Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 27 de julio de 2021.

HISTORIA EN BREVE

  • Así como las bacterias generan resistencia a los antibióticos, las vacunas ejercen una presión evolutiva sobre los virus para acelerar las mutaciones y crear variantes más virulentas y peligrosas
  • Los virus mutan todo el tiempo, y si se aplica una vacuna que no bloquea la infección por completo, el virus mutará para evadir la respuesta inmune. Esa es una de las características distintivas de las vacunas antiCOVID, ya que no están diseñadas para bloquear infecciones. Permiten que se produzca una infección, y, en el mejor de los casos, reducen los síntomas de la misma
  • En una persona sin vacunar, el virus no encuentra la misma presión evolutiva para mutar en algo más fuerte. Eso quiere decir que si el SARS-CoV-2 muta en cepas más letales, la vacuna es la causa más probable
  • Hasta ahora, las variantes del SARS-CoV-2 son como máximo un 0.3 % diferentes del virus original de Wuhan. Esta pequeña variación significa que el virus no se presentará como un virus nuevo. Si ya se recuperó del COVID-19, su sistema inmunológico aún lo reconocerá

¿Las vacunas antiCOVID impulsarán que el SARS-CoV-2 mute y que pueda crear cada vez más variantes? O ¿será que las mutaciones por lo general ocurren en personas que aún no tienen la vacuna? Vamos a profundizar en la investigación científica para averiguarlo.

La mayoría de las personas en Estados Unidos no se han vacunado, a pesar de lo que dicen los medios de comunicación. Las personas que se niegan a participar en un experimento médico de modificación genética no son un pequeño grupo marginal.

Somos la mayoría, ya que representamos un poco más de la mitad (51 %) de la población de los Estados Unidos mayor de 18 años, al 12 de julio de 2021. (De forma más concreta, el 56 % ya recibió una dosis y el 49 % está completamente vacunado, lo que para Moderna y Pfizer significa haber recibido dos dosis).

De acuerdo con la evidencia científica, la narrativa de que las personas no vacunadas son fábricas de virus para variantes más peligrosas es falsa. Lo peor es que es todo lo contrario, y además ese dato oculta el hecho de que la vacuna podría ponernos a todos en una situación mucho más terrible de lo necesario.

Las vacunas provocan que los virus muten

Como se explica en el artículo: “Vaccines Are Pushing Pathogens to Evolve”, publicado en la revista Quanta, “así como las bacterias generan resistencia a los antibióticos, las vacunas pueden provocar cambios que permitan que las enfermedades tomen el control”.

El artículo detalla la historia de la vacuna contra la enfermedad de Marek para pollos, que apareció por primera vez en 1970. Hoy estamos en la tercera versión de esta vacuna, ya que en una década deja de funcionar. ¿Por qué? El virus mutó para evadir la vacuna. Y cada vez se vuelve más mortal y más difícil de tratar.

Un artículo publicado en el 2015 en la revista PLOS Biology examinó la teoría de que las vacunas impulsan la mutación del virus del herpes que causa la enfermedad de Marek en pollos. Para ello, vacunaron a 100 pollos y mantuvieron a 100 sin vacunar. Luego, infectaron a todas las aves con diferentes cepas del virus. Algunas cepas eran más virulentas y peligrosas que otras.

A lo largo de la vida de las aves, las que no se vacunaron esparcieron las cepas menos virulentas al medio ambiente, mientras que las vacunadas esparcieron las cepas más virulentas. Como se señaló en el artículo de la revista Quanta:

“Los hallazgos sugieren que la vacuna de Marek estimula la proliferación de virus más peligrosos. Una mayor virulencia le podría dar a los virus los medios para superar las respuestas inmunológicas de las aves que recibieron la vacuna y enfermarlas”.

Las personas vacunadas pueden servir como campo de cultivo para las mutaciones

Antes del 2021 estaba muy claro que las vacunas hacen que los virus muten en cepas más peligrosas. La única pregunta era, ¿hasta qué punto? Ahora creemos que la ciencia convencional se ha equivocado.

Aquí hay otro ejemplo: la agencia de noticias NPR informó el 9 de febrero de 2021 que “las vacunas pueden contribuir a que los virus muten”. El corresponsal de ciencia de la NPR, Richard Harris, señaló:

“Es posible que haya escuchado que las bacterias pueden desarrollar resistencia a los antibióticos y, en el peor de los casos, hacer que los medicamentos sean ineficaces. Algo similar también puede suceder con las vacunas, aunque con consecuencias menos graves.

