Por Cecilia Rosen, IPS Noticias, 15 de febrero del 2021.

Un estudio publicado en Scientific Reports por investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aporta por primera vez evidencia de que los transgenes pueden tener un impacto en el ecosistema natural de Gossypium hirsutum.

Esta especie silvestre de algodón, que se originó y diversificó en México, representa 95 por ciento de la producción global de algodón y sirve como segunda fuente de aceite comestible en el mundo.

Ana Wegier y Valeria Vázquez, investigadoras del Instituto de Biología de la UNAM y autoras del estudio, lideraron un equipo que analizó la respuesta de plantas silvestres ante la presencia de transgenes en la reserva de Ría Lagartos, península de Yucatán.

Tras observar las interacciones de las plantas en su ecosistema natural, las investigadoras encontraron, por ejemplo, que aquellas que tenían un gen resistente al glifosato, producían mucho menos néctar que sus pares sin transgenes.

Los cambios en la producción de este compuesto afectan a su vez la relación con distintos tipos de hormigas, incluyendo especies agresivas que son capaces de dañar a las plantas.

“Los resultados muestran que los genes que ‘escaparon’ de los cultivos de algodón, con funciones como la tolerancia al glifosato y la resistencia a las plagas, tienen efectos fisiológicos inesperados con consecuencias evolutivas y ecológicas que ponen en riesgo a las poblaciones de G. hirsutum. Estos efectos alteran también las interacciones de otros organismos con la planta, y comprometen la conservación a largo plazo de la especie”, aseguran las científicas en un comunicado.

“[El estudio] deja ver las implicaciones que puede llegar a tener el liberar OGM en el centro de origen y diversidad de la especie sin las medidas y la información suficientes sobre las posibles consecuencias”, dijo a SciDev.Net, vía correo electrónico Francisca Acevedo, coordinadora de agrobiodiversidad en la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) de México, quien no participó en el estudio.

El uso del algodón transgénico inició en México a partir de 1990 como respuesta a una reducción significativa debido a la presencia de plagas y altos costos de producción, y su presencia, según una evaluación publicada en 2018, permitió reactivar la industria y se redujo el uso de insecticidas químicos.

Sin embargo, los autores del documento advirtieron: “es necesario implementar medidas de control en el transporte del algodón transgénico para evitar la dispersión involuntaria del flujo génico hacia zonas de cultivo silvestres, así como hacer más investigación con variedades no-transgénicas de algodón para mejorar la producción”.

Para Wegier, quien ya había reportado contaminación por algodón transgénico en 2011, la reciente prohibición del uso de glifosato en ese país es la oportunidad perfecta para reconsiderar el uso de semillas de algodón transgénico resistente a este herbicida.

“De hecho, la mayoría de los problemas asociados a su siembra podrían resolverse utilizando el ‘pool’” primario nativo de la especie, sin necesidad de transgénicos”, opinó la investigadora. Es decir, que se pueden ensayar distintas combinaciones entre las variedades de G. hirsutum hasta encontrar aquella que resulte en un mejor desempeño.

Para Acevedo, la nueva evidencia debería usarse para la toma de decisiones sobre el uso de algodón transgénico.

“A diferencia de lo que muchos han pensado hasta hace poco, sí existen consecuencias ecológicas y evolutivas. Es inminente capitalizar estos hallazgos en relación a como y qué decisiones se debieran tomar respecto a las posibles liberaciones futuras de los algodones transgénico en México”, agregó Acevedo.

Tanto Wegier como Acevedo coinciden en que se necesitan estudios más amplios para saber si los efectos reportados son generalizables a otras poblaciones y áreas del país, así como observar el impacto acumulado del uso de transgénicos, además de intentar proponer metodologías para mitigar el daño.

“La Conabio ha insistido en que se debe evitar que las liberaciones de transgenes se den donde exista la posibilidad de que haya flujo génico”, dijo Acevedo. Esto sería posible, por ejemplo, con control y monitoreo estricto de parte de los entes reguladores.

“La situación actual respecto a las poblaciones silvestres es delicada y preocupante porque ya cuentan con la presencia transgenes al tiempo que se desconoce cuáles son las consecuencias de este flujo”, concluyó Acevedo.

Este artículo se publicó originalmente en SciDevNet América Latina.

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