Por Redacción, MasdeMx, 04 de marzo del 2021.

Con la ganadería regenerativa se logran mitigar algunos de los efectos más brutales, pero sutiles, del cambio climático.

¿Por qué las vacas tienen tanto que ver con el cambio climático? En realidad no se trata del animal en abstracto, sino del sistema de ganado extensivo en el que está inserto. Resumiendo el impacto ambiental de esta actividad agropecuaria, la ganadería extensiva degrada y erosiona los suelos, porque los compacta de sobremanera cuando una vaca pisa, una y otra vez, el mismo espacio. Además de que en grandes extensiones de terreno eligen los alimentos que más les gustan y dejan de lado todo lo demás, que como resultado se “asfixian” los suelos, como ilustra el artículo “Ganadería regenerativa” de Fulvio Eccardi y Daniel Suarez, publicado en la revista Nexos. Estos dos elementos contribuyen al 14.5% de los gases de efecto invernadero, sin contar las emisiones que derivan de la tala para espacios agrícolas. La ganadería regenerativa atiende, justamente, estos dilemas, pero no sólo eso.

Con el paso de los años, con todas las modificaciones genéticas tenemos alimentos que pueden ser más baratos pero menos nutritivos. Como muestra el mismo artículo, las vacas no evolucionaron para comer semillas como el maíz y la soya, que es con lo que más se les alimenta. Así estos alimentos de baja calidad afectan la salud del ganado, pero también la nuestra cuando consumimos leche, carne, queso, etc.

¿Cómo funciona?

Pero, ¿realmente cómo funciona la ganadería regenerativa? Se usa menos extensión de tierra para el ganado y se trabaja con tiempos de reposo. De esta manera, cuando el animal camina por el terreno, pero no repetitivamente, fractura la superficie y ayuda a que se filtre mejor el agua. Por la extensión del terreno el ganado tiene menos opciones y entonces diversifica su alimentación. Así, tanto sus heces como orines se vuelven excelentes fertilizantes de la tierra, entre otras cosas.

Parte de lo que nos podemos llevar de la ganadería regenerativa es que los cambios más notables, agresivos o innovadores, no necesariamente derivan de altas inversiones y largos procesos de invenciones científicas. Como en muchas cosas, la solución que ofrece esta forma de gestionar ganado tiene que ver con observar los ciclos de la tierra, entender la lógica del planeta en el que vivimos y, simplemente, adaptarnos a ella. Habría que decir, además, que muchas de estas cosas se practican de forma sustentable en México porque parten de conocimientos de pueblos originarios, que no tienen como fin imponerse sobre su entorno. Por ejemplo, la diferencia entre una milpa y los extensos terrenos con monocultivos híbridos.

ACO
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