Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 30 de octubre del 2020.

HISTORIA EN BREVE

  • Es sorprenderte que prevenir la infección con SARS-CoV-2 no es un criterio de valoración en los ensayos de estas vacunas. El único criterio para que una vacuna contra el COVID-19 se considere exitosa es si reduce los síntomas que comparte con el resfriado común
  • En el caso de AstraZeneca, el análisis temporal incluye a 50 receptores de vacunas. La vacuna se considerará exitosa si 12 o menos desarrollan síntomas después de la exposición al SARS-CoV-2, en comparación con 19 en el grupo de control
  • En el ensayo de AstraZeneca se documentaron al menos dos casos de mielitis transversa (inflamación de la médula espinal), por lo que, en septiembre de 2020, la compañía lo detuvo temporalmente. En octubre, Johnson & Johnson también detuvo su ensayo debido a que uno de sus participantes desarrolló una “enfermedad inexplicable” que mantuvieron en secreto
  • Si la vacuna no puede reducir la tasa de infección, hospitalización o muerte, entonces no puede poner fin a la pandemia, lo que significa que vacunarse no servirá de nada

Existe un debate sobre si es seguro apresurar el desarrollo de una vacuna contra COVID-19. Aunque los fabricantes de vacunas insisten que cualquier vacuna contra el COVID-19 que llegue al mercado habrá pasado por pruebas rigurosas, la forma en que se diseñan los protocolos de estos ensayos sugiere que estas vacunas tal vez no cumplan con las expectativas.

Según lo reportado por William Haseltine, colaborador de Forbes y ex profesor de la Facultad de Medicina y Escuela de Salud Pública de Harvard, aunque en una extraña muestra de transparencia, Moderna, Pfizer, AstraZeneca y Johnson & Johnson publicaron los protocolos de sus ensayos, “al inspeccionarlos solo causan muchas preguntas”.

En pocas palabras, los ensayos están diseñados de tal manera que obtendrán una calificación aprobatoria. incluso si la eficacia de las vacunas es mínima, también es importante considerar los efectos secundarios de las vacunas, y ya he escrito varios artículos sobre los muchos problemas de seguridad.

Los ensayos de las vacunas contra el COVID-19 se manipulan para aprobar la prueba de eficacia

Como señaló Haseltine, prevenir la infección debería ser uno de los principales criterios de valoración de cualquier ensayo de vacuna. En otras palabras, es muy importante que cuando se vacune, su riesgo de infección se reduzca de manera significativa.

Por esta razón, es sorprendente que, en ninguno de estos ensayos, prevenir la infección es un criterio para el éxito de la vacuna. El único criterio para que una vacuna contra el COVID-19 se considere exitosa es si reduce los síntomas, e incluso en ese caso, se requiere de una reducción mínima.

“En caso de infección, todos esperamos una vacuna eficaz para prevenir enfermedades graves. De acuerdo con Haseltine, tres de los protocolos de la vacuna, Moderna, Pfizer y AstraZeneca, no requieren que su vacuna prevenga enfermedades graves, solo síntomas moderados que puedan ser tan leves como tos o dolor de cabeza”, escribe Haseltine. Además, señala que:

“Las compañías farmacéuticas tienen la intención de realizar ensayos que incluyan de 30 000 a 60 000 participantes. Esta escala de estudio sería suficiente para probar la eficacia de la vacuna.

Si leemos detalladamente, la primera sorpresa con la que nos encontramos en los protocolos, es que cada estudio tiene la intención de completar análisis primarios y temporales que incluyen 164 participantes como máximo.

Es probable que estas compañías tengan la intención de solicitarle a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) una autorización de uso de emergencia (EUA, por sus siglas en inglés) a partir de sus resultados preliminares que son muy limitados”.

Para obtener una calificación de “aprobado” en el análisis temporal limitado, una vacuna debe mostrar una eficacia del 70 %. Pero, le repito una vez más, esto no significa que evitará la infección en 7 de cada 10 personas. Como lo explica Haseltine:

“Para Moderna, el análisis temporal inicial se basará en los resultados de infección de solo 53 personas. La conclusión que se obtenga del análisis temporal depende de la diferencia en el número de personas con síntomas; es decir, entre el grupo vacunado y el grupo no vacunado. Moderna considera que su vacuna es exitosa si 13 o menos de esos 53 participantes desarrollan síntomas, en comparación con los 40 o más del grupo de control”.

Los otros fabricantes de vacunas basan sus resultados en un protocolo similar, en el que solo un número limitado de participantes vacunados se exponen al virus con el fin de evaluar el alcance de sus síntomas.

El análisis temporal de Johnson & Johnson incluirá los resultados de 77 receptores de la vacuna que se infectaron con SARS-CoV-2 y la vacuna se considerará exitosa si menos de 18 de ellos desarrollan síntomas de COVID-19, en comparación con 59 en el grupo de control.

En el caso de AstraZeneca, el análisis temporal incluye a 50 receptores de vacunas. La vacuna se considerará exitosa si 12 o menos desarrollan síntomas después de la exposición al SARS-CoV-2, en comparación con 19 en el grupo de control de 25 participantes.

El análisis temporal de Pfizer es el más pequeño, con solo 32 receptores de vacunas. Su margen de éxito es de siete o menos en el grupo de prueba y 25 en el grupo de control. En el análisis primario, la eficacia se establece en alrededor del 60 % y en ese análisis se incluirán 164 voluntarios como máximo.

