Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 16 de septiembre de 2021.

HISTORIA EN BREVE

  • McCullough cree que, si se hubieran establecido las juntas de seguridad adecuadas, el programa de vacunas antiCOVID-19 se habría cerrado en febrero de 2021 en función de la seguridad y el riesgo de muerte
  • Para el 22 de enero de 2021, se reportaron 186 muertes después de la vacuna antiCOVID-19, una cifra más que suficiente para disparar la alarma de preocupación
  • En su práctica, McCullough observa una variedad de síndromes neurológicos en personas vacunadas, con síntomas que incluyen ceguera, parálisis, dificultad para tragar, dolores de cabeza, zumbidos en los oídos, miocarditis y más
  • McCullough también menciona un escape antigénico o inmune, que cree que impulsa la creación de variantes de COVID-19 y empeora la pandemia en lugar de mejorarla

El Dr. Peter McCullough tiene una impresionante lista de certificaciones,1 es internista, cardiólogo, epidemiólogo, profesor de medicina en el Texas A&M College of Medicine en Dallas y es el editor de dos revistas médicas, al igual que ha publicado cientos de estudios en la literatura. También se encuentra entre esas personas valientes que hablan sobre los peligros de las vacunas contra el COVID-19 y que ponen en riesgo su licencia médica y su futuro al hacerlo.

“Aquí ocurre una cacería y es muy inquietante”, dijo McCullough en una entrevista para el canal Perspectives on the Pandemic.2 Se refería a las juntas médicas estatales que persiguen a los médicos y que amenazan con la revocación de sus licencias basándose en la difusión de “información errónea” no identificada.

“Es asombroso que esto suceda en un intercambio de ideas”, dijo. ¿Qué comparte el Dr. McCullough que los poderes fácticos no quieren que escuche? Se trata de las vacunas antiCOVID-19 y, para resumirlo en una oración, “no funcionan y causan un gran daño”.

La efectividad y la seguridad de las vacunas antiCOVID se exageraron desde el principio

En los Estados Unidos, el plan denominado Operation Warp Speed es el esfuerzo federal que aceleró todo el proceso para la vacuna antiCOVID-19. Las plataformas de tecnología para la transferencia de genes surgieron como pioneras, incluyendo las plataformas de ADN adenoviral o las plataformas de ARN mensajero (ARNm) diseñadas para entregar material genético al cuerpo humano.

Una vez que se inyecta el ARNm, el cuerpo absorbe el material genético y cambia de alguna manera. Estas tecnologías estuvieron en estudio durante años, en la mayoría de los casos están diseñadas para reemplazar un gen defectuoso y se podría utilizar para tratar el cáncer, por ejemplo. Históricamente, “todo fracasó”, dijo McCullough.

Sin embargo, en noviembre de 2020, Pfizer, en conjunto con la empresa alemana BioNTech, anunció que su vacuna basada en ARNm tenía “más del 90 % de efectividad” en un ensayo de fase 3.3 Sin embargo, esto no significa que el 90 % de las personas que se vacunan estarán protegidas del COVID-19, ya que este porcentaje se basa en la reducción del riesgo relativo (RRR).

La reducción del riesgo absoluto (ARR) para la vacuna es menor al 1%. “Aunque la RRR considera solo a los participantes que podrían beneficiarse de la vacuna, la reducción del riesgo absoluto (ARR), que es la diferencia entre las tasas de ataque con y sin vacuna, considera a toda la población. Los ARR tienden a ignorarse porque dan un tamaño de efecto mucho menos impresionante que los RRR”, escribieron los investigadores en la revista The Lancet Microbe en abril de 2021.4

No obstante, las vacunas recibieron la autorización de uso de emergencia. Al otorgar la autorización de uso emergencia, no la aprobación, la administración de las vacunas representó un ensayo de investigación que fue patrocinado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. De acuerdo con McCullough:5

“Nunca hemos tenido dos organismos gubernamentales juntos como patrocinadores de un programa de investigación importante. Aunque usted no lo crea, no tenían, y hasta el día de hoy nunca han reunido un comité externo de eventos críticos, una junta de monitoreo de seguridad de datos externos o un comité de ética humana. Tenían estos comités en los ensayos de registro y estos son estándar.

Cada investigación clínica tiene estos tres comités. Yo presido muchos de estos comités para las compañías farmacéuticas y los Institutos Nacionales de Salud. Las personas en Estados Unidos deberían haber tenido al menos revisiones de seguridad semanales o mensuales, para garantizar que las vacunas sean seguras”.

Para marzo de 2021, McCullough estaba preocupado

En un principio, dijo McCullough, parecía que las vacunas experimentales podrían ser seguras, mientras que alrededor del 70 % de sus pacientes había recibido una de estas vacunas para diciembre de 2020. Pero para marzo de 2021, estaba muy inconforme con lo que veía. Desde el 14 de diciembre del 2020 hasta el 8 de marzo del 2021, se administraron más de 92 millones de dosis de inyecciones de COVID-19 en los Estados Unidos.

