Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 28 de julio de 2021.

HISTORIA EN BREVE

  • La pandemia de COVID-19 aceleró la propagación de la RAM, ya que se trata a la mayoría de los pacientes con antibióticos, a pesar de que casi nadie tiene una coinfección bacteriana
  • El uso excesivo y libre de productos antimicrobianos, como desinfectantes domésticos e industriales, aumentan el riesgo de RAM en el medio ambiente
  • Sus mitocondrias, que desempeñan un papel muy importante en las respuestas inmunológicas antibacterianas y antivirales, son un objetivo externo de ciertos antibióticos, por lo que la terapia con antibióticos podría, a su vez, debilitar su respuesta inmunológica

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) se declaró como una de las 10 principales amenazas a la salud pública mundial y no desapareció durante la pandemia del COVID-19. Por el contrario, empeoró, ya que las medidas para el control de infecciones y la higiene de manos con geles antibacteriales se han vuelto muy comunes.

La RAM causa alrededor de 700 000 muertes en todo el mundo cada año, pero los investigadores estimaron a mediados de 2020 que se producirían 130 000 más por RAM debido a la pandemia del COVID-19. La cantidad de muertes por RAM tal vez superará la cantidad de muertes por COVID-19 hasta por tres veces cada año para el 2050, ya que hay algunas estimaciones que sugieren que las muertes por RAM podrían alcanzar hasta las 10 millones de muertes por año.

Antes de la pandemia, los programas de administración de antimicrobianos existían en todo el mundo para ayudar a detener el uso inadecuado de antimicrobianos en hospitales, centros de atención a largo plazo y otros entornos, pero una revisión realizada por científicos de la Universidad de Ciencias Médicas Shahid Beheshti en Irán y publicada en la revista científica Frontiers in Microbiology, predice que el uso excesivo de antibióticos, biocidas y desinfectantes para combatir el COVID-19 podría “causar efectos desastrosos”. Además, el uso excesivo de antibióticos también podría dañar la respuesta inmunológica.

A los pacientes con COVID-19 se les administran antibióticos ‘por si acaso’

Recuerde que el virus del SARS-CoV-2 causa el COVID-19, lo que significa que los antibióticos son ineficaces contra él. A pesar de esto, los antibióticos se han utilizado de forma profiláctica durante toda la pandemia para tratar a los pacientes con COVID-19, con la lógica de que podrían prevenir las coinfecciones bacterianas.

Sin embargo, la tasa de coinfecciones bacterianas secundarias ha sido baja, mientras que el uso de antibióticos se ha mantenido elevado. Este no es el caso de los antibióticos que se usan de forma estratégica para pacientes que desarrollan infecciones bacterianas, sino que los usan “por si acaso”. En un estudio de 38 hospitales de Michigan, el 56.6 % de los pacientes con COVID-19 recibieron antibióticos al principio de su estadía, pero solo el 3.5 % de ellos tuvo una infección bacteriana.

“Por cada paciente que dio positivo tanto para el SARS-Cov2 como para una infección bacteriana concurrente que estaba presente a su llegada, otros 20 pacientes recibieron antibióticos que en realidad no los necesitaban”, dijo la Dra. Valerie Vaughn, autora principal del estudio. Otros estudios demostraron signos similares de uso excesivo de antibióticos.

En un estudio de 99 pacientes con COVID-19 realizado en Wuhan, China, el 71 % recibió antibióticos, pero solo el 1 % tuvo coinfecciones bacterianas. En general, se estima que del 1 % al 10% de los pacientes con COVID-19 contraen una coinfección bacteriana, sin embargo, los antibióticos fueron la base del tratamiento para la mayoría de los casos.