Otro dato preocupante es que los receptores de vacunas en estos ensayos son personas jóvenes y sanas que no tienen un alto riesgo de morir por COVID-19. Esto hace que los resultados de estos ensayos sean muy cuestionables cuando se trata de la población de personas de edad avanzada que es mucho más vulnerable.

Los ensayos solo prueban si la vacuna reduce los síntomas del resfriado común

Por si fuera poco, la calificación mínima para que se considere un “caso de COVID-19” se basa solo en una prueba de PCR positiva y uno o dos síntomas leves, como dolor de cabeza, fiebre, tos o náuseas leves. Como señaló Haseltine, “Esto está lejos de ser suficiente”.

Todo lo que están haciendo es ver si la vacuna contra el COVID-19 minimizará los síntomas del resfriado común. Así que como podemos ver, no garantizan que la vacuna prevenga complicaciones graves del COVID-19. El ensayo de Johnson & Johnson es el único que requiere que el análisis temporal incluya al menos cinco casos graves de COVID-19.

“Una de las preguntas más importantes que debe responder un ensayo es si una vacuna previene la infección. Si se administra la vacuna podría ser menos probable contraer el virus?

Todos estos ensayos se centran en eliminar los síntomas de COVID-19 y la infección en sí. En estos ensayos, la infección asintomática se enumera como un objetivo secundario, cuando se trata de un aspecto de vital importancia.

Parece que todas las compañías farmacéuticas asumen que la vacuna nunca prevendrá la infección. Su criterio de aprobación es la diferencia de síntomas entre un grupo de control infectado y un grupo infectado pero vacunado. No tienen como objetivo principal analizar la diferencia entre infección y no infección”, escribe Haseltine.

En estos ensayos, la enfermedad grave y la muerte también son objetivos secundarios y ninguno de ellos incluye la imposibilidad de prevenir la hospitalización o la muerte como una barrera importante para el éxito.

Así que el sentido común, que por cierto cada vez es más escaso, debería decirnos que, si la vacuna no puede reducir la tasa de infección, hospitalización o muerte, entonces no puede poner fin a la pandemia, lo que significa que vacunarse no servirá de nada.

Algunos ensayos no utilizan placebos inertes

Además de todo eso, algunos ensayos de la vacuna contra el COVID-19 están utilizando otras vacunas como “placebo” y no sustancias biológicamente inertes como la solución salina, esto hace que sea mucho más fácil ocultar los efectos secundarios de la vacuna. Mientras Moderna utiliza una solución salina como placebo, AstraZeneca inyecta una vacuna antimeningocócica en lugar de un placebo inerte.

Otra forma en que AstraZeneca enmascara los posibles efectos secundarios es al administrar la vacuna junto con ciertos medicamentos. En uno de los grupos de estudio, los participantes tomaron acetaminofén cada seis horas durante las primeras 24 horas después de recibir la vacuna. Este medicamento para reducir el dolor y la fiebre podría enmascarar y aminorar efectos secundarios como dolor, fiebre, dolor de cabeza o malestar general.

Además de enmascarar los efectos secundarios, también es bien sabido entre los médicos especialistas en medicina natural que utilizar acetaminofén durante las infecciones virales agudas no es una estrategia inteligente, ya que reduce la capacidad de la respuesta inmunológica para combatir la infección.

Según el sitio web Wired:

“El comunicado de prensa sobre los resultados de los ensayos de la vacuna de Oxford describió una mayor frecuencia de “efectos secundarios leves” entre los participantes. Sin embargo, el artículo real revela que esto es pura publicidad.

Ya que, aunque las reacciones leves fueron mucho más comunes que las graves. Los daños moderados o graves, que se definieron como lo suficientemente graves como para interferir con la vida diaria o necesitar atención médica, también eran comunes.

Cerca de un tercio de las personas que recibieron la vacuna contra el COVID-19 sin acetaminofén experimentaron escalofríos moderados o severos, fatiga, dolor de cabeza, malestar y fiebre.

Cerca del 10 % experimentó fiebre de al menos 100.4 grados, y un poco más de un cuarto desarrolló dolores musculares moderados o severos. Esta es una cantidad elevada en un grupo de personas jóvenes y saludables, mientras que el acetaminofén no fue de gran ayuda para la mayoría de esos problemas”.

Dos ensayos se detuvieron por motivos de seguridad

El 6 de septiembre de 2020, AstraZeneca detuvo su ensayo de fase 3 debido a una “probable reacción adversa grave e inesperada” en un participante del Reino Unido. Al principio, la compañía no divulgó la naturaleza de la reacción adversa, pero desde entonces se ha revelado que el voluntario desarrolló una inflamación grave de la médula espinal, conocida como mielitis transversa.

El 12 de septiembre de 2020, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios Británica le autorizó a AstraZeneca reanudar su ensayo de fase 3 en el Reino Unido, después de que una revisión independiente determinara que era “seguro hacerlo”. Según un portavoz de AstraZeneca, el incidente fue un caso de esclerosis múltiple no diagnosticada.

Días después, el 19 de septiembre de 2020, The New York Times informó que había ocurrido un segundo caso de mielitis transversa en el ensayo de AstraZeneca. Según un experto consultado por The New York Times, la ocurrencia representó un “patrón peligroso”, y que una tercera incidencia podría detener el ensayo de la vacuna de forma indefinida.

Sