares.

Ha visto cómo la ausencia de mangle ha ocasionado grandes daños en el medio ambiente, en la pesca. A través de los años, y por las enseñanzas de sus ancestros, sabe que los manglares son esponjas que absorben el agua y son barreras que evitan que huracanes y tormentas impacten de manera grave al puerto.

Sin embargo, ha podido que ver que cada año las inundaciones son más terribles; su casa es alta, pero el año pasado el agua llegó “hasta aquí”, dice mientras señala la parte baja de sus caderas; el piso se levantó y otras casas se inundaron más.

También el restaurador indicó que en la costa existe mucha depredación del mangle, personas que vienen y talan de manera ilegal las plantas, la madera y se las llevan para vender o construir sus palapas.

Falta que la gente haga conciencia sobre la importancia de los manglares, reconoce. “Se los he dicho, hay que concientizar a la gente sobre el mangle, pero hay gente que no lo entiende o no quiere, pero al final los afectados somos toda la comunidad, los pescados”, indicó.

Edición: Laura Espejo

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