Por Arnaud Jouve, RFI, 25 de enero del 2021.

Durante la guerra de Vietnam (1960-1975), que enfrentó a Estados Unidos con el Frente Nacional de Liberación de Vietnam (Viet Cong), el ejército estadounidense arrojó sobre Vietnam tres veces y media el tonelaje de bombas lanzado durante toda la Segunda Guerra Mundial e hizo un uso masivo de armas químicas. Se estima que se arrojaron 346,5 millones de litros de agentes químicos. El 62% de estos productos, conocidos como Agente Naranja, contienen dioxina, uno de los venenos más tóxicos conocidos, alrededor de 84 millones de litros sólo en Vietnam fueron esparcidos por vía aérea por el territorio vietnamita.

Con el tiempo estos productos pasaron a la tierra y a las aguas y siguen envenenando a la población. Entre 2,1 y 4,8 millones de personas vivían en las zonas rociadas y estuvieron directamente expuestas al defoliante durante la guerra. En la actualidad, más de 3 millones de personas siguen sufriendo las consecuencias, según la Cruz Roja Vietnamita.

Las víctimas han intentado sin éxito en distintos países del mundo que se reconozca esta tragedia. Pero hace seis años se lanzó en Francia una demanda por parte de Tran To Nga, víctima franco-vietnamita, contra 26 empresas químicas multinacionales que fabricaban este veneno, entre ellas las estadounidenses Monsanto y Dow Chemical. Por primera vez, este juicio celebrará el lunes 25 de enero de 2021 una audiencia en la que se presentaran alegatos que dará lugar a un veredicto en lo que representa un juicio histórico para todas las víctimas del Agente Naranja.

RFI entrevistó a André Bouny, el fundador de la organización DEFI Vietnam y del Comité Internacional de Apoyo a las Víctimas Vietnamitas del Agente Naranja (CIS), un experto de renombre mundial en esta tragedia. Bouny, quien realizó la primera intervención sobre el Agente Naranja en la ONU en marzo de 2007,  llevó su lucha por el reconocimiento de las víctimas al abogado William Bourdon y a la demandante Tran To Nga. Además Bouny es autor del libro de referencia sobre el tema, L’Agent Orange : Apocalypse Viêt Nam, publicado por Demi-Lune, y también es autor de Cent ans au Viêt Nam, publicado por Sulliver; Viêt Nam, voyages d’après-guerres, y En attendant le veredict du procès de l’Agent Orange en France, publicado por Canoë.

RFI: ¿Qué está en juego en el tribunal de gran instancia de Évry (Francia) entre la demandante Tran To Nga y las 26 empresas que produjeron el Agente Naranja?

André Bouny: Después de seis años de proceso, llegamos a la etapa de la audiencia de alegatos, es decir, el enfrentamiento oral entre los abogados de la defensa, que son los abogados adjuntos de la plaza de París y los abogados de los firmas estadounidenses.

Las empresas de la industria química, productoras de este veneno, se han rodeado de grandes firmas de abogados en Estados Unidos, pero como no pueden desplazarse cada vez que hay una audiencia y hacer traducciones técnicas y jurídicas, han contratado abogados sustitutos en Francia y han recurrido a los mejores abogados del mercado parisino. Este lunes [25 de enero], los alegatos opondrán entre 30 y 40 abogados de las empresa al bufete de William Bourdon, compuesto por tres abogados: William Bourdon, Amélie Lefebvre y Bertrand Repolt.

La demanda de Tran To Nga consiste en demostrar y llevar a los tribunales que es una víctima del Agente Naranja porque presenta un cúmulo de patologías que son reconocidas en relación con el Agente Naranja por la Academia Nacional de Ciencias de Washington a través de su Instituto de Medicina. Se trata de un instituto de referencia que cada dos años actualiza, a través de sus investigaciones, la lista de nuevas patologías reconocidas en relación con la dioxina contenida en el Agente Naranja. En base a esto, la demandante demanda a las empresas, no para ser compensada económicamente – tiene 78 años – sino para que se reconozca esta tragedia que ha sido la batalla de su vida. Esta demanda sólo valdrá para ella. Porque aunque haya un gran número de víctimas, todas deben demostrar ante el tribunal que estuvieron en el lugar donde se esparció el veneno, cómo se contaminó, deben obtener testimonios, resultados médicos que demuestren mediante análisis el envenenamiento y la naturaleza de las enfermedades. Tran to Nga, víctima de una enfermedad de la sangre, también menciona el caso de sus hijas: una, a la que dio a luz en la selva, murió de tetralogía de Fallot a los 18 meses, una enfermedad propia de este envenenamiento. Sus otras hijas siguen vivas pero también tienen problemas de salud a causa de este veneno. Este lunes, por primera vez, se llegará a una audiencia de alegatos en un juicio sobre el Agente Naranja con el arsenal legal de un Estado.