Esta preocupación surgió en el debate sobre si se debe retrasar una segunda vacuna para que más personas puedan recibir la primera más rápido. Paul Bieniasz, un investigador de Howard Hughes en la Universidad Rockefeller, dice que el desfase dejaría a las personas con inmunidad parcial durante más tiempo del necesario”.

De acuerdo con Bieniasz, las personas parcialmente vacunadas “podrían servir como una especie de campo de cultivo para que el virus pueda mutar”. Esta es la afirmación exacta que utilizan las personas que no entienden la selección natural para etiquetar a las personas no vacunadas.

Es importante comprender que los virus mutan todo el tiempo, y, si tiene una vacuna que no bloquea la infección por completo, el virus mutará para evadir la respuesta inmunológica. Esa es una de las características distintivas de las vacunas antiCOVID, ya que no están diseñadas para bloquear infecciones. Permiten que ocurra la infección y, en el mejor de los casos, disminuyen los síntomas de la misma. Como señaló Harris:

“Esta presión evolutiva involucra a cualquier vacuna que no bloquee por completo la infección. Muchas vacunas, incluyendo las vacunas antiCOVID, no evitan por completo que un virus se multiplique dentro de alguien, pero sí logran prevenir enfermedades graves”.

En resumen, al igual que las bacterias mutan y se fortalecen para sobrevivir de los agentes antibacterianos, los virus pueden mutar en personas vacunadas que contraen el virus, ya que tratarán de evadir el sistema inmunológico. En una persona no vacunada, por otro lado, el virus no encuentra la misma presión evolutiva para mutar en algo más fuerte. Eso quiere decir que si el SARS-CoV-2 muta en cepas más letales, la vacuna es la causa más probable.

Las variantes del COVID son más similares de lo que cree

Ahora, la finalidad de la difusión alarmista sobre las variantes es para infundir miedo. Hasta el momento, aunque algunas variantes del SARS-CoV-2 parecen propagarse más fácil, también son menos peligrosas. La variante Delta, por ejemplo, se relaciona con síntomas más convencionales que son similares a los de la gripe, como secreción nasal y dolor de garganta, en lugar de los síntomas característicos del COVID-19 que involucran dificultad para respirar y pérdida del olfato.

En una entrevista para el documental titulado: “Planet Lockdown”, el Dr. Michael Yeadon, investigador de ciencias de la vida, señaló el fraude que cometen con respecto a las variantes. En realidad, se refiere a ellas como “simios”, porque son casi idénticas al virus original. Y, como tales, no representan ninguna amenaza mayor que la original.

“Es muy normal que cuando los virus de ARN como el SARS-CoV-2 se reproducen, cometan errores tipográficos”, explica Yeadon. “Tienen un muy buen sistema de detección y corrección de errores, por lo que cometen solo algunos errores tipográficos que se denominan ‘variantes’.

Es muy importante saber que, si se encuentra una variante que es muy diferente de la secuencia que se identificó en Wuhan, esa variación solo tiene una diferencia del 0.3 % de la secuencia original.

Lo diré de otra manera, si encuentra la variación más diferente, es 99.7 % idéntica a la original, y puedo asegurarle que esa diferencia NO se puede representar a sí misma como un virus diferente”.

Su sistema inmunológico es un sistema multifacético que le permite a su cuerpo crear defensas contra todo tipo de amenazas, que incluyen parásitos, hongos, bacterias y virus. Cada uno de estos invade y lo amenaza de maneras muy diferentes, mientras su sistema inmunológico tiene formas de lidiar con cada uno al utilizar una variedad de mecanismos.

Si va a ser susceptible a las variantes tiene muy poco que ver con si tiene o no anticuerpos contra el SARS-CoV-2, porque los anticuerpos no son su defensa principal contra los virus, sino las células T. Lo que esto significa es que recibir dosis de refuerzo para diferentes variantes no ayudará, porque estas inyecciones no fortalecen la inmunidad de las células T.

