Por Mauricio del Villar, MasdeMx, 12 de abril del 2021.

Diálogo con Dora María Moreno López

* “Repensando México, desde Oaxaca” es una serie de entrevistas que compila voces y perspectivas sobre el país, y sobre la vida, provenientes del estado. Se trata, simplemente, de enriquecer el vasto imaginario que confluye en el territorio mexicano. 

Cuenta la gente de la comunidad de Santiago Chazumba enclavada en la región de Huajuapan, Oaxaca, que hace alrededor de seis décadas nació una niña que vivió sus primeros años de vida acompañada de sus abuelos; ella gozaba su cotidianidad entorno a los alimentos y la vida comunitaria.

Dora María Moreno López se define a sí misma como una mujer que desde que estaba joven quiso salir de su espacio, de la comunidad donde nació, con la idea de estudiar algo referente a medicina, para después regresar y trabajar con las mujeres y hombres de las comunidades en el ámbito de la salud pública y el desarrollo de la vida comunitaria.

¿Qué recuerda Dora de la vida en su niñez? 

Mis primeros 5 años de vida los viví con mi abuelo, Jerónimo, y mi abuela, Lolita; yo fui la primera nieta. Me consentían mucho. Yo nazco en casa de mis abuelos y al año con mis papás nos vamos a la ciudad de México, a los dos días mi abuela se estaba muriendo y pues ahí va mi tía por mí a México y me trae de regreso para que se compusiera mi abuela. Mi papá quería mucho a su mamá y dijo “pues que mi hija se vaya si su remedio es Dora María”, y allí estuve hasta los 5 años, ya después mi mamá regresó por mí para que estudiara en el jardín de niños en la Ciudad de México. Cuando regreso con mi mamá no sabes cómo me fue, me servía el plato de arroz con chícharos y era un tiradero de chícharos debajo de la mesa, porque no estaba acostumbrada y mi mamá desesperada me decía “pues qué carajos comías con tu abuela”, pues ya le decía que taquitos de queso, taquitos con huevito, taquitos de mole guajes y muchas cosas más, ya después me acostumbré a la comida de mi mamá. 

Recuerdo que mi abuelo me decía “trae la canasta porque vamos a recoger los huevos al gallinero”, iba y le pedía la canastita a mi abuelita. Era una huerta grande, mi abuelo siempre fue muy cuidadoso y ordenado para sus cosas, la huerta estaba preciosa, unos aguacatales grandes, platanares y guayabales porque era un clima caluroso. Después de recoger los huevos me decía “¿quieres un huevito?” y yo le decía que sí. De él aprendí a comer huevos crudos, él tomaba uno y le pegaba tantito para hacer un agujero y yo le llevaba la sal y el limón, nos comíamos dos huevos cada uno. Casi siempre íbamos juntos, una convivencia muy sabrosa. Otra que recuerdo es que desde chiquita tomé café con ellos, mi abuelo me hizo una mesita que ponía al sol con mi sillita y me ponía un plato con crema, otro con pan de burro y mi taza. El pan de burro es un pan macizo, antes me decía mi abuelita “Dorita vete por el pan”, en ese entonces llegaban los mentados patlahuas, les llamaban a los que llevaban el pan, llegaban los sábados en la tarde porque el domingo era el día de plaza, había de panela y de azúcar. Con los abuelos tomábamos café desde las 7 de la mañana para no tener el estómago vacío, luego almorzábamos con café, a las 11 si tenías calor, café frío; luego a las 2 de la tarde después de comer otro café, otro a las 5 de la tarde y luego en la noche otra vez café. Ellos murieron de 96 años con una gran lucidez.

Como fui la única niña cuando estaba chica mi abuelita preparaba la comida y aunque fuera con chile, yo aprendí a comer chile desde chamaquita, entonces, así como comía mi abuelo me servía a mí y se servía ella. 

El cambio a la Ciudad de México fue muy difícil, mi mamá nos servía los platos de papaya, los caldos de res con verdura y el arroz con chícharos, eso era otra alimentación y otra sazón, yo a mi mamá no le decía mamá, le decía Rosita. En México viví nada más dos años y después nos regresamos a Santiago Chazumba y fue a los 14 que ya me fui a la ciudad de Oaxaca. Yo aprendí muchas cosas de mi mamá, pero me costó trabajo. Cuando regresamos a Chazumba mi mamá le exigió a mi padre que viviéramos aparte de mis abuelos, pero yo diario iba a ver a mis abuelos. 