Los antibióticos se consideran parte ‘de la rutina’ del tratamiento para COVID-19

A pesar de décadas de esfuerzos para reducir el uso innecesario de antibióticos, uno de los estudios más grandes sobre el uso de antibióticos en pacientes hospitalizados con COVID-19, demostró que dichos medicamentos se utilizan de forma indiscriminada e inapropiada para combatir el COVID-19. Más de la mitad (52 %) de los casi 5000 pacientes incluidos en el estudio recibieron antibióticos y, en el 36 % de los casos, se administró más de uno.

La mayoría de las veces, en el 96 % de los casos, los antibióticos se administraron antes de que se confirmara una infección bacteriana, ya sea al ingreso o dentro de las primeras 48 horas de la hospitalización. Al final resultó que solo el 20 % tuvo una infección bacteriana sospechada o confirmada para la cual los antibióticos estarían indicados. El resto los recibió de forma innecesaria. Los investigadores de Frontiers in Microbiology explicaron:

“Vale la pena destacar que el uso inadecuado de antibióticos podría causar de manera considerable y silenciosa el desarrollo de RAM durante este brote global. Por desgracia, estudios recientes revelan que, en varios países, el uso común y extenso de antibióticos para pacientes hospitalizados por COVID-19 se considera parte del tratamiento de rutina”.

Incluso la Organización Mundial de la Salud dejó en claro que la pandemia del COVID-19 podría traer consigo una propagación acelerada de la RAM en todos los países. Citaron datos que demuestran que el uso de antibióticos aumentó durante la pandemia. Entre el 79 % y el 96 % de las personas que informaron haber tomado antibióticos no tenían COVID-19, pero los tomaban para prevenir infecciones, aunque, en realidad, no son efectivos para combatir las infecciones virales.

El uso excesivo de antimicrobianos podría dañar la inmunidad

Los antibióticos pueden causar muchos efectos adversos graves, uno de ellos daña sus mitocondrias. Sus mitocondrias son responsables de casi toda la producción de energía celular y también desempeñan un papel muy importante en las respuestas inmunológicas antibacterianas y antivirales. Igualmente, las mitocondrias son un objetivo externo de ciertos antibióticos, que se sabe que inhiben la actividad mitocondrial, la síntesis de ADN y la biogénesis.

“Por lo tanto, la terapia con antibióticos podría ser una causa importante y poco apreciada de disfunción mitocondrial. Esto, a su vez, podría debilitar su respuesta inmunológica contra la infección por COVID-19”, según la revisión presentada. En abril de 2020, los científicos solicitaron “la prudencia” cuando se trata de antibióticos contra el COVID-19, como señalaron:

“Las mitocondrias son vulnerables a los tratamientos antibacterianos e interrumpen su fisiología. Inhibir estos procesos por los antibióticos podría hacer que el sistema inmunológico sea menos capaz de combatir las infecciones virales agudas de COVID-19″.

El uso excesivo de biocidas y desinfectantes

La pandemia de COVID-19 tiene la capacidad de disparar la enfermedad resistente a los antimicrobianos, ya que junto con el uso excesivo de antibióticos vino el uso excesivo de los productos antimicrobianos como desinfectantes domésticos e industriales, al igual que desinfectantes de manos y otros limpiadores.

Las ramificaciones son inmensas y apenas comienzan a comprenderse. Existen posibles efectos adversos por la inhalación de desinfectantes, ya que se sabe que dichos productos químicos se acumulan en los pulmones, hígado, riñones, estómago, cerebro y la sangre. Las exposiciones fueron muy elevadas durante la pandemia para muchas personas, ya que estuvieron expuestas a desinfectantes a través de la inhalación y rutas orales, así como a través de la piel y los ojos.

También existen importantes preocupaciones ambientales debido a la “liberación y diseminación inusual de concentraciones más altas de productos a base de biocidas en las aguas superficiales y subterráneas, al igual que en los sistemas de tratamiento de aguas residuales” durante la pandemia. Cuando los desinfectantes y biocidas ingresan al medio ambiente, pueden eliminar a las especies bacterianas beneficiosas que mantienen bajo control a los microorganismos resistentes a los medicamentos.