La importancia de las células T se conoce desde hace mucho tiempo y su papel en el COVID-19 se confirmó al principio de la pandemia. Los científicos querían saber si los pacientes que se recuperaron del SARS-CoV-1, responsable del brote de SARS hace 17 años, podrían tener inmunidad contra el SARS-CoV-2. Y resulta que sí.

Todavía tenían células T de memoria contra el SARS-CoV-1, y esas células también reconocían el SARS-CoV-2, a pesar de ser similares en apenas un 80 %. Entonces, si una diferencia del 20 % no fue suficiente para evadir el sistema inmunológico de estos pacientes ¿por qué debería preocuparse por una variante que tiene una diferencia máxima del 0.3 % del SARS-CoV-2 original?

“Cuando los científicos del gobierno le digan que una variante que es un 0.3 % diferente del SARS-CoV-2 podría hacerse pasar por un nuevo virus y ser una amenaza para su salud, permítame decírselo, le están mintiendo”, dice Yeadon.

Las mutaciones son buenas para el negocio de las vacunas

Por supuesto, al impulsar el miedo a las variantes, los fabricantes de vacunas aseguran un suministro constante de personas dispuestas a participar como conejillos de indias en su esquema comercial con fines de lucro. Pfizer planea solicitar la EUA para una tercera dosis de refuerzo contra el COVID en agosto de 2021, informa Bloomberg.

De acuerdo con el jefe de investigación de Pfizer, el Dr. Mikael Dolsten, los datos iniciales sugieren que una tercera dosis de la vacuna de Pfizer puede aumentar los niveles de anticuerpos neutralizantes entre cinco y diez veces. La empresa también trabaja en fórmulas específicas para las variantes.

Dolsten señala datos de Israel, donde solo se utilizó la vacuna de ARNm de Pfizer, lo que demuestra un aumento reciente en los casos. Esto sugiere que la protección comienza a disminuir alrededor de los seis meses. Por ahora, la FDA no recomienda dosis de refuerzo, pero eso puede cambiar en cualquier momento y lo más probable es que así sea.

Pfizer anunció hace poco tiempo que tiene la intención de aumentar el precio de su vacuna antiCOVID una vez que la pandemia disminuya, y durante una reciente conferencia de inversionistas, el director financiero de Pfizer, Frank D’Amelio, dijo que existe una “oportunidad significativa” de ganancias una vez que el mercado cambie a las dosis anuales.

En un artículo de abril de 2021, el portal The Defender reportó las ganancias anticipadas de las vacunas y refuerzos antiCOVID en los próximos años:

  • Pfizer anticipa un ingreso mínimo de 15 mil a 30 mil millones de dólares solo en 2021
  • Moderna anticipa ventas de 18.4 mil millones de dólares en 2021; Gena Wang, analista de Barclays, pronostica que los ingresos de la compañía en 2022 rondarán entre los 11 mil y 12 mil millones de dólares en 2023
  • Johnson & Johnson anticipa ventas de 10 mil millones en 2021

Se aproximan muchas más vacunas de rutina

Tal como han ido las cosas, parece inevitable que nos enfrentemos a las vacunas de rutina, donde las nuevas variantes “necesitarán” refuerzos de forma regular. Los refuerzos también impulsarán la “necesidad” de pasaportes de vacunas para realizar un seguimiento de todo. Y de acuerdo con lo que informó The Defender:

“Las dosis de refuerzo anuales antiCOVID representan buenas ganancias para los inversores. Pero algunos científicos independientes advierten que intentar burlar al virus con dosis de refuerzo diseñadas para abordar la siguiente variante podría ser contraproducente, y de hecho crearían una ola interminable de nuevas variantes, cada vez más virulentas y transmisibles que las anteriores.

De acuerdo con el Dr. Rob Verkerk, director científico y ejecutivo de Alliance for Natural Health International, las variantes pueden volverse más virulentas y transmisibles, al mismo tiempo que incluyen un escape inmune por las mutaciones (o vacunas) si continuamos con las vacunas de rutina y si siguen tratando de desarrollar nuevas vacunas que sean más astutas que el virus.

Verkerk dijo que si solo nos centramos en las vacunas que se dirigen a la parte del virus que es muy probable a mutar, es como si colocáramos una presión de selección sobre el virus que favorece el desarrollo de variantes de escape inmune”.