Mi abuelo me forraba los libros con el papel que envuelve el cemento. También trabajaba la carpintería y tenía unos lápices con madera viva de su color, con su carbón en medio. Cuando me hacía falta un lápiz él me daba. 

Salud, un concepto integral

Dora María Moreno López

¿Cómo fue el camino de Dora entorno a su experiencia en la salud pública?

Las posibilidades de mis padres casi eran mínimas porque me tocó ser la primera hija y atrás estaban cinco hermanos. La amistad de mi madre con la enfermera de la comunidad me permitió irme a casa de los papás de la enfermera a Oaxaca y ahí ayudar en los trabajos de la casa para poder estudiar. Una vez que pude lograr esa meta, conseguí un contrato y luego una base, así empecé a estar más estable económicamente. 

Una de las primeras comunidades donde trabajé como enfermera fue San Miguel Achiutla. Yo estaba fascinada con el trabajo en comunidad ya que me involucraba con las mujeres y eso fue bien importante, que ellas generaran esa confianza conmigo como enfermera. En esa comunidad estuve 5 años y tanto fue mi involucramiento que tomé el encabezamiento del carnaval y fui parte del trabajo comunitario. 

Mi familia siempre me decía que dejara la comunidad y que intentara irme a la ciudad, pero yo siempre valoré estar ahí, esto en parte se debe a las enseñanzas de mi abuelo, Jerónimo. Yo recuerdo cómo llegaban a consultarle acerca de la vida en la comunidad, la tierra, sobre los problemas agrarios y de salud también. Él tenía una pequeña biblioteca y tenía algunas revistas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y leía mucho, era muy culto, fue un maestro rural. Esa sencillez de mi abuelo con la que trataba a las personas con respeto y mucha responsabilidad marcó mi vida de muchas formas y aprendí mucho de lo comunitario de él. Hoy en día muchas personas que se dicen estudiadas, no les interesa estar relacionadas con la comunidad y lo que significa ser parte de ella, están más interesadas en hacer dinero, tener un buen carro, vestirse bien y no ensuciarse con la tierra. Muchas generaciones están siendo educadas de forma diferente. Inclusive aquellos que han sido maestros, están más interesados en la lucha magisterial que en el fortalecimiento comunitario. 

Cuando yo conocí San Juan Copala, donde estuve haciendo un servicio, mi convivencia con la zona triqui fue fuerte, el ajusticiar a alguien es tremendo y por conflictos personales. Recuerdo que salía una brigada y se internaba hacia adentro, a lo que ellos llaman barrios, entonces llegamos a Yutazani para salir a Putla. En ese trayecto iba con el sacerdote, una monja, una trabajadora social, el médico y yo como auxiliar. Entonces en ese caminar nos tocó encontrarnos a un niño llorando y el agente municipal que iba con nosotros le pregunta en triqui “¿Qué le pasaba?”, y el niño llorando responde “es que mi padre está destazado” y el niño le dijo quién había sido, el agente se fue a Putla a buscar al asesino y al encontrarlo se lo llevó amarrado hacia Copala por una travesía. Allá lo encerraron y una forma de quedar marcado es cortarte parte de una oreja, entonces, quedó marcado y ni si quiera se permite que los curen. Algo impresionante pero luego va uno asimilando esas formas que tienen ellos

Después de estar en San Miguel Achiutla renuncié a salubridad y decidí trabajar en el seguro social de Tlaxiaco, me gustaba mucho el trabajo de quirófano. La vida en el seguro social me gustó mucho ya que aprendí muchas cosas, el servicio de urgencias era muy movido, dinámico, nos llegaba de todo. En eso también me ocupaba de ver qué otras necesidades tenía la gente más allá de la salud. A Tlaxiaco llegaban personas de muchísimas comunidades como Cuanana, Yosondua, Itundujia y todo alrededor. Este hospital se fundó en 1980 como IMSS Coplamar. En su esencia tiene mucho de bueno y para mí la relación con la gente fue bien importante, porque llegaban con la necesidad de que las escuchara y a veces no necesitábamos darle medicamento, sino con una plática o una orientación uno puede curarse. 

