Por Marcos Cortez Bacilio , La Jornada del Campo, 21 de noviembre del 2020. 

Ante el inminente cierre de fronteras entre países, los gobiernos imponen el bloqueo de ciudades enteras para evitar la propagación del virus. A nivel regional, comunidades ponen filtros y cierran puertas a foráneos que no pertenezcan a sus núcleos agrarios. Estas medidas preventivas han bajado la efervescencia de los mercados circunvecinos, ya que un gran número de campesinos de comunidades rurales de la parte media y alta de Costa Grande han optado por no bajar a vender sus excedentes en la cabecera municipal, sino dejarlos como reserva alimenticia, asegurando su autoconsumo familiar como medida anti-contingencia (además de aliviar el temor de posibles contagios al retorno a sus comunidades). La fragilidad del sistema agroalimentario globalizado se vuelve muy evidente y las restricciones comerciales podrían delimitar la aglomeración de alimentos importados, particularmente para los sectores peri-urbanos, situación que complica el abastecimiento de cultivos de temporal. Existe una necesidad urgente de promover nuevas estrategias para garantizar la producción de alimentos abundantes, saludables y accesibles para una creciente población humana urbanizada. La producción de frutas vivas y verduras frescas, crudas y locales de temporada pueden mejorar utilizando principios agroecológicos, contribuyendo así al autoabasto de alimentos y a la nutrición de las familias, y darle la oportunidad a nuestro cuerpo, -verdadera locomotora de curación, pero además a nuestro cuerpo colectivo- incrementar nuestra reserva mineral necesaria para la inmunidad, y sea una de las tantas formas de prepararse para la pandemia que llegó para quedarse por un largo tiempo entre nosotros. En las últimas dos décadas la producción urbana de alimentos se ha duplicado en varios países, y esta tendencia continuará a medida que las personas se den cuenta de que, en tiempos de crisis, el acceso a los alimentos producidos localmente es una estrategia consciente y resiliente; y no sólo una moda o tendencia.

El huerto y el sistema inmunológico

El sistema agrícola como el huerto enriqueció la base alimenticia del maíz al agregar a las dietas las proteínas de origen animal, frutas, verduras y tubérculos; esto ocurrió por que dicho sistema surgió en condiciones ambientales biodiversas y es considerado un sistema milenario. Hoy, estas prácticas ancestrales todavía persisten en los territorios, y son una opción viable para mitigar los estragos de la crisis sanitaria, que envuelve otras crisis, como la alimentaria y económica. Sin duda la pandemia es un llamado de atención que nos lleva a repensar desde lo local nuevas estratégicas de intervención. Los tiempos turbulentos exigen respuestas rápidas a la actual crisis sanitaria, plagada de temores y emociones encontradas que mutan hacia una esquizofrenia social aberrante.

Esta iniciativa propone aprovechar el tiempo de confinamiento para iniciar un huerto en casa; busca aliviar el miedo y, de paso, cambiar la forma en que entendemos la vida. Esto puede ayudar a explorar los vínculos entre el huerto y la salud humana, demostrando que la forma en que se practica esta agricultura familiar, favorece al sistema inmunológico, fortalece e incrementa nuestras defensas manera natural, prevé problemas de alimentación y sanidad. Por lo tanto, debemos cultivar nuestros propios alimentos, porque es una oportunidad de pensar la vida y la muerte; es decir, cultivar nuestra comida, nos hace más sensibles y conscientes sobre la gente que produce alimentos en el campo; además sobre el cuidado del medio ambiente. Dedicarnos al cultivo de alimentos en casa abre la posibilidad de consumir y elevar la calidad de los alimentos frescos; por ejemplo: chile, jitomate, cebolla y quelites (pápalos) son abundantes en vitamina A, B y C, fuente importante de magnesio, hierro, calcio y fósforo. A la par, 300 gramos de acelga te dan el 100 por ciento de vitamina C que necesitas al día, 27 por ciento de potasio, 30 por ciento de magnesio, vitaminas A, B1, B2, Hierro y Calcio; la lechuga es rica en vitamina A, E, C, B1, B2, y B3, así como en calcio, magnesio y potasio. Además, la combinación resultante de estos alimentos suministra las vitaminas y minerales necesarios por persona, conformando una nutrición completa y balanceada.

No obstante, en plena pandemia la población de Costa Grande incorpora cada vez más a su dieta alimentos chatarras con un alto consumo de azúcares y grasas. Los niños y jóvenes son quienes más los consumen, generando a temprana edad: obesidad y sobrepeso. Dentro de los alimentos básicos (energéticos) promedio destacan: las tortillas de maíz blanco, azúcar, arroz, aceites y pan de dulce. La fuente de proteínas (formadores) está representada principalmente por el frijol, pescado, pollo y huevo. Las frutas y verduras (protectores) las consumen en lo mínimo, pues únicamente aparecen: el chile, cebolla, jitomate y el consumo de frutas de temporal. A pesar del hecho de que pueden alimentarse de diversas especies de plantas comestibles, la dieta de la mayoría de las personas se compone de tres cultivos principales, como maíz, frijol y arroz que proporcionan más del 70 por ciento de las calorías consumidas en la región. Sin embargo, más del 80 por ciento de la población guerrerense no tienen acceso a suficientes calorías para alimentarse y padecen hambre oculta, ya que su ingesta y absorción de vitaminas y minerales son demasiado bajas para mantener una buena salud y desarrollo.

Producción y consumo de tus propios alimentos

El gobierno en sus diferentes niveles debe proporcionar información sobre los alimentos basura, como los productos ultraprocesados y refinados -su eliminación de las dietas ante futuras pandemias, cuyos daños están ampliamente comprobados-, que son los primeros que destruyen nuestras defensas inmunes, y la eficiencia de nuestro sistema inmunitario depende estrechamente de la calidad de los alimentos que consumimos. En virtud de ello, en diferentes colectivos campesinos regionales promueven estas alternativas desde hace más de una década, y hoy más que nunca se revive el aprender a vivir y disfrutar de nuevo en familia. La población urbana, debemos interesarnos y tomar el control de nuestra salud y alimentación; por ejemplo, si dejamos de consumir los productos que ofrecen las corporaciones, y transitamos hacia el consumo de alimentos tradicionales, compra de alimentos en mercados locales, tianguis campesinos, eco tiendas, etc., así, como organizar venta e intercambios entre comunidades y colonias urbanas, situación que ya están encaminadas, pero hay que seguir sumando estos círculos de confianza e intercambio de comida y productos. Asimismo, cientos de personas, en los municipios de Coyuca Benítez, Atoyac de Álvarez y Acapulco de Juárez, ya iniciaron con la producción de hortalizas en macetas en los balcones, patios y azoteas de sus casas, prepararon tierra para sembrar y sobrevivir la pandemia. Si estas acciones, las hacemos millones desde diferentes rincones y organizamos de forma autogestiva nuestro propio horizonte, claro que será un contagio masivo, que se hará pandemia, y estas acciones son las que transformarán el mundo, escenario que no es tan difícil como se piensa. •

ACO
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