Por Ernesto Perea, Imagen Agropecuaria, 22 de marzo del 2021.

Con su manejo agroecológico hay dos aportes que han logrado: uno, se puede prescindir del uso de agroquímicos para el control de malezas, las cuales pueden ser aliadas en los cultivos; y dos, sí es viable alcanzar altos rendimientos con agricultura orgánica, ya que producen 37.2 toneladas de naranja por hectárea, 163% más que la media regional, además que su fruta alcanza un sobreprecio de 50 al 100% respecto al fruto convencional.

A diferencia de los resultados inmediatos que buscan muchos agricultores que basan su actividad en el uso de agroquímicos, los que se obtienen con la agroecología, en el caso de Grupo los Gómez son producto de décadas de trabajo y de la aplicación de conocimientos y técnicas locales e internacionales.

El doctor Manuel Ángel Gómez Cruz, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo Rural Integral (CIIDRI) de la Universidad Autónoma Chapingo (Uach), quien combina el conocimiento científico con las experiencias en la parcela, platica que Grupo Los Gómez cuenta con certificación orgánica y junto a ocho organizaciones de pequeños productores conjuntan mil 300 hectáreas orgánicas.

La empresa familiar, que data de hace seis décadas y hace ocho años está certificada como orgánica, vende su naranja orgánica a jugueras que exportan a países de la Unión Europea y Estados Unidos. También comercializan al mercado nacional, a través de tiendas de autoservicio, Campo Vivo y tianguis orgánicos.

El investigador indica que en toda la región se producen 63 mil toneladas de naranja orgánica, hay 2 mil 900 hectáreas certificadas orgánicas por las jugueras y 600 productores –300 trabajan en forma independiente–.

Gómez Cruz destaca que en su parcela han ensayado y probando más de 30 prácticas agroecológicas, con las cuales logran igual o más producción que lo convencional, mejor precio, mayor ingreso y, sobre todo, se mejora suelo y salud de los agricultores.

No se trata de acabar con todos los insectos

Respecto a las prácticas para el manejo de malezas o arvenses detalla que se limpia con técnica manual, ya sea azadón al ruedo o al hilo, machete, o con tracción animal o equipos motorizados –desbrozadora, motocultor, tractor.  Hacen manejo con coberteras (leguminosas). El manejo de malezas se realiza según la humedad del suelo y época del año, ya que incluso hay épocas en que es conveniente dejar las malezas para que los insectos se alimenten de éstas y no afectan a los árboles.

Manuel Ángel menciona que hay un principio agroecológico que habla de la minimización de pérdidas por insectos, patógenos y malezas mediante medidas preventivas y estímulo de fauna benéfica o antagonistas. Todas las prácticas en la huerta  se realizan solas o en combinación de acuerdo a las condiciones de cada terreno (humedad, tipo de suelo, presencia de plagas o enfermedades, brotaciones, cosecha, etc.).

Los resultados de estas prácticas son un incremento en la materia orgánica (de1.34% a 4.5%); mejora de pH (de 8 a 7.2); aumento en diversidad de arvenses de 55 que tienen los agricultores convencionales a 155 en la huerta; insectos -56 ejemplares en la huerta vecina y 123 en la orgánica; además de una diversificación en las variedades de naranja, ya sea tardía, temprana o supertardía. También se asocian cultivos alternos como variedades de coco, aguacate, plátano, leguminosas, noni, guayaba.

El efecto de este manejo agroecológico son menos plagas y reducción en el daño de enfermedades y en los requerimientos de abonado orgánico, remarca el investigador.

En lo social hay un mayor ingreso directo al productor, los trabajadores laboran en un ambiente sano; hay un trabajo permanente; mejora de la dieta familiar al poder producir otras frutas, quelites y se promueve el consumo de alimentos sanos. “Es un faro agroecológico que irradia una opción ecológica viable para la región”, subraya Gómez Cruz.

Laura Gómez Tovar, investigadora del CIIDRI, comentó que muchos productores de la región norte del estado de Veracruz crecieron con el uso de herbicidas, por ello necesitamos que las experiencias exitosas orgánicas no se queden aisladas en medio de grandes superficies de producción convencional y es sumamente importante generar una red de “faros agroecológicos” para intercambiar ideas y saberes, y acortar tiempos para transición orgánica y agroecológica.

En este proceso, agregó, el gobierno tiene la tarea fundamental de promocionar y apoyar está transición, porque para un productor en transición los primeros cinco años son difíciles, porque hay que pagar certificación y probablemente hay una disminución de rendimiento, que poco a poco se va nivelando, por lo que necesitamos política pública que apoye con maquinaria a pequeña escala.

Recalcó que no solo es quitar el glifosato, ya que lo que está haciendo el productor es cambiarlo por otro producto; la alternativa es promover las prácticas agroecológicas.

La experiencia fue expuesta, de manera virtual, durante la conferencia 22 del ciclo Autosuficiencia Alimentaria e Innovación Tecnológica, organizado el pasado 17 de marzo por la Subsecretaría de Alimentación y Competitividad de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).

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