Por Alejandro Calvillo, Sin Embargo, 12 de octubre de 2022.

Al elegir el café que vamos a consumir podemos estar apoyando un mundo de injusticia, explotación y destrucción ambiental o podemos estar apoyando una alternativa de subsistencia para comunidades del país y una forma de vida sustentable, esto depende del café que elijamos.

Tenemos la alternativa de tomar un café de calidad, un café de altura, un café arábica sembrado por comunidades rurales, en su mayor parte indígenas, sembrado bajo la sombra de árboles, sin la necesidad de cortarlos. Es decir, un café que apoya la economía de ciertas comunidades, una forma de producción que mantiene la capa forestal. De ahí que se recurra a hablar de café de sombra. Este es el que más se siembra en México.

Tenemos también la alternativa de tomar un café de mala calidad, un café robusta, el típico café con el que se elabora Nescafé. Un café sembrado a cielo abierto, que requiere que los terrenos sean aclarados, sin la sombra de los árboles, que requiere de un uso intensivo de agroquímicos, un café cosechado, generalmente, por jornaleros sobreexplotados. Se trata de un café que fue vendido, seguramente, a la empresa Nestlé. Incluso, puede ser que ese café no haya sido producido en México, que viniera a precios muy bajos proveniente de Indonesia, Vietnam, Ecuador, de donde la trasnacional lo importa.

Se habla que existen 450 mil familias de cafeticultores en México, país que había estado en el 3er lugar de producción de este grano en el mundo y que ahora, a causa del abandono a los cafeticultores por parte del gobierno, se encuentra en el 11vo. País que es uno de los mayores productores de café orgánico en el mundo, el café más valorizado en el mercado internacional que, sin embargo, no ha sido favorecido por las políticas públicas, como sí ha sido en otras naciones.

El café se encuentra en el origen de la lucha por establecer mecanismos de comercio justo, mecanismos que nos aseguren como consumidores que lo que consumimos otorgue un pago justo a quien lo produce y que la forma de producción mantenga la sustentabilidad del medio ambiente en las comunidades donde se produce. La conservación de las cuencas hidrológicas y la biodiversidad son compatibles con la siembra de café de sombra, todo lo contrario, a lo que ocurre con el café robusta. Por ejemplo, se ha registrado que la población de aves es 90% mayor en los cultivos de café de sombra que en los de café robusta.

La profunda diferencia entre los impactos positivos y negativos, sociales y ambientales, de un cultivo de mala calidad promovido por una corporación para obtener la mayor ganancia posible, y un cultivo de buena calidad, que es alternativa de subsistencia comunitaria y protección del medio ambiente, encuentra su mayor expresión en el café. Por eso es importante la elección que hagamos individualmente como consumidores y que tomemos consciencia y apoyemos las políticas que velan por el interés colectivo y nos opongamos a aquellas que sólo benefician a intereses privados que sacrifican el bienestar colectivo y nuestros recursos naturales.

No es casualidad que una de las primeras iniciativas de comercio justo, Max Havelaar, tomase el título de un libro que denunciaba las condiciones de explotación que existían en Java entre los trabajadores de las plantaciones, justamente, de café. Y tampoco es una casualidad, el hecho de que la primera iniciativa internacional de Max Havelaar, en los años 80, se realizó con productores de café de la región del Istmo en Oaxaca, en nuestro país. Pago justo para el productor y cuidado del entorno en que se produce para que las siguientes generaciones puedan seguir sosteniéndose a través de esa actividad.

La mayor parte de la producción de café en México es de arábica, de café de sombra, un café que se produce en zonas de alta marginación de nuestro país, es decir, es una actividad económica importante, una alternativa de subsistencia con bajos impactos ambientales y que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida de las comunidades.

Desgraciadamente, la influencia de Nestlé y sus puertas giratorias ha desviado las políticas públicas del apoyo que debería darse a las comunidades cafeticultoras de nuestro país, para aumentar su producción de café de calidad para posicionarlo internacional y nacionalmente a un buen precio, a producir un café de mala calidad y muy bajo precio para abastecer a la trasnacional en la producción de su café soluble.

El primer anuncio, por parte del presidente López Obrador, de la llegada de una gran inversión al país se realizó el 18 de diciembre de 2018. No fueron buenas noticias para los cafeticultores del país, Nestlé invertiría en la mayor planta de producción de café instantáneo, a base de café robusta, en el estado de Veracruz, con el objetivo de procesar 20 mil toneladas de café al año. Para ello, la empresa anunció que se sembrarían 80 mil hectáreas de café robusta, “se darían apoyos económicos y paquetes tecnológicos”. Al lado del presidente y del director de Nestlé, se encontraba Alfonso Romo. Su empresa Agromod había realizado ya contratos con Nestlé para abastecer a los agricultores de plantas de café robusta. En 2012, Agromod y el INIFAP habían realizado un convenio para entregar 30 millones de plantas de café a 20 mil cafeticultores mexicanos.

El proyecto de la planta de producción de café instantáneo de Nestlé en Veracruz se ha convertido en una amenaza con la inundación de café de baja calidad al mercado mexicano, escenario que presionará, aún más, a la baja el precio del café arábica.  Las organizaciones cafetaleras rechazaron el proyecto y presionaron en contra de que el programa “Sembrando Vida” fuera utilizado para otorgar subsidios a la siembra de café robusta para abastecer la nueva planta de Nestlé.

Las alianzas, complicidades y puertas giratorias entre el gobierno de México y las corporaciones han sido profundas, en especial, con Nestlé. Puede decirse que este gobierno ha roto parte de estas alianzas y que es un sector, no todo el gobierno, el que mantiene estas ligas con intereses de las grandes corporaciones. Este sector es el que se ha opuesto a la prohibición del glifosato y a la prohibición de la siembra de maíz transgénico, es también el que se opuso al establecimiento del etiquetado frontal de advertencia en alimentos y bebidas. Veremos cómo, frente a la sucesión presidencial, se agrupará para presentarse como una alternativa moderada dentro de Morena, con su propio candidato a la presidencia, lo que en realidad será una alternativa ligada al fuerte sector corporativo que venía dominando las políticas públicas en nuestro país, incluso, beneficiándose de la condonación de pago de impuestos.

Por lo pronto, no dejemos de tomar en cuenta que hay detrás de la taza de café que consumimos, del café que compramos para nuestras casas, del café que se compra, si se compra, donde trabajamos. Seamos cómplices de nuestras comunidades cafetaleras y no de los intereses que buscan el mayor beneficio privado sacrificando economías comunitarias y nuestro medio ambiente.

Imagen de Chris en Pixabay 
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