Por Gabriel Bianconi Fernandes, Biodiversidad LA, 06 de agosto de 2021.

Cuando salió esta publicación en portugués, a fines de 2019, era impensable lo mucho que cambiaría el mundo en un solo año.

La crisis que causó el Coronavírus está signada por muchas pérdidas y una crisis económica que ya llegó a nuestras puertas y nos acompañará por un buen tiempo. Con ella también volvió el hambre a niveles que ya parecían superados. El agronegocio brasileño está entre los sectores que ganan con esta crisis. Aunque dichas ganancias tengan más que ver con especulación financiera que con el combate al hambre, se mantiene el discurso: para poder alimentar a la población de Brasil y a otras más, tenemos que aumentar la producción de alimentos de manera moderna e innovadora.

¿Será cierto?

Transcurridas más de cinco décadas de la promesa de la Revolución Verde, no se debe a ella el que el mundo se alimente hasta ahora.

La mayor parte de los alimentos in natura, la siguen produciendo campesinos de todo el mundo, a menudo en condiciones precarias. Por lo general, los programas gubernamentales no generan incentivos ni tampoco les dan atención suficiente a esos grupos, y pocos países tienen políticas públicas específicas que creen las condiciones para que se garantice derecho a la tierra, crédito, extensión rural ni tampoco otras políticas orientadas a la producción, distribución etc.

Lo que sí creció en ese período fue la industria agroalimentaria global basada en un modelo de producción de alimentos en el cual la llamada innovación tecnológica que, hoy por hoy, sigue estando lejos de cumplir con lo prometido: alimentación para todas y todos.

Este también es el modelo brasileño, en el cual se concentran la mayor parte de las políticas públicas, los grandes latifundios y las mejores tierras del país, así como, obviamente, los negocios y lucros. En ese sector, la producción demuestra mucha eficiencia cuantitativa, pero a un precio alto. Más monocultivos atraen plagas con más facilidad, perjudican fuertemente el suelo y requieren de agrotóxicos cada vez más fuertes y diversos. Las promesas de reducir los agrotóxicos mediante la implementación de semillas genéticamente modificadas no se cumplieron y terminaron por desarrollarse nuevas plagas. Y así sigue ese ciclo…

En la presente publicación, Gabriel Bianconi Fernandes analiza la lógica inherente al sistema dominante de producción de alimentos, que es la de tratar de solucionar un problema o un reto mediante la introducción de nuevas tecnologías. El autor demuestra cómo dicha lógica significa más intrusión en la naturaleza, una vez que, cuando las nuevas tecnologías causan un problema, éste se soluciona con otra tecnología, en un escenario que más se parece a ciencia ficción. La introducción de semillas genéticamente modificadas en Brasil, proceso que se llevó a cabo con gran facilidad política/institucional y regulatoria, hasta la fecha suscita mucha resistencia en diversas otras partes del mundo.

El nuevo paso – la introducción de las nuevas biotecnologías de edición genética que afectan incluso el ADN de plantas y animales – proyecta un dominio aún mayor de las empresas y sus patentes sobre la naturaleza. Y, como sucede con cualquier innovación, la ciencia y la industria proclaman que las biotecnologías prometen grandes soluciones y victorias. Dado que las tecnologías son cada vez más sofisticadas, tanto a las esferas públicas como a la población en general les resulta cada vez más difícil entenderlas.

Por ello, la presente publicación describe y analiza con muchos detalles esas nuevas tecnologías, así como la confianza casi ciega en que no tendrán efectos negativos y consecuencias indeseables.

Describe, asimismo, cómo aprovecha la industria agroalimentaria el momento de inestabilidad política y desregulación en el marco de la legislación socio-ambiental para establecer hechos. Ante la cantidad de recursos y poder en juego, será muy difícil cambiar el rumbo una vez que se establezcan firmemente esas tendencias.

La Fundación Heinrich Böll decidió publicar este análisis comoun alerta. Nos encontramos en un momento decisivo para acompañar las decisiones políticas respecto de algo tan fundamental para nuestra vida como es la alimentación. Dicho proceso no se da únicamente en Brasil, pero pocas veces se ve en otras partes del mundo la velocidad a la que se despliega en este país.

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Image by zefe wu from Pixabay

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