¿Por qué este juicio es importante?

Según el informe estadounidense Stellman, elaborado por Jeanne Mager Stellman, entre 2,1 y 4,8 millones de personas que vivían en las zonas rociadas estuvieron directamente expuestas al defoliante durante la guerra. Hoy, más de 3 millones de personas siguen sufriendo las consecuencias. Como resultado de la fumigación aérea, la dioxina pasó al suelo y a las capas freáticas que alimentan las ciudades y el campo. Vietnam es un país con muchos cuerpos de agua: hay 36 vertientes que llevan la dioxina hacia zonas que no habían sido expuestas. Por lo tanto, aunque el nivel de dioxina baje a medida que se desplaza, contamina cada vez más superficies. Cabe mencionar además de que los Vietminh, es decir, los combatientes del Norte que vinieron a ayudar al Viet Cong en el Sur y a los nacionalistas independentistas -porque no sólo había comunistas-, volvieron al norte del país y tuvieron hijos con patologías, con efectos transgeneracionales demostrados por estudios que prueban que el envenenamiento puede producirse a lo largo de varias generaciones, y que también da lugar a lo que se llama niños monstruos que han desarrollado efectos teratogénicos.

Esta demanda, que sólo implica a Tran To Nga, podría desencadenar otras iniciativas en Vietnam y otros países, ya que estas dioxinas se han utilizado de muchas maneras, por ejemplo, en el mantenimiento de los bosques o por parte de las grandes empresas ferroviarias, incluso se han utilizado en los parques infantiles para que no haya malas hierbas. Lo que Tran To Nga espera es que, si gana -lo que no es seguro, porque sea cual sea el veredicto, habrá un recurso de una o de la otra parte-, eso sirva para animar a otras víctimas a hacer lo mismo. Por eso este juicio es histórico porque sentará un precedente que podrá ser utilizado por todas las víctimas.

¿Ha habido otros intentos de acción legal que no han tenido éxito?

En Estados Unidos ha habido intentos de emprender acciones legales por parte de veteranos del ejército que se han visto afectados de forma similar por sus propias fumigaciones. Estos intentos nunca tuvieron éxito para no sentar un precedente. En Estados Unidos, la justicia es sobre todo jurisprudencial y, por tanto, si una víctima ganara, provocaría el reconocimiento de todos los demás procedimientos. Las empresas no quieren eso. Recientemente, por ejemplo, los tribunales estadounidenses han concedido a un jardinero californiano, Johnson, más de 140 millones de dólares en apelación (en primera instancia fueron algo más de 400 millones de dólares). Sólo en Estados Unidos hay más de 14.000 demandas contra estas empresas, además de las que hay en otros países. Lo que no quieren es que haya precedentes. En Corea del Sur también hubo un juicio en el Tribunal Superior de Seúl que condenó a Monsanto y a Dow Chemical a pagar ciertas cantidades a sus veteranos que intervinieron junto a los estadounidenses, como fue el caso de los neozelandeses, australianos, tailandeses y canadienses, pero hubo maniobras diplomáticas subterráneas y las víctimas nunca fueron indemnizadas.

Con el juicio en Francia, estamos llegando a un punto del proceso al que nunca habíamos llegado. Lo que es histórico es que por primera vez se ha llevado el juicio a una audiencia de alegatos y a un veredicto, y por primera vez con el arsenal jurídico de un Estado independiente. En Francia existe lo que se conoce como el monopolio de la fiscalía en relación con los jueces franceses. Si el Estado francés considera que el juicio puede costar más porque, por ejemplo, Estados Unidos va a tomar represalias económicas contra nuestras exportaciones, lo que provocará desempleo en Francia, la fiscalía puede bloquear el juicio. Este juicio se llevó a cabo bajo el derecho civil; si se hubiera llevado bajo el derecho penal, es muy probable que el monopolio de la fiscalía hubiera bloqueado la denuncia.

Lo que más molesta a las empresas es que esté relacionado con la guerra. Cuando es un asunto puramente civil, no afecta al gobierno, a los mercados militares-industriales, es un asunto civil entre civiles. Lo que también es histórico es que afecta a la industria bélica.

