Por Patricia Mayorga, Proceso, 04 de febrero del 2021.

En las comunidades aledañas a la mina El Concheño de Minera Frisco, en el municipio serrano de Ocampo, el agua que utilizan para el consumo diario tiene un color que cada vez se torna más oscuro.

Hoy, dice Jesús Lozano, habitante de la comunidad de Basaseachi y uno de los principales denunciantes, en los hogares no pueden lavar la ropa ni los trastes, menos utilizar el agua para cocinar, ni siquiera hervida. “En las casas casi todo mundo compra agua embotellada”.

Comenta a Proceso que poco antes de la pandemia los estudiantes tomaron agua de los bebederos de las escuelas, como se acostumbraba, lo que les provocó vómito y diarrea.

Y agrega: “Conagua dijo que el agua no tenía nada; incluso vinieron, pero primero fueron a la Presidencia Municipal. La comunidad quiso hacer una huelga en la compañía minera, pero las autoridades disolvieron la protesta y hasta ahora no han hecho nada. Ha habido reuniones con los presidentes seccionales, pero poca gente se avienta al ruedo”.

Les prometieron solucionar el problema por medio del Fondo Minero, que le llegaba directo a la Presidencia Municipal, pero ese fondo desapareció junto con los fideicomisos a nivel federal, dice Lozano.

Entre las comunidades afectadas están Baquiriachi, cuya población es mayoritariamente indígena; El Potrero; Basaseachi; El Pedrero; Nabosaigame, y Alisó Cuate.

“Las comunidades de Baquiriachi, El Potrero y Basaseachi toman agua del mismo arroyo. El agua viene a caer en Navojoa y a la cascada de Basaseachi, que es una belleza turística internacional. Ya no se sabe ni qué. Las lagunas de lixiviación, lo sabemos, utilizan mucho cianuro y adentro avientan grasas, aceites, ¿cómo se va a andar bañando uno con aceite?”, dice el entrevistado.

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