Yo nunca faltaba a los cursos y me gustaba mucho leer. Cuando tenía 40 años decidí irme a hacer la licenciatura a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entonces eso me permitió aprender más. Haz de cuenta que la enfermería técnica la estudié en la prehistoria y la licenciatura cambió mucho en el contenido y las formas de estudiar, tuve que entrarle a aprender computación y fueron mis hijos quienes me enseñaron lo básico y ya después me puse a investigar. En esta segunda etapa de ir fue bien interesante porque ya tenía la práctica; pase la carrera con 9.6 y me condonaron todos los pagos de titulación. Yo era la más grande del grupo, ya que tenía compañeras como de 20 años. Ahí noté una gran diferencia porque recuerdo había unas maestras muy exigentes y había que hacer conversiones para la dosificación de medicamentos, yo sentía una gran seguridad porque no requería de una calculadora para sacar la información. En ese tiempo aprendí a dormir 4 horas nada más, me levantaba a las 5 para ir trabajar al hospital, al terminar mi turno regresaba a la casa, hacía de comer para estar con mis hijos y después a clavarme en las investigaciones y trabajos que me dejaban; terminaba como a la 1 de la mañana. Esto era de lunes a viernes y para el fin de semana me arrancaba a Puebla para presentar exámenes el fin de semana, así estuve dos años. 

Mi trabajo con la salud siempre me gustó mucho, también anduve en muchos temas como el sindical, tuve una comisión y me liberaron el tiempo para dar talleres en Juxtlahuaca y Huajuapan para que las personas conocieran el contrato colectivo de trabajo, al grado de que el secretario general de la sección dijo “será bueno que Dora María tenga el tiempo libre para hacer todas estas cosas”, como que pensó al rato nos va a voltear a la gente, sobre todo porque señalaba los actos de corrupción. Por eso tengo muy buena relación con todas las enfermeras de unidad médica rural, con los talleres les mostraba los elementos del contrato colectivo. 

También fundamos el centro de radiodifusión que se nombró Radio CARA, la voz de la salud. Fue una estrategia para difundir los temas de salud y que llegaran a las comunidades, a esos adolescentes que quedaban fuera de la escuela y que estaban más tiempo en sus comunidades. La XETLA, la voz de la Mixteca, nos capacitó para escribir guiones, para hacer programas y para el manejo técnico; muchas cápsulas traducidas al mixteco y al triqui, esto lo hacíamos con un equipo de jóvenes que llegaban y capacitábamos. El hospital de Tlaxiaco es el único hospital de la república que tiene un centro de radiodifusión y tratamos de difundirlo en otros hospitales que hablan en sus propias lenguas maternas. En ese momento me dijeron que metiera mis papeles de ese proyecto a una convocatoria a concurso nacional para que lo conocieran otros hospitales y lo envié con mucho material de todo lo que habíamos trabajado. De repente me hablan de nivel central que mi expediente había sido el ganador y el 6 de enero de 2009, el día de la enfermera, fui a recibir el premio, justo un año antes de jubilarme.

La sanción, un territorio en disputa

¿Nos podrías compartir algo sobre la salud vista desde la cotidianidad de las comunidades?

Por momentos había situaciones muy incómodas para mí, como cuando llegaban las mujeres para el parto y querían hincarse como ellas estaban acostumbradas, el médico le exigía a la mujer que se acostara, pero la mujer decía que así no encontraba fuerzas para pujar, entonces yo le decía al doctor hay que darle la oportunidad de que se hinque y él decía que cómo iba atender ese parto si la mujer no estaba acostada. Era complicado porque yo me identificaba con ellas como mujer y porque sé lo que es un parto, me ponía a pensar en ellas y a darles confianza, no me gustaba estar discutiendo con el médico. También me tocó ver que en una ocasión llegó la suegra con un botecito con aceite de comer y una pluma de pato, y decía póngaselo en la boca para que le genere ganas de vomitar y le hiciera pujar más, son métodos que se utilizan en las comunidades y hay que encontrar esa forma de convivir.  