El Dr. Geert Vanden Bosche, vacunólogo que ha trabajado con GSK Biologicals, Novartis Vaccines, Solvay Biologicals y la Fundación Bill & Melinda Gates, publicó una carta abierta a la Organización Mundial de la Salud, el 6 de marzo de 2021, en la que advirtió que implementar una campaña global de vacunas durante el apogeo de la pandemia podría crear un “monstruo incontrolable” donde la presión evolutiva forzará la aparición de mutaciones nuevas y más peligrosas.

“No cabe duda de que las continuas campañas de vacunación permitirán que las variantes virales nuevas y más infecciosas se vuelvan cada vez más dominantes y, en última instancia, causen casos nuevos a pesar de las tasas de vacunas. Tampoco cabe duda de que esta situación pronto causará una completa resistencia a las variantes circulantes de las vacunas actuales”, escribió Bossche.

¿Las vacunas antiCOVID-19 salvarán vidas? Tal vez no

Como se señaló en el artículo de BMJ titulado: “Will COVID-19 Vaccines Save Lives? Current Trials Aren’t Designed to Tell Us”, por el editor Peter Doshi, mientras que el mundo apuesta todo por las “vacunas” de modificación génica como la solución a la pandemia, los ensayos ni siquiera están diseñados para responder preguntas clave como si las vacunas en realidad salvarán vidas.

En una respuesta del 23 de octubre de 2020 a ese artículo, el Dr. Allan Cunningham, un pediatra jubilado, proporcionó un resumen de artículos que datan de 1972 y que demuestran que las vacunas han sido ineficaces. En muchos casos, las muertes han aumentado junto con las tasas de vacunas, lo que sugiere que en realidad podrían tener un efecto negativo neto sobre la mortalidad.

Cunningham también enumera estudios que argumentan que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han exagerado las estadísticas de mortalidad por gripe en un esfuerzo por aumentar la aceptación de la vacuna contra la gripe. Es obvio que hacen lo mismo con las estadísticas de mortalidad del COVID-19. Si las autoridades gubernamentales no hubieran engañado a las personas sobre la verdadera letalidad del COVID-19, la mitad del país no habría aceptado una vacuna experimental de modificación génica. Como señaló Cunningham:

“2020: Un estudio de 14 años descubre que las vacunas contra la influenza están relacionadas con un riesgo del 8.9 % de mortalidad por todas las causas en los hombres de edad avanzada. ¡Durante seis temporadas con predominio de A/H3N2, el aumento de la mortalidad por todas las causas fue del 16.6 %!

La lamentable historia de las vacunas contra la influenza debería advertirnos del proceso con las vacunas antiCovid-19. Peter Doshi podría subestimar el caso cuando sugiere que las vacunas contra la influenza no han salvado vidas. La historia anterior y otras observaciones sugieren que, en poblaciones enteras, las campañas contra la gripe estacional han costado vidas.

Esta idea es difícil de comprender frente a toda la publicidad y los informes sobre la “eficacia de la vacuna”. Las vacunas brindan una ligera protección a corto plazo contra la gripe estacional, pero los estudios de VE ignoran por completo los efectos adversos (por ejemplo, fiebre alta, convulsiones, narcolepsia, síndrome óculo-respiratorio, síndrome de Guillain-Barré). No necesitamos ninguna vacuna de rutina que pueda causar más daños que beneficios.”

La selección natural ganará

A medida que avanzamos, es muy importante que no dejemos de lado las lecciones científicas en favor de la propaganda impulsada por la política. La propaganda no es ciencia. No las confunda.

Si existe un lado positivo en todo este desastre, es que cada vez más personas se interesan en temas de salud, biología, virología y vacunas. Estos son temas muy apasionantes, pero para extraer la verdad de la ficción, ahora muchas personas se toman el tiempo para escuchar a los médicos y científicos que explican la ciencia detrás de todo esto.

Las mentiras obvias y descaradas, la propaganda y la censura exagerada comienzan a despertar a decenas de millones de personas en los Estados Unidos sobre el fraude de las vacunas; no solo las vacunas antiCOVID, sino todas. Cada día es más fácil distinguir a los charlatanes, porque los que dicen la verdad explicarán cómo funcionan las cosas, mientras que los propagandistas hacen bromas con frases y atacan a quienes hacen preguntas.

