Por María De Los Ángeles Jiménez Solano, Vanessa Chaves Villareal, Yéssika María Y Alfaro Araya, Desinformémonos, 29 de junio de 2022.

Este artículo forma parte de la revista Biodiversidad, sustento y culturas #112

Esta experiencia empezó a gestarse cuatro años atrás, cuando cada una desde su realidad, trinchera y formación empezó a reconocer en la agroecología una herramienta poderosa de emancipación y justicia socioambiental. Así, nos encontramos a través de la Yunta Agroecológica, un grupo de más de 140 mujeres agroecólogas de toda Costa Rica; una red poderosa de guardianas de la vida que promueve el trabajo colectivo, la colaboración y alianza entre mujeres para sanarnos y cuidarnos a nosotras y a la madre naturaleza. Un espacio seguro para recuperar nuestra relación ancestral con la agricultura.

Esta experiencia colectiva fue fuente de inspiración y abono para nuestras ideas inconformes que no cabían en la burocracia institucional ni en la lógica empresarial que parecían ser nuestro único destino laboral. Fue así como nuestras decisiones, circunstancias y deseos nos trajeron a la Península de Osa en la zona Sur-sur de Costa Rica y juntas empezamos a aterrizar y dar forma a ese sueño de dignidad colectiva que cada una traía en su corazón, este sueño se ha materializado bajo el nombre de Escuelitas Agroecológicas.

Entonces empezamos…

Como en cualquier proceso comunitario, no existen recetas y la transformación y adaptación son una constante; sin embargo, todas coincidimos en que queríamos desarrollar un proyecto desde la agroecología en su sentido amplio, pues regularmente cuandomse trabaja sobre este tema se parte especialmente de los principios técnico-productivos. Sin embargo, nos resultó urgente promover también los principios sociales y políticos que orientan los procesos organizativos para la transformación agroecológica.

En este sentido, hemos procurado que éste sea un proceso desde y para las comunidades, por lo que partimos de metodologías de Educación Popular en especial la metodología de “Campesinx a Campesinx’’, en la que las comunidades son las protagonistas de su propia revolución y cuentan con saberes que deben ser comunicados desde la cotidianidad del campo. Sólo quien la vive realmente puede compartirla y socializarla. Mediante esta estrategia participativa y la germinación de promotoras y promotores locales procuramos el empoderamiento, el liderazgo positivo y el reencuentro y resignificación con las identidades campesinas y rurales como motores de cambio colectivo y resiliencia.

Escuelitas Agroecológicas Itinerantes sur-sur. Biriteca Agroecológica ha encontrado que la diversidad de dimensiones y elementos que se integran y conforman la agroecología permite que se puedan entender y trabajar con las comunidades desde las distintas aristas. Y que los procesos que ahí se desarrollen respondan siempre a las necesidades, tiempos,historias, contextos, subjetividades y posibilidades de cada lugar o grupo.

A través de las diferentes escuelitas agroecológicas, en las que trabajamos con grupos de personas campesinas, indígenas, mujeres y niños, hemos aprendido que los procesos en cada comunidad tienen sus propios tiempos y dinámicas. Nuestro trabajo debe estar siempre dispuesto a escuchar y aprender. La agroecología no es un tema que compete sólo a las comunidades y personas campesinas o vinculadas al agro; y no es, en definitiva, una fórmula o receta que podamos “explicar y aplicar”; sus múltiples dimensiones posibilitan acciones y procesos diversos que involucran elementos particulares de cada población y lugar.

De la mano con esto, en este proceso hemos reafirmado que ni nosotras, ni ninguna otra organización o institución es la poseedora del conocimiento absoluto, y que nos encontramos en un proceso de constante aprendizaje con las diferentes comunidades. Nuestro interés es colectivizar y fortalecer los diferentes procesos comunitarios, poniendo a disposición algunas herramientas de la agroecología, incluyendo elementos técnico-instrumentales, políticos, culturales, vinculados a temas organizativos, etcétera.

Hasta la fecha, Biriteca ha logrado trabajar de manera colectiva con una distribución equitativa de tareas a partir de las posibilidades y capacidades de cada una de las integrantes. Esto además se ha dado gracias al aporte y trabajo de una red importante de colaboradores y personas, colectivos u organizaciones aliadas.

En nuestro camino se hace evidente la importancia de fortalecer estos procesos desde la agroecología y la colectividad; de contracara a las lógicas antropocéntricas, verticales, tradicionales y mercantiles desde las que han operado muchas instituciones vinculadas al agro y la ruralidad. Instituciones que incluso utilizan la agroecología como discurso, pero responden siempre a intereses, propuestas, políticas, metodologías y filosofías capitalistas extractivistas; estas “agroecologías” son nombradas por Valentín Val y Peter M. Rosset como “fake agroecologías”. Y coincidimos con ellos en que estas “fake agroecologías” no sólo no resuelven los graves problemas causados por el modelo agroindustrial, sino que, al reproducir sus principios —resignificados y enmascarados bajo un barniz “verde” y “orgánico”—, corre el riesgo de perpetuarlos.

Es importante señalar que en este proceso una de las tareas más desgastantes que hemos asumido es la búsqueda constante de apoyo gubernamental, sin haber recibido hasta el momento una respuesta satisfactoria o alianza real; más bien se ha utilizado el conocimiento de nuestra organización desde lógicas utilitaristas y demagogas. Este recorrido nos deja como aprendizaje que los procesos autogestivos transformadores se desarrollan, muchas veces, desde la marginalidad con respecto al privilegio económico y legitimidad que tienen estas instituciones, corporaciones, programas, organizaciones nacionales e internacionales, cooptadas muchas veces por el agronegocio y la mercantilización.

Es por esto, que uno de los dilemas y obstáculos que enfrentamos cuando nos posicionamos desde la agroecología como propuesta crítica, popular, de emancipación y autonomía de los pueblos, es la búsqueda constante de financiamiento y apoyo. Lo que encontramos es un panorama donde los recursos se mueven a través de grandes organizaciones y programas más relacionados con las “fake agroecologías”, que reproducen lógicas mesiánicas, colonizadoras y dependientes.

Enaltecemos entonces las alianzas, el trabajo voluntario, los esfuerzos individuales y colectivos que han hecho posible procesos como las escuelitas agroecológicas y, estamos seguras que, muchos otros que se desarrollan en diferentes latitudes del mundo y que han agradecido, al igual que nosotras, la existencia, eficacia y significado del trabajo en red. Definitivamente la cooperación, la dispersión de poder, la colectividad, la solidaridad, la autonomía; tienen una capacidad transformadora radical que desestructuran las formas hegemónicas y habilitan otros modos de ser-estar-pensar-sentir-accionar.

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Publicado originalmente en Revista Biodiversidad, sustento y culturas #112

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