“Si las concentraciones de biocida alcanzan la concentración inhibitoria submínima (sub-MIC), este evento podría aumentar la presión selectiva, impulsar la transferencia horizontal de genes (HGT) y la evolución de la RAM”, advierten los científicos.

Un equipo de la Universidad de Plymouth en Inglaterra, realizó una evaluación de riesgos para determinar el posible impacto ambiental de recetar antibióticos a pacientes con COVID-19 y reveló lo siguiente: “los datos correspondientes a la amoxicilina indican que el medio ambiente podría verse afectado debido a la gran variedad de la RAM”. El equipo sugirió realizar evaluaciones de ese tipo en el futuro para controlar los terribles efectos de las prescripciones médicas de RAM durante la pandemia.

El microbioma intestinal influye en la respuesta inmunológica al COVID

Los antibióticos alteran su microbioma intestinal y esto tiene efectos de largo alcance en su salud, incluyendo en la capacidad de su sistema inmunológico para combatir el COVID-19, que es otra razón por la que el uso indiscriminado de antibióticos es contraproducente.

Cuando los investigadores de la Universidad China de Hong Kong analizaron las composiciones del microbioma intestinal de 100 pacientes con COVID-19, descubrieron que los comensales intestinales que modulan el sistema inmunológico eran bajos en comparación con las personas sin la infección. La composición de las bacterias intestinales de los pacientes, incluyendo el volumen y la variedad, afectó la gravedad de la infección por COVID-19 y la respuesta inmunológica.

El microbioma intestinal desequilibrado también podría contribuir a los síntomas inflamatorios relacionados con las secuelas, en donde los síntomas persisten durante meses después de la infección. De acuerdo con el estudio:

“Debido a los reportes de que un subconjunto de pacientes recuperados por COVID-19 experimentan síntomas persistentes como fatiga, disnea y dolores articulares, algunos 80 días después de la aparición de los primeros síntomas, creemos que el microbioma intestinal disbiótico podría contribuir a los problemas posteriores al COVID-19”.

En el estudio, del 50 % al 75 % de los pacientes recibieron antibióticos, mientras que menos del 7 % tuvo infecciones bacterianas. Aunque los investigadores no encontraron diferencias en los resultados con o sin antibióticos, los medicamentos no se relacionaron con un mejor resultado del paciente y anotaron que “todavía es posible que un mayor uso de antibióticos en pacientes graves y críticos pueda empeorar la inflamación”.

El aislamiento afecta su respuesta inmunológica

De todos los efectos negativos del aislamiento social que sufrimos durante la pandemia, los que experimentó su sistema inmunológico podrían ser mínimos, a pesar de ser los más importantes para su salud futura. ¿Qué tiene que ver el hecho de quedarse en casa con su sistema inmunológico?

Quedarse en casa altera su ciclo de luz/oscuridad de 24 horas. Cuando se pasa más tiempo dentro de casa, tiene menos exposición a los rayos del sol y menos oportunidades de producir vitamina D, la cual activa los macrófagos en sus pulmones que actúan como una defensa de primera línea contra las infecciones respiratorias, entre otras actividades inmunológicas.

Es cierto que al tomar suplementos de vitamina D puede compensar de alguna manera esto, siempre y cuando sus niveles sean óptimos, pero existen otros efectos nocivos del aislamiento que no se remedian tan fácil. Hacer ejercicio es otro componente importante de una respuesta inmunológica bien equilibrada, ya que puede reducir los niveles de estrés y evitar enfermedades como la enfermedad cardíaca y diabetes tipo 2, las cuales se relacionan con peores resultados de COVID-19.

Pero incluso más allá de eso, permanecer dentro de casa significa que pierde las exposiciones regulares al mundo natural, que vienen con su propio conjunto de beneficios inmunológicos. Los árboles liberan fitoncidas que las personas inhalan y que son conocidas por alterar las células asesinas naturales. Por eso, en Japón, shinrin-yoku o bañarse en el bosque, se dice que mejora la función inmunológica, pero es difícil pasar mucho tiempo en el bosque si está encerrado en casa.

