Por Eugenio Fernández Vázquez, Pie de Página, 17 de enero de 2022.

El Foro Económico Mundial, la plataforma que casi cada año reúne a los grandes capitales del mundo en el enclave suizo de Davos —este año la pandemia impidió de nuevo la reunión—, publicó su Reporte Global de Riesgos para 2022, en el que mapea las principales preocupaciones de los grandes capitales del mundo. Como desde hace muchos años ya, el reporte incluye varios temas ambientales, al grado de que la mitad de los problemas identificados como urgentes tienen que ver con el mal estado del planeta. Por lo visto, los ricos del mundo saben que algo anda mal. Lo que no parecen entender es que lo que anda mal son, en gran medida, ellos mismos.

El reporte no va a mayor profundidad, pero “clima extremo” y “fracasos en la acción climática” son dos de las cinco principales amenazas de corto plazo identificadas en el sondeo del Foro. Entre los riesgos identificados para la próxima década están esas mismas dos, más la pérdida de biodiversidad, la crisis de recursos naturales y los daños humanos al medio ambiente. Aunque el informe sí detecta una transición hacia una economía baja en carbono, esa transición sería “desordenada” y podría generar mayores tensiones económicas y sociales, al limitar el acceso a recursos y combustibles y alterar la composición de las economías del mundo.

En lo que supone una novedad -al menos en comparación con lo que pasaba hace algunos años, cuando la repulsa a las intervenciones gubernamentales era la norma en el Foro-, el documento recién publicado reconoce que, estando “bajo presión las finanzas gubernamentales, las obligaciones regulatorias no van lo suficientemente lejos” y, aunque se piensa que “las fuerzas del mercado vendrán al rescate”, no hay suficientes incentivos ni para los hogares ni para las empresas para invertir en la transición climática. Esto se agrava porque ni empresas ni individuos “se toman con la suficiente seriedad” la amenaza climática.

Lo curioso del reporte es que el personal del Foro, que ayuda a esos grandes capitalistas a coordinarse y dotarse de reportes como éste, no parece ver que la lógica con la que ven el mundo es la misma que lo está destruyendo. Así, por ejemplo, mientras un reporte de la Agencia Ambiental Europea advirtió de que el crecimiento económico no es compatible con la mitigación del cambio climático, el conjunto de las recomendaciones del Foro Económico Mundial va dirigidas a aumentar ese crecimiento.

Por otra parte, es un tanto hipócrita que quienes llevan un tren de vida especialmente incompatible con la conservación del medio ambiente y la remediación del clima, los mares y los bosques del planeta, así como quien les vende los bienes y servicios que incluye ese tren de vida, planteen en su reporte que el estado del medio ambiente les preocupa. Baste con pensar para ver lo ridículo de la situación que la ganadería es una de las principales causas de la destrucción de la selva Amazónica, y eso es una de las grandes preocupaciones manifestadas en el reporte. Lo que el reporte omite, sin embargo, es que el cuero que se obtiene de esas reses es el que cubre los asientos de los autos de lujo que ellos utilizan, como mostró un reportaje del New York Times

Hay otro agregado que, aunque no se incluye en el apartado propiamente ambiental del reporte, sí que tiene que ver con la naturaleza y con nuestros residuos, y es el del espacio. La basura espacial, según informa el reporte, se acumula cada vez más y supone un riesgo para las telecomunicaciones del planeta. Al mismo tiempo, el informe reporta que ya se está planteando la explotación del espacio, con consecuencias ambientales serias por las emisiones de gases y contaminantes que esas actividades provocarán, además de por la minería de los materiales terrestres requeridos para ello.

Lo que no se toma en cuenta, o no con la suficiente fuerza, es que extraer materiales de objetos siderales para traerlos a la tierra implica, en los hechos, traer al planeta más basura de la que podemos manejar. De esto tampoco se han dado cuenta los dueños de los grandes capitales.

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