Por Joseph Chamie, IPS Noticias, 12 de mayo de 2022.

Este es un artículo de opinión de Joseph Chamie, demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas.

La población mundial de aproximadamente 8 000 000 000, o más del doble de su tamaño al comienzo de la Revolución Verde a mediados de la década de 1960, nuevamente enfrenta una crisis alimentaria en muchos países y áreas, que se espera que empeore en el corto plazo.

La crisis alimentaria en decenas de países, que se encuentran principalmente en África y Asia, se debe en gran medida a las tres C: conflicto, cambio climático y covid-19. Además, la reciente problemática en Ucrania debido a la invasión militar de Rusia ha exacerbado aún más esta crisis.

Como resultado del conflicto en Ucrania, un número creciente de gobiernos está erigiendo nuevas barreras para detener las exportaciones de productos alimenticios y otras materias primas importantes en sus fronteras.

Se espera que esas barreras empeoren la crisis alimentaria, generando escasez y precios más altos para una variedad de bienes en muchos países con inseguridad alimentaria.

En la actualidad, aproximadamente 800 millones de personas, o 10 % de la población mundial, padecen hambre. Además, las proyecciones muestran que el mundo no va por buen camino para acabar con el hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible para 2030, es decir, el 2 Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS).

Se espera que el crecimiento futuro de la población mundial, que actualmente aumenta en aproximadamente 80 millones por año, se concentre en regiones que contienen la mayoría de los países que padecen hambre, inseguridad alimentaria y desnutrición.

Del crecimiento previsto de la población mundial de casi 600 millones durante los próximos ocho años, África, que en gran parte depende de los alimentos importados, representa el 47 % de ese crecimiento demográfico, seguida de Asia con 43 % (Gráfico 1).

Además, los aumentos porcentuales proyectados en las poblaciones de los dieciséis países con inseguridad alimentaria en África se encuentran entre los más altos del mundo y muy por encima del promedio mundial. Para 2030, se espera que muchas de las poblaciones de esos países africanos aumenten en no menos del 25 %.

Se espera que la población actual de Níger, por ejemplo, aumente un 34 % durante los próximos ocho años, es decir, de 26 a 35 millones. Por el contrario, el aumento proyectado de la población mundial del 7 % durante esos ocho años es una fracción de las tasas de los países de África en situación crítica de inseguridad alimentaria (Gráfico 2).

El crecimiento esperado de la población de los países con inseguridad alimentaria para mediados de siglo es aún más sorprendente. Mientras se prevé que la población mundial aumente en aproximadamente 20 % para 2050, se espera que las poblaciones de algunos países africanos con inseguridad alimentaria se dupliquen para mitad de siglo.

Una tasa particularmente rápida de crecimiento demográfico futuro es la población de Níger, que se espera que aumente de los 26 millones actuales a 66 millones a mediados de siglo.

Otro país africano con zona crítica de inseguridad alimentaria cuya población se espera que se duplique es la República Democrática del Congo, que aumentará de 95 millones en la actualidad a 195 millones para 2050.

También se prevé que el país africano con la población más grande, Nigeria, aumente sustancialmente de sus 217 millones actuales a 401 millones para 2050, desplazando así a Estados Unidos como la tercera población más grande del mundo.

Fuera de África, otros seis países, que se han visto muy afectados por los conflictos armados y la violencia, también se consideran países críticos de la inseguridad alimentaria. Esos países son Afganistán, Líbano, Siria y Yemen en Asia y Haití y Honduras en América Latina y el Caribe.

Después de la Revolución Verde a fines de la década de 1960, la producción mundial de alimentos ha superado el rápido crecimiento de la población mundial durante la segunda mitad del siglo XX. La población mundial se ha más que triplicado desde 1950, de 2500 millones a 8000 millones en la actualidad.

En la actualidad, aproximadamente la mitad de la tierra habitable del planeta se utiliza para la producción de alimentos, lo que representa aproximadamente 70 % del consumo de agua dulce.

Esa actividad humana vital tiene consecuencias importantes para el planeta, incluida la contribución a la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y la degradación del suelo, así como a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Parte de las respuestas a esas consecuencias para el planeta incluyen reducir el consumo de carne y llevar a la población mundial a una dieta más basada en plantas. Además de las mejoras en la salud humana, comer principalmente alimentos de origen vegetal contribuiría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y reduciría los desechos animales.

En muchas partes del mundo, especialmente en los puntos críticos de inseguridad alimentaria mencionados anteriormente, los efectos del cambio climático y la degradación ambiental están afectando enormemente la producción, disponibilidad y distribución de alimentos con sequías, inundaciones, altas temperaturas, incendios forestales, desertificación, plagas, aumento en el nivel del mar, etc.

Además de tratar de aumentar la oferta de alimentos y hacer que las dietas saludables sean asequibles y accesibles para las poblaciones con bajo poder adquisitivo de los hogares, se necesitan mayores esfuerzos para reducir la demanda general de alimentos mediante la estabilización del tamaño de las poblaciones.

Asimismo, aparte de reducir las altas tasas de morbilidad y mortalidad, los gobiernos deben esforzarse por reducir las altas tasas de fecundidad. Acelerar la transición demográfica en países con altas tasas de mortalidad y natalidad contribuiría considerablemente a reducir el tamaño futuro de esas poblaciones y, por lo tanto, la demanda proyectada de alimentos adicionales.

Por ejemplo, la población futura de África, que se ha multiplicado por seis desde 1950, podría ser notablemente menor que la proyectada actualmente si se acelera la transición demográfica del continente.

Si las futuras tasas de fertilidad de los países africanos siguieran la proyección de la variante baja de las Naciones Unidas en lugar de su variante media, la población de África sería 200 millones menos para 2050 y más de mil millones menos para 2100 (Gráfico 3).

Las reducciones en el rápido crecimiento de la población en África, Asia y otros lugares ciertamente no resolverán los problemas del hambre, la inseguridad alimentaria y la desnutrición. Es necesario abordar otros desafíos importantes, incluidos los conflictos, el cambio climático y la covid-19.

Sin embargo, también es cierto que las tasas más bajas de crecimiento demográfico conducirán a menos personas adicionales en el futuro. Tales reducciones demográficas a su vez llevarán a una reducción de la demanda futura de alimentos.

Como se dijo al principio, la relación entre los alimentos y las personas es evidente. Es decir, las personas necesitan comer y cada vez son más las personas que requieren alimentos y menos las que no los requiere.

Ya es hora de que los gobiernos acepten la relación entre los alimentos y las personas. Hacerlo implica que los gobiernos adopten políticas integrales e implementen programas efectivos destinados a reducir las altas tasas de crecimiento demográfico y estabilizar el tamaño de sus poblaciones.

Joseph Chamie es demógrafo consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su último libro: “Nacimientos, fallecimientos, migraciones y otros asuntos importantes de población”.

T: MLM / ED: EG

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