Para terminar, aquí hay dos fragmentos más de artículos que detallan la inevitabilidad de las vacunas que impulsan a que los virus muten a través de la selección natural. Quanta Magazine escribe:

“Investigaciones recientes sugieren que algunas poblaciones de patógenos se adaptan de manera que las ayudan a sobrevivir en un mundo de personas vacunadas, así como la población de mamíferos explotó después de que los dinosaurios se extinguieron, porque se abrió un gran espacio para ellos, algunos microbios invadieron el lugar de los competidores que fueron eliminados por las vacunas.

La inmunidad también hace que las variantes genéticas de patógenos, que alguna vez fueron raras o inexistentes, sean más prevalentes, posiblemente porque los anticuerpos preparados con la vacuna no pueden reconocer y atacar tan fácil a las variantes mutantes que se ven diferentes de las cepas de la vacuna.

Y las vacunas que se desarrollan contra algunos de los patógenos más astutos del mundo (malaria, VIH, ántrax) se basan en estrategias que podrían, de acuerdo con modelos evolutivos y experimentos de laboratorio, alentar a los patógenos a volverse aún más peligrosos. Los biólogos evolucionistas no se sorprenden de que esto suceda.

Una vacuna es una nueva presión de selección que se ejerce sobre un patógeno, y si la vacuna no erradica su objetivo por completo, los patógenos restantes con la mayor aptitud (los que pueden sobrevivir, de alguna manera, en un mundo inmunizado), se volverán más comunes.

“Si no comprendemos que estos patógenos mutan en respuesta a las vacunas, entonces no entendemos la selección natural” dijo Paul Ewald, biólogo evolutivo de la Universidad de Louisville”.

Del mismo modo, la organización Alliance for Natural Health International señala:

“Los ‘mutantes de interés’ están en la mayoría de nuestros radares. Una pregunta importante es: ¿aumentan y disminuyen con frecuencia? En algunos países, incluyendo en los que las vacunas se produjeron a un ritmo elevado, ya están aumentando y predominando. Eso debería ser una gran señal de alerta para cualquier persona que tenga una comprensión razonable de la presión de selección evolutiva sobre los virus con capacidad patogénica.

Más infección, incluyendo una infección más silenciosa entre personas asintomáticas (incluso si se reduce con la vacuna), brinda más oportunidades de mutación. Si alargamos el tiempo que tarda el virus en convertirse en otro componente endémico de nuestra virosfera, habrá más oportunidades y más mutaciones. Es muy similar al juego de la ruleta rusa, entonces, ¿por qué no empezamos a contar nuestras posibilidades?

Si las variantes se vuelven más transmisibles y más virulentas, al tiempo que incluyen mutaciones de escape inmune (o vacunas), todas las tendencias que presenciamos en algunas partes del mundo, podríamos tener serios problemas en el futuro.

Por lo menos, permanecemos con la idea de las vacunas de rutina (o anticuerpos monoclonales) y tratamos de desarrollar nuevas vacunas (o terapias de anticuerpos monoclonales) que sean más astutas que el virus, cuando deberíamos saber que el virus seguirá siendo más astuto si mantenemos una presión de selección tan intensa sobre él.

Permítanme agregar un concepto más que es de naturaleza ecológica, es decir, la inmunidad colectiva. La ecuación base que utilizan los científicos del gobierno que estima que alrededor del 70 % de la población necesita vacunarse o exponerse al virus para lograr la inmunidad colectiva, es errónea.

Se basa en una serie de suposiciones que no encajan, y dos ellas son: la mezcla genética y tratar de erradicar el virus en personas vacunadas y las expuestas al virus salvaje. Este no es el caso. En el mundo real, la situación es mucho más compleja que en un modelo idealizado.

Randolph y Barreiro nos recuerdan en su revisión en la revista Immunity que “los factores epidemiológicos e inmunológicos, como la estructura de la población, la variación en la dinámica de transmisión entre poblaciones y la inmunidad menguante, conducirán a una variante en el grado de protección indirecta conferida por la inmunidad colectiva”.

Para las personas vacunadas, los anticuerpos específicos de antígeno se unen a las partículas del virus y eliminan de forma competitiva a los anticuerpos naturales, lo que les brinda a las personas vacunadas menos inmunidad cruzada a las variantes mutantes que son más infecciosas y la ola de infectividad continúa”.

Foto de Nataliya Vaitkevich en Pexels

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