Pienso en los programas de salud como el de adolescentes del CARA que yo estuve a cargo y el contenido es precisamente preventivo, yo digo que al menos ese programa sí está encaminado a la prevención en temas de sexualidad, la menstruación, las erecciones, el cuerpo humano y su funcionamiento. Creo que mucho es la forma en que se da el tema y cómo se percibe desde los jóvenes, como los derechos sexuales y especialmente los de la mujer. Uno de los retos es la invasión que se tiene de fuera y que también muchas mujeres estén a expensas de lo que les dice el varón y es ahí donde tenemos que reforzar. 

La nutrición es una parte importantísima, cuando las mujeres tienen que salir a trabajar fuera de su casa, muchas madres solteras, pueden dar como resultado que la alimentación se convierta en lo más rápido o cómodo. Cuando nacieron mis hijos a cada uno le hice 100 pañales de franela y en el refrigerador tenía las papillas listas. Yo me levantaba a las 4 de la mañana a lavar pañales y a las 7 ya estaba puesta para ir a cubrir el servicio de urgencias o el que me tocara en el hospital, no tenía una pereza como para ocupar desechables o comida rápida. Fui exigente en ese aspecto, el de la comida era muy importante. El tiempo que estaba con ellos platicaba y les recomendaba mucho, nunca tuve problemas con ellos. La alimentación va ligada a la educación en casa.

Posterior a la etapa de salud, ¿cómo fue el vínculo de Dora con la tierra?

Mi vínculo actual con la tierra es fascinante, al jubilarme platiqué con mi compañero Manuel y decíamos “ahora qué vamos a hacer”, en el sentido de que somos inquietos, nos gusta involucrarnos en la lucha, en nuestras vidas no pasa desapercibido lo que pasa en el país y en nuestras comunidades. Quisiéramos que se avanzara y que las comunidades no se estanquen, hemos tenido tantos gobiernos corruptos y la política es muy sucia, sobre todo en Tlaxiaco. Entonces nos dimos cuenta de que ahí no cabíamos y pensamos en hacer nuestro proyecto sin exponernos con esta gente que te vas dando cuenta de toda la corrupción en las campañas y dijimos pues vámonos. Fue entonces cuando decidimos irnos de lleno a la comunidad de Ojo de Agua donde ya teníamos conejos y gallinas, pero no estábamos tan de cerca. 

Una de las primeras cosas que hicimos fue hacer un campamento con niños, principalmente hijos de familiares. Les dijimos que nos prestaran a sus hijos y que cooperaran para la comida. Así que nos soltaron a los hijos y sobrinos, toda una semana estuvimos hablando del daño que causaba la chatarra y la mala alimentación, que está muy arraigado en las comunidades. En esa semana no hubo nada de chatarra, comimos aguas frescas, quelites y alimentos elaborados de los productos sembrados en la región.

Una de las cosas que se tiene que rescatar de la vida comunitaria es el trabajo con la tierra, el trabajar los abonos naturales, ser autónomos de la alimentación porque cuando te empiezan a imponer otro tipo de comidas se olvidan de la cosecha de la milpa, de los chayotes, de los ejotes, del maíz originario, el frijol, la alverja, el amaranto, las hortalizas, tener los conejos, las gallinas y los huevos. No es algo del otro mundo, muchas familias campesinas lo tienen, el asunto es la flojera y la pereza que en muchas generaciones últimas se ha dado con respecto a la vida del campoHay una desvalorización, recuerdo que antes decían estudia para no acabar en el campo y los hijos con trabajo se iban a estudiar a la ciudad, se hacía licenciado o ingeniero, se iban a emplear buscando trabajo a base de un sueldo que implicaba un cambio en la calidad de vida de las personas. La gente puede estudiar lo que guste, pero si tiene unos metros de tierra o unas macetas que las siembre y no se olvide del valor de la tierra. Los médicos podrán tener las manos pulcras para su trabajo, pero también deben involucrarse en sembrar algo, no van a desmerecer nada por hacerlo. 