¿Qué sucedió durante estos seis años de proceso?

Durante estos seis años, las empresas probaron todo tipo de cosas. Crearon incidentes legales utilizando el reglamento, por ejemplo en un momento dado trataron de hacer caer la demanda en su beneficio diciendo que había gente que se reunía en el tribunal y ensuciaban los nombres de empresas como Monsanto o Dow Chemical  e intentaron demandar por difamación. Eso fue un peligro real para la parte de la defensa, pero el juez de entonces no les dio a lugar. Tran To Nga pudo beneficiarse de un gran apoyo, que le permitió no dejarse abrumar por este tipo de eventos, que al principio no aportan nada pero pueden ser contraproducentes. Recientemente, las empresas pidieron los recibos de sueldos de Tran To Nga, que era periodista, en los tiempos de guerra. Intentaba sobrevivir en el camino de Ho Chi Min abriéndose paso por la selva para conseguir algo de comer, y las empresas saben que nunca podrá presentar una hoja de salario.

Tran To Nga tiene 78 años y está enferma. El objetivo de las firmas es ganar tiempo a la espera de que ella muera, porque si muriera, todo se detendría. Sus hijas, igualmente afectadas [por el Agente Naranja], podrían tomar el relevo, pero sería muy complicado. Recientemente, los jefes de estas empresas, los directores de los consejos de administración, los directores generales, han pedido estar presentes en el juicio, lo que no tiene precedentes. Ni siquiera después de la catástrofe de Bhopal en la India [Nota del editor la explosión de una planta química en 1984 que ha matado hasta ahora a más de 7.500 personas] se presentaron al juicio. Pero aquí estamos tocando el tema militar. Detrás, hay cuestiones de suministros para el complejo militar-industrial, que también implica productos químicos. Ni siquiera sabemos si estarán presentes en el juicio. Consiguieron que la audiencia de los alegatos, inicialmente prevista para el 15 de octubre de 2020, se aplazara al lunes 25 de enero de 2021, con el pretexto de que la sala no era lo suficientemente grande para recibir a todos durante el período de COVID-19. Ahora dicen que los aviones procedentes de Estados Unidos no pueden aterrizar en Francia debido al COVID-19 y piden un nuevo aplazamiento con la esperanza de que la demandante muera. Están jugando con el tiempo. Pero la fecha del 25 de enero se mantiene firme.

El 25 de enero, primero los tres abogados de la defensa harán sus alegatos y después será el turno de la parte contraria con sus múltiples representantes. Luego habrá un resumen llamado nota de conclusión que se hará y se enviará a todos. A continuación, los jueces se reunirán y deliberarán y se dará un veredicto en un plazo de 15 días o un mes. ¿Será este veredicto ventajoso para Tran To Nga o para las partes contrarias?  Lo más probable es que haya un proceso de apelación en todos los casos, que suele durar un año. Mientras tanto, puede haber nuevos argumentos en contra por parte de las empresas, puede haber presiones del gobierno estadounidense, pero hay que confiar en los jueces.

Si el veredicto es favorable a la demandante, ¿qué se lograría?

Lo que cambiará al principio es el reconocimiento.  Hasta ahora, los estadounidenses nunca lo han hecho. Si hay un reconocimiento por parte del arsenal jurídico de un Estado independiente, ya es un reconocimiento para todas las víctimas, cuando siempre se les ha negado. Habrá alguna compensación económica para la víctima, pero sobre todo es un estímulo para que otras víctimas pasadas y futuras, dados los efectos intergeneracionales del Agente Naranja tomen la iniciativa. Si hay otro juicio, puede plantear cuestiones y contribuir al desarrollo del derecho internacional en este ámbito pero eso lleva mucho tiempo. El Estado de Vietnam, por su parte, no puede apoyar oficialmente este procedimiento en vista del acercamiento diplomático cada vez mayor con Estados Unidos, debido al expansionismo chino que se cierne sobre las islas Paracel entre otras. Vietnam está abriendo sus puertos de aguas profundas a su antiguo enemigo, Estados Unidos, para pedirle que lo proteja, y Estados Unidos está muy interesado en ello, para poder estar presente en una zona no muy lejana de China y Corea del Norte. Si bien este juicio cuenta con la simpatía de todo Vietnam, para quien este envenenamiento es una verdadera tragedia, no cuenta con el apoyo oficial del gobierno, que busca una buena relación con Estados Unidos.

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