Por Redacción Canal Abierto, Canal Abierto, 30 de agosto de 2022.

Organizaciones socioambientales de Baradero (RELEA, Acción Ambiental Baradero, Baradero Verde), con el apoyo de la Red Federal de Docentes por la Vida, impulsaron un amplio análisis sobre suelos, agua y orina a fin de relevar la presencia de agrotóxicos en el distrito bonaerense.

Los resultados obtenidos resultaron sumamente preocupantes, no sólo por la multiplicidad de sustancias tóxicas halladas en el ambiente sino por su presencia en los cuerpos de los vecinos: “el hallazgo de 8 moléculas de plaguicidas y metabolitos en la primera etapa del trabajo en pozos de agua de distintas locaciones y de 17 sustancias en las de suelo correspondiente a la misma etapa, sumadas a las 18 moléculas en las muestras de agua y 12 moléculas de plaguicidas en las muestras de suelo de la segunda etapa del trabajo, determina una presencia alarmante”.

Uno de los aspectos más alarmantes del mencionado trabajo es que entre los múltiples espacios de donde se tomaron las muestras, figuran los suelos y napas de escuelas rurales. De hecho, las muestras de orina contaminadas eran de alumnos -previo consentimiento de sus padres y tutores – de la Escuela Provincial República Oriental del Uruguay (EP N°8) y de su directora.

Al igual que en otros relevamientos realizados en varias localidades de la provincia, fueron los vecinos -y no el Estado- quienes se pusieron manos a la obra para concretar el estudio titulado “¿Qué agua tomamos? ¿Qué aire respiramos?”. Según informaron los colectivos, la acción se pudo llevar a cabo gracias a los 117.856 pesos colectados de forma voluntaria por la comunidad.

“Estamos ante un sistema agropecuario dirigido por grandes corporaciones que tienen basamentos en los mercados de finanzas sustentados por un uso intensivo y creciente de nuevas tecnologías con un único objetivo: generar más ganancias, sin contabilizar en la ecuación, los altos costos sociales y ambientales que el mismo sistema genera y que se conocen como `externalidades´”, señala el informe en sus conclusiones.

El modelo agroindustrial que predomina en nuestro país es hijo de la “revolución verde”, un paradigma instalado en la década del sesenta a fuerza de semillas híbridas y transgénicas, fertilizantes sintéticos, productos químicos como herbicidas y hormonas de crecimiento.

Sin embargo, hay otro antecedente más cercano y relevante para entender qué está sucediendo en nuestro campo: la autorización del gobierno de Carlos Menem -con la firma de su secretario de Agricultura, Felipe Solá- en 1996 para introducir en la Argentina la soja transgénica de Monsanto resistente al herbicida glifosato.

En Argentina el uso de herbicidas se incrementó cerca de un 1300% desde 1991, cuando el modelo hegemónico de producción ingresó en nuestro país. Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) el uso anualizado de herbicidas, que representan el 75% de los agroquímicos utilizados, pasó de 19,7 millones de kg/l (se utiliza la expresión kg/l para indicar que pueden ser kilogramos o litros del producto) a 252,1 millones en el año 2011. Según datos oficiales de las empresas que comercializan estos productos y de fuentes del negocio agrícola, para el año 2018 se llegaron a usar 525 millones de Kg/l de herbicidas.

El promedio de agrotóxicos aplicados por hectárea para el año 1996 era de 4 kg/l; ya para el 2010 había alcanzado los 10 Kg/l por hectárea y en 2018 trepó a 15 Kg/l. Teniendo en cuenta el promedio nacional de consumo de agroquímicos por hectáreas -tasa promedio más alta del mundo en uso plaguicidas-, en los 1514 kilómetros cuadrados que comprende Baradero se aplican aproximadamente un millón de litros al año.

De todos modos, el informe en cuestión apunta no sólo al modelo agrícola intensivo que subyace a esta contaminación, también pone en cuestión otro debate de fondo: la dinámica de posesión y explotación de la tierra y la falta de ordenamiento territorial en el partido bonaerense.

Según el Censo Nacional Agropecuario (CNA) de 2018, en Baradero existen 196 explotaciones agropecuarias con límites definidos. De estas, 100 tienen más de 200 hectáreas y representan el 90% de las tierras cultivables del partido. Los restantes 96 establecimientos, de menos de 100 hectáreas ocupan un total de 7.000 hectáreas (8% del total) mientras que los 100 establecimientos de mayor escala ocupan alrededor de 85.000 hectáreas del territorio. Es decir que el 92% del territorio productivo está en manos de un centenar de productores.

Otro dato relevante mencionado por las organizaciones socioambientales es que en su mayoría, la titularidad de la tierra pertenece a personas que no son de Baradero ni viven en el distrito.

 “Argentina, el octavo país en superficie a nivel mundial, cuenta con un enorme territorio disponible de tierras cultivables que se caracteriza por la alta productividad, pero que en los últimos años duplicó la cantidad de personas que no accede a un alimento o padece hambre. Monocultivos con altísimo acaparamiento de superficies, pocas variedades, semillas transgénicas, fertilizantes de la industria química, plaguicidas, tecnología de punta aplicada al mismo modelo, etc. parece que no son la solución a la problemática del hambre en el país ni el mundo”, señala el estudio.

Imagen de Th G en Pixabay 
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