Hay un desprendimiento de la tierra. Ahora he aprendido más, como lo que siembro y es tan rico porque es un sabor completamente diferente y ¡cómo lo disfruto! Tengo 62 años, es cansado el trabajo, pero es algo muy reconfortante comer lo que produces, el cuidar el medio ambiente, a las abejas que son muy importantes y no debemos utilizar venenos para las plantas para no dañarlas, todo está conectado. Aquí en nuestro rancho queremos ser un ejemplo de que otra vida es posible, de que sirve conocer experiencias y no cambiar nada en tu propia vida, generar cambios en la vida cotidiana. Los que vienen a vernos aprenden de nuestra vida y eso nos da mucho gusto.

Los retos que derivan del abandono del campo

Para ti, ¿qué representan los 500 años de la caída de Tenochtitlán?

Yo veo una resistencia de nuestros pueblos y, aunque no hablemos el mixteco, nuestra lengua materna, siento que seguimos resistiendo y adquiriendo conocimientos. La resistencia de 500 años continúa, el gobierno tuvo que entender que era necesario tener la medicina alópata y el médico, pero por el otro lado está la habitación del curandero que hace limpias, que da esencias, hace cosas diferentes para curar a la persona, eso es una resistencia.

El sembrar es una resistencia y el pensar que de las latas nace la comida es un error. El rescate del amaranto es otra resistencia, es algo formidable, continuar sembrando maíz y frijol, todo eso nos da la posibilidad de resistir. Tenemos que continuar hablando con la gente para que no siembre transgénicos, los cuales a la larga nos hacen dependientes de la compra de esa semilla. 

No entiendo para qué las personas quieren acumular riqueza si podemos vivir en una casa sin ser ostentosa, cambia mucho la perspectiva desde cómo vives la cotidianidad de una forma sencilla como nuestra casa de madera donde estamos a gusto. Es una resistencia que también se disfruta la manera cotidiana de construir la vida. Debemos comer bien y vivir con tranquilidad para evitar enfermarnos, tener una conciencia amigable, propositiva y comunitaria. 

¿Qué aporta Oaxaca al territorio mexicano? 

Me siento muy afortunada de vivir acá y de ser Oaxaqueña, no me gusta que nos vean como folklore. Por ejemplo, como en el caso de la ropa típica, se tiene que valorar la gran habilidad para hacer ese tipo de tejidos en telares, hay un contenido cultural fuerte y no folclórico. Las mujeres son las que han forjado esa resistencia al continuar vistiendo la ropa que ellas mismas hacen, en muchos lugares se ve la diferencia con el varón que ya usa ropa más estilizada y dejaron de usar la ropa de manta. 

En muchas de las crisis económicas que ha habido aquí en las comunidades, la gente tiene para comer, tienen sus comunidades que los respalda. Hay una diversidad de climas, de producción, de alimentos, de sazones que mucha gente se cuelga para irlos a exponer como los chefs, pero en realidad están en la comunidad. 

Gracias a que hay naciones como la triqui, mixteca, mixe y otras más, hay una protección hacia nuestras culturas, claro hay invasiones y tratan de meter ideas de fuera que quieren apoderarse del territorio. Muchas veces de forma engañosa y mañosa han permitido que se firmen concesiones para mineras y otras cosas más. Hay gente en muchas comunidades que resisten ante estas situaciones y luchan día con día. El agua es una preocupación porque muchas veces no se cuida y hay intereses externos que tratan de acapararla; tenemos que reforestar y sembrar árboles para cuidar la vida. Cuando los jóvenes salen a estudiar les dicen que ya no toquen tierra y que no hagan trabajos fuertes, muchos jóvenes ya no se involucran porque andan en el celular y otras formas de vida. Hay cosas buenas y también muchos retos en las nuevas generaciones que dejan mucho que desear. 

El trabajo que actualmente hacemos con la Red de Amaranto de la Mixteca nos ha permitido caminar juntos en muchos aspectos y en estos meses que hemos andado con la pandemia hemos realizado acciones que han valido la pena. Nos juntamos para dialogar y es en el trabajo colectivo donde hay mucho que hacer y donde tenemos mejores resultados, si estuviéramos cada uno por su lado no hubiéramos logrado lo que tenemos hasta ahorita. 

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Nota sobre el premio nacional que recibió el día de la enfermera por el proyecto RADIO-CARA “La voz de tu salud”.

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