Por Redacción, Contralínea, 21 de enero de 2022.

Sin embargo, con el cambio de administración que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, el trato al campo mexicano ha virado en el retorno de la soberanía alimentaria, el derecho de un país de producir lo que consume, de producir lo que necesita la población para estar alimentada sanamente, indica la socióloga por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Hablar de soberanía alimentaria no solo toca el tema de la autosuficiencia en la producción de alimentos sino recomposición de todas las formas de producción, producciones locales, cadenas cortas de suministro. Es un cambio radical el que estamos viviendo y sí se están sentando las bases. Lo vemos, por ejemplo en el decreto para  la prohibición de la siembra de maíces y el uso del glifosato, ya habla también de un cambio en cómo debemos de producir los alimentos, ahora se está priorizando la alimentación y no tanto la agricultura”, dice la experta.

López Zepeda calcula que restaurar el campo mexicano llevará un aproximado de dos décadas. Cubrir toda la deficiencia de alimentos y de producción de granos, implica una reestructuración profunda. “Durante 35 años -así declarados- se dejó de apoyar a la pequeña agricultura y todos los apoyos se concentraron en una forma de producción intensiva de grandes producciones y no se trabajó para cubrir esa deficiencia de maíz. Se consideraba que era mejor importar que producir, entonces revertir este proceso sí implica un esfuerzo grande”, comenta.

Una de las afectaciones que dejó el sistema económico impuesto en México por más de tres décadas, indica, dejó suelos degradados por todo el abuso en el uso de agroquímicos. “Deconstruir la agricultura campesina, las comunidades rurales y todas las formas de alimentación, también va a requerir un esfuerzo de inversiones que implica cambiar las formas de producción, ¿cómo cambiamos el uso de agroquímicos por el uso de bioinsumos naturales, regionales, locales?, las alimentaciones de cada región, el abasto de esos alimentos en cada región implica un esfuerzo grande”, señala.

Otro de los esfuerzos que se requieren, expone la directora de ANEC, es mejorar las condiciones de la productividad. “Existe el mito de que sólo con los agroquímicos puede haber rentabilidad y productividad y ¡no! Está comprobado que regresando a las formas ancestrales y con tecnologías adecuadas se puede aumentar la productividad a partir del mejoramiento de nuestros suelos. Estamos viviendo un problema muy grave efecto de la globalización, del incremento en los alimentos y en el incremento de los precios de los insumos y esto es efecto de toda la dependencia que tenemos del exterior”.

Contrasentidos en Agricultura

La directora de la ANEC identifica que hay oposición al interior del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Además de la oposición que lleva el grupo de poder en el sector, en contra de sus políticas públicas.

— ¿Observa también resistencias al interior del propio gobierno y del sector empresarial?

— Sí, estamos muy preocupados. Por parte del gobierno, hay un contrasentido, hay una demanda de las organizaciones campesinas que decimos tenemos que trabajar para la soberanía alimentaria con agricultores de pequeña y mediana escala, que eso es lo que  se abandonó durante 35 años; y entonces encontramos al interior del gobierno y nada menos que de la Secretaría de Agricultura, sectores que representan los intereses de estas grandes corporaciones y de esta agricultura industrial.

Entonces, mientras se firma y buscan la manera de hacer acuerdos internacionales para traer tecnologías disfrazadas de tecnologías ambientales, no están abocados a defender a la pequeña agricultura, eso lo vemos al interior del gobierno, pareciera que hay dos gobiernos: un gobierno que si está con la soberanía alimentaria y otro gobierno que sigue conectado a los intereses de estas grandes corporaciones.

Por parte de los empresarios de las Consejo Nacional Agropecuario, estaban acostumbrados a recibir grandes apoyos y subsidios;  durante 35 años recibieron y concentraron los grandes apoyos en este tipo de agricultura sobre todo en el norte del país. El 80 por ciento de los apoyos a la comercialización se concentraron en el 10 por ciento de los productores del norte; entonces los subsidios en  infraestructura concentraban apoyos de subsidios energéticos, subsidios al agua, todo tipo de subsidios y eso es un privilegio que hoy están perdiendo.

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