McCullough citó cifras de la base de datos del Vaccine Adverse Event Reporting System (VAERS), las cuales demostraron que durante ese tiempo hubo 1637 reportes de muerte en personas que habían recibido solo una vacuna antiCOVID-19. Los CDC y la FDA dijeron que ninguno de ellos estaba relacionado con la vacuna, pero, de acuerdo con McCullough, para el 22 de enero de 2021, se habían reportado 186 muertes, una cantidad suficiente para alcanzar la señal de alerta para detener el programa.

“Con un programa de este tamaño, cualquier cosa que supere las 150 muertes sería una señal de alarma”, dijo. Estados Unidos “alcanzó 186 muertes con solo 27 millones de personas vacunadas”. McCullough cree que, si se hubieran establecido las juntas de seguridad adecuadas, el programa de vacunas antiCOVID-19 se habría cerrado en febrero por motivos de seguridad y riesgo de muerte.

Tal fue el caso en 1976, cuando se detuvo un programa acelerado de vacunas contra la gripe porcina, después de un estimado de 25 a 32 muertes.6 Sin embargo, a pesar de una cantidad mucho mayor de muertos, las vacunas antiCOVID-19 continúan. Al 6 de agosto de 2021, los datos del VAERS sobre el COVID-19 demostraron que había 12 791 muertes relacionadas con las vacunas y decenas de miles de visitas al hospital y a la clínica.7

En un análisis de los reportes del VAERS sobre las fatalidades por la vacuna antiCOVID-19, los investigadores descubrieron que en el 86 % de los casos nada más podría haber causado la muerte, y parece que la vacuna fue la causa.8

Los investigadores dijeron: “La muestra contiene solo a personas que recibieron la vacuna al principio del programa y, por lo tanto, se compone de personas de edad avanzada o con problemas de salud. A pesar de esto, solo hubo un 14 % de los casos en los que se pudo descartar una reacción a la vacuna antiCOVID como un factor que contribuyó a su muerte”.9

Otras investigaciones lo demuestran, afirmó McCullough, y este es un punto muy importante que quiero que comprendan y recuerden: el 50 % de las muertes ocurrieron dentro de las 48 horas posteriores a la vacuna, mientras que el 80 % ocurrió una semana después. Una encuesta informal en Twitter, a la que respondieron 10 000 personas, también preguntó si los encuestados conocían a alguien que murió después de recibir la vacuna antiCOVID-19.

El 12 % dijo que sí. “Cuando las personas ven morir a otros en su círculo, no puede ignorar ese tipo de renuencia a la vacuna antiCOVID”, dijo McCullough. Otros efectos adversos confirmados de las vacunas antiCOVID incluyen la miocarditis y los coágulos de sangre.10

Una increíble violación de la ética humana

Su cuerpo reconoce la proteína Spike en las vacunas antiCOVID-19 como extraña, por lo que comienza a fabricar anticuerpos para protegerlo contra el COVID-19, o al menos eso dice la teoría. Pero existe un problema. La proteína Spike en sí es peligrosa y se sabe que circula en su cuerpo al menos durante semanas y tal vez meses,11 o quizás durante mucho más tiempo después de recibir la vacuna antiCOVID.

En sus células, la proteína Spike daña los vasos sanguíneos y puede provocar el desarrollo de coágulos de sangre.12,13 Puede penetrar en el cerebro, glándulas suprarrenales, ovarios, corazón, músculos esqueléticos y en los nervios, al igual que puede causar inflamación, fibrosis y daños en los órganos con el paso del tiempo.

En su práctica, McCullough observa una variedad de síndromes neurológicos en personas vacunadas, con síntomas que incluyen ceguera, parálisis, dificultad para tragar, dolores de cabeza, zumbidos en los oídos, miocarditis y mucho más. Otra investigación sugiere que el corazón, cerebro, sistema inmunológico y el sistema hematológico podrían correr el mayor riesgo debido a la vacuna.14

Los niños, que tienen un riesgo muy bajo de COVID-19, no reciben ningún beneficio de la vacuna, ni tampoco los que ya tuvieron COVID y que tienen inmunidad, dijo McCullough, quien calificó la situación como “una catástrofe en tiempo real” que viola la ética humana:15

“Hemos visto una increíble violación de la ética humana. Nadie, por un producto en investigación, bajo ninguna circunstancia, debe recibir presión, coerción o amenaza de represalia por no participar en la investigación”.

La vacuna antiCOVID-19 de Pfizer-BioNTech recibió la aprobación de la FDA el 23 de agosto de 2021, pero antes de esto, se ofrecieron rifas de millones de dólares, colegiaturas totalmente gratuitas, bonificaciones y otros sobornos como cerveza y donas gratis para convencer a las personas a que se vacunaran. Cuando eso no funcionó, los mandatos aumentaron, incluso ahora para muchos trabajadores de la salud es obligatoria la vacuna, mientras que varias universidades de Estados Unidos16 también exigen que los estudiantes se vacunen para poder asistir.