El otro factor que no se puede ignorar es la falta de exposición a la mugre y los gérmenes cotidianos que se pasan por alto cuando las personas se quedan en casa, socialmente distanciadas y desinfectadas. “Nuestro sistema inmunológico necesita un trabajo”, dijo la Dra. Meg Lemon, dermatóloga de Denver, para el diario The New York Times. “Evolucionamos durante millones de años para tener nuestro sistema inmunológico bajo un ataque constante. Ahora no tiene nada que hacer”.

Lo que quizás sea más preocupante es que este comentario se hizo en marzo de 2019, antes de la pandemia. Ahora, es peor, y por eso es probable que su sistema inmunológico se pierda las interacciones con bacterias y con otros microorganismos que le enseñan a cómo responder y lo mantienen preparado durante toda su vida.

Sin un “entrenamiento” adecuado a intervalos regulares, su sistema inmunológico puede reaccionar de forma exagerada cuando se activa por sustancias inofensivas, lo que provoca alergias e inflamación. ¿Podría una generación de niños en aislamiento y con cubrebocas, sufrir repercusiones inmunológicas cuando se exponen a los virus infantiles típicos después de una pandemia?

Ya se presentaron casos de virus respiratorio sincitial (VSR) en el verano, que por lo general circula en el invierno, lo que sugiere una mayor susceptibilidad del sistema inmunológico.

Es poco probable que los nuevos antibióticos nos salven

Existen 43 antibióticos en desarrollo clínico, no obstante, ninguno de ellos es muy prometedor para resolver el aumento de la RAM, puesto que la innovación está estancada: la mayoría de los antibióticos “nuevos” que se comercializan son variantes de diversas clases de medicamentos que existen desde la década de los 80. Además, de acuerdo con el informe anual titulado Antibacterial Pipeline de la OMS, los antibióticos que están en desarrollo no son suficientes para enfrentar la RAM:

“El informe de 2020 revela que no se han visto avances significativos, ya que solo unos cuantos antibióticos se han aprobado por las agencias reguladoras en los últimos años. La mayoría de estos agentes en desarrollo ofrecen un beneficio clínico limitado con respecto a los tratamientos existentes y el 82 % de los antibióticos que se han aprobado recientemente son derivados de clases ya existentes, las cuales han generado resistencia. Por lo tanto, se espera que se desarrolle una resistencia a estos nuevos agentes en poco tiempo”.

También en cuestión de tiempo, los sistemas de reembolso de los hospitales desalientan el uso de nuevos y costosos antibióticos, porque solo se reembolsan hasta cierto punto. Entonces, para proteger al hospital de pérdidas financieras, los pacientes podrían recibir medicamentos más antiguos que no funcionarán tan bien.

Es importante preservar la eficacia de los antibióticos existentes, mientras que el uso excesivo de los antibióticos agrícolas no puede ignorarse en esta ecuación. En todo el mundo, la mayoría de los antibióticos no se utilizan para tratar enfermedades en humanos y mascotas, sino para el ganado.

En un artículo del International Journal of Antimicrobial Agents, los investigadores declararon que “la pandemia en curso está ampliando los límites de la administración óptima de antibióticos” y pidieron que se dejen de usar agentes antimicrobianos cuando no sea necesario.

Por lo tanto, asegúrese de evitar siempre los antibióticos a menos que sean muy necesarios. Además, elegir alimentos orgánicos puede ayudarle a evitar la exposición a residuos de antibióticos, al mismo tiempo que apoya a los productores de alimentos que no contribuyen a la RAM.

También deberá tener cuidado con el uso de desinfectantes y sanitizantes, utilizarlos con moderación y solo cuando de verdad sea necesario como cuando está en un hospital o clínica.

Image by Matvevna from Pixabay

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