Por Emmanuel González-Ortega, Sin Embargo, 01 de septiembre de 2022.

Dr. Emmanuel González-Ortega* & Dra. Constanza de la Garza Guevara**

* Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
** Facultad Mexicana de Medicina. Universidad La Salle.

El número de casos de enfermedades neurodegenerativas, tales como el Alzheimer, ha aumentado recientemente. Actualmente, más de 50 millones de personas padecen algún tipo de demencia a nivel mundial y se estima que para el año 2050 esta enfermedad afecte a más de 150 millones. En México hay aproximadamente un millón de casos, aunque es muy probable que el número sea mayor debido a la falta de un diagnóstico oportuno. En Latinoamérica, el número de casos podría duplicarse en una década y lamentablemente, los sistemas de salud no están preparados para prevenir ni atender de manera integral los casos presentes o futuros.

Un estudio reciente de la Universidad de Arizona y el Centro de Investigación en Enfermedades Neurodegenerativas, en Estados Unidos, evidenció por primera vez que el herbicida glifosato puede infiltrar el cerebro y provocar alteraciones en moléculas que disparan procesos de inflamación neurológica, lo que podría generar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

El glifosato es el herbicida de amplio espectro más usado actualmente en la agricultura a nivel mundial y sigue usándose, junto con otros agroquímicos, de manera intensiva en México y otros países. Las formulaciones comerciales de este herbicida contienen, además del glifosato como sustancia activa, otros ingredientes: compuestos surfactantes derivados del petróleo e incluso metales pesados (arsénico, plomo, cromo, níquel) que están prohibidos en muchos países, pero no están declarados en las formulaciones de glifosato disponibles comercialmente.

Además, y de manera alarmante, en México no se tienen datos claros o públicos sobre cuánto glifosato se usa cotidianamente en la agricultura, en qué cantidades o concentraciones y en qué cultivos se aplica. Se sabe también que una gran cantidad de alimentos muy consumidos cotidianamente en México (tortillas, harinas, cereales) contienen glifosato y, además, están elaborados con maíz transgénico.

En la investigación realizada, se suministraron diferentes concentraciones de glifosato por un tiempo determinado a ratones de laboratorio y se midió la cantidad del herbicida en la orina, en el plasma sanguíneo y en el cerebro. Se analizó también el comportamiento de diferentes moléculas implicadas en la aparición de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Sorprendentemente, se encontró que el glifosato es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, que es una capa de células presente en mamíferos, incluidos los humanos. La barrera hematoencefálica es semipermeable, altamente especializada y selectiva, previene el paso de sustancias disueltas en la sangre (potencialmente tóxicas), y bloquea la entrada de patógenos hacia el sistema nervioso central. Al atravesar dicha barrera, el glifosato se acumula en el cerebro.

También se encontró que el glifosato provoca un aumento drástico del Factor de Necrosis Tumoral-α (TNFα, por sus siglas en inglés). De manera natural, esta proteína (de la familia de las citocinas) es producida por diferentes células del sistema inmune en todo el cuerpo -incluyendo el cerebro-. TNFα está relacionada con la regulación y el control estricto de los procesos inflamatorios como parte de los mecanismos de defensa ante infecciones bacterianas o la presencia de sustancias extrañas o tóxicas, entre otros.

De manera importante, existen antecedentes de que la presencia alterada de TNFα en el cuerpo es un factor detonante de enfermedades autoinmunes que afectan neuronas (esclerosis múltiple), páncreas (diabetes mellitus tipo 1), riñones (lupus eritematoso sistémico), articulaciones (artritis reumatoide), tiroides (enfermedad de Graves) y, ahora, el desarrollo de enfermedades degenerativas del sistema neurológico, como el Alzheimer. En los cerebros sanos, la expresión del TNFα es baja, pero de manera contrastante, la expresión de esa proteína es muy alta en cerebros inflamados y con enfermedades neurodegenerativas, por lo que muy probablemente la acumulación del herbicida glifosato en el cerebro podría estar relacionada directamente con la aparición de Alzheimer, entre otras enfermedades.

Lamentablemente este estudio se complementa con otras investigaciones internacionales recientes en las que, de manera muy alarmante, se detectó la presencia de glifosato en la leche materna de mujeres que habitan tanto en zonas urbanas como rurales. Todas las muestras de leche analizadas presentaron alguna cantidad de glifosato o sus derivados. Otra investigación enfocada a determinar el impacto del glifosato (como sustancia pura, pero también en la presentación como herbicida comercial) en la microbiota o flora intestinal de niños de tres años, encontró que el glifosato altera las poblaciones de bacterias benéficas presentes en el tracto digestivo.

En todos los análisis realizados, la formulación comercial del herbicida provocó mayores alteraciones que el glifosato como sustancia pura, lo que indica que las sustancias añadidas en la formulación comercial del herbicida ejercen un efecto toxicológico aún mayor. El glifosato también cambia el grado de acidez del intestino, lo que promueve el crecimiento de poblaciones de bacterias que potencialmente podrían provocar enfermedades en el futuro de los niños, debido a que son especialmente sensibles por la etapa de desarrollo en la que se encuentran y a que son altamente propensos a acumular los efectos de los químicos como el glifosato, debido a una mayor exposición a estos agentes. Es muy grave que las niñas y niños estén consumiendo glifosato de manera inadvertida en las etapas más importantes de su desarrollo: órganos como el cerebro están en plena etapa de maduración.

Mientras se publican estas investigaciones toxicológicas tan impactantes a nivel internacional, sumadas a otras que han llevado a declarar el glifosato como probable cancerígeno por agencias relacionadas con la Organización Mundial de la Salud, en México un juez en materia administrativa otorgó a la transnacional Monsanto una suspensión temporal de la aplicación del decreto presidencial publicado al final del año 2020, que instruye a reducir progresivamente el uso del glifosato en el campo mexicano. Con dicha suspensión, la corporación podría importar, almacenar, comercializar y aplicar glifosato mientras se resuelve el juicio de amparo, haciendo caso omiso del decreto presidencial.

Sin entrar al detalle de la resolución jurídica que otorgó el amparo, se pueden evidenciar dos posibles aspectos para que se haya otorgado la suspensión a Monsanto: a) la desestimación por parte del juez de los argumentos y justificaciones científicas, toxicológicas, ecológicas y de derechos ya conocidos; b) el otorgamiento de un beneficio en el proceso jurídico a la transnacional Monsanto.

Otro elemento muy grave, y que se añade al escenario de riesgo ambiental y de la salud por el uso continuado del glifosato en México es que, el pasado 9 de agosto, Andrés Manuel López Obrador sostuvo una reunión con Werner Baumann, director ejecutivo de Bayer (que hace unos años compró a la empresa Monsanto y que es la parte contraria en los juicios sobre la aplicación del decreto presidencial). El Presidente mencionó el deseo de la empresa de continuar invirtiendo en México, tanto en la rama farmacéutica, como en la de insumos para alimentos.

Ante la evidencia probada y contundente de los daños que provoca el herbicida glifosato, además de su presencia en alimentos y hasta en la leche materna, ¿dónde queda la protección a las infancias, los derechos a la supervivencia y al desarrollo de niñas, niños y adolescentes, previstos en la Constitución mexicana y en convenciones internacionales ratificadas por México? La realidad es que ellas y ellos están también en estado de indefensión y el futuro no pinta nada bien.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.