Las personas vacunadas se contagian de COVID de todos modos

Los informes de los medios aún se refieren a la pandemia como una crisis de las personas sin vacunar, lo cual es inexacto, ya que el COVID-19 todavía afecta y se extiende entre las personas vacunadas. El 30 de julio de 2021, el Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad (MMWR) de los CDC publicó detalles de un brote de COVID-19 que ocurrió en el condado de Barnstable, Massachusetts: el 74 % de los casos ocurrieron en personas completamente vacunadas.17

Sin embargo, el llamado “repunte de infecciones en personas vacunadas”, el cual solía conocerse como fallas de las vacunas, fue reportado mucho antes por parte de la CDC, particularmente en su MMWR del 28 de mayo de 2021, el cual documentó 10 262 casos de infección en personas vacunadas desde el 1 de enero al 23 de abril de 2021, en 46 estados.18

Creían que era “probablemente un recuento insuficiente sustancial”, pero en lugar de evaluar la situación, dejaron de monitorear la mayoría de las infecciones por COVID-19 entre las personas vacunadas:19

“A partir del 1 de mayo de 2021, los CDC dejaron de monitorear todo el repunte de infecciones relacionadas con la vacuna antiCOVID-19 y empezaron a investigar solo las infecciones entre los pacientes que están hospitalizados o que mueren, centrándose así en los casos de mayor importancia clínica y de salud pública”.

McCullough también menciona un escape antigénico o inmune. Si ejerce presión sobre un organismo vivo, como bacterias o virus, a través de antibióticos, anticuerpos o quimioterapéuticos, por ejemplo, pero no los elimina por completo, es posible que las cepas más virulentas muten, aunque sea de manera involuntaria. Los que escapan de su sistema inmunológico sobreviven y seleccionan mutaciones para asegurar su supervivencia.

El COVID-19 tiene una alta capacidad de mutación, pero, si el virus no está bajo presión, no necesariamente tendrá la necesidad de seleccionar mutaciones para volverse más infeccioso. Pero si lo pone bajo presión, como ocurre durante la campaña de vacunación, esto podría cambiar. McCullough expresó:20

“Si seguimos con las vacunas, habrá una variante tras otra. Estamos jugando con fuego con todas estas vacunas. Mi interpretación como internista y cardiólogo (como epidemiólogo capacitado he hecho una intensa investigación y capacitación sobre el COVID por casi un año) es que creo que el brote Delta que tenemos ahora es producto de las vacunas.

Si no tuviéramos la vacuna, habríamos estado mejor. Ya habíamos tratado esto a un nivel muy aceptable”.

Cómo romper este trance

McCullough cree que muchos proveedores de atención médica y el público en Estados Unidos están en trance por la vacuna. Desafía la lógica y el sentido común el hecho de que los funcionarios públicos y los ejecutivos de hospitales pueden ver que las vacunas no funcionan, pueden ver el aumento de casos de efectos adversos y de muertes y, sin embargo, emitir cada vez más mandatos de vacunas o recomendar la vacuna a grupos que claramente no deberían, como las mujeres embarazadas. McCullough lo compara con una forma de psicosis o neurosis grupal.

Las personas en Estados Unidos, sin embargo, han experimentado tanto miedo, hospitalización y muerte durante la pandemia que podrían haber estado preparadas para aceptar el papel de víctimas relacionadas con las vacunas. Aun así, una gran cantidad de personas en Estados Unidos no se deja engañar.

Muchas personas están dispuestas a tomar un año sabático del trabajo o retrasar la escuela por un año para evitar vacunarse. “La única forma de mantenerse saludable en este momento es evitar esta vacuna. Si contrae COVID-19, acceda a una de estas redes de tratamiento y obtenga inmunidad de otra forma”.21

McCullough es un defensor del tratamiento a tiempo para el COVID-19 y cree que las opciones de tratamiento se han eliminado para permitir las vacunas:22

“Creo que eliminamos por completo cualquier forma de tratamiento o de ayuda para las personas con el fin de promover la vacuna. Ahora la vacuna no funciona por completo y, francamente, es peligrosa. Nos hemos reducido a casi un mensaje: Acepte la vacuna o de lo contrario enfrentará muchos problemas y rechazo, y por fortuna, la mitad de las personas no la aceptó.

Tendremos que ver qué sucederá. Creo que el próximo mes será muy interesante y siniestro”.

McCullough cree que en algún momento las personas saldrán del trance de la vacuna y se darán cuenta de que la respuesta no son estas vacunas, mientras que el manejo de la pandemia, incluyendo las vacunas, se convertirá en un curso que violará la ética humana y el código de Núremberg. Sin embargo, con el miedo, aislamiento, hospitalizaciones y las muertes, es posible que pasen años antes de que termine toda esta pesadilla.

Image by Alexandra_Koch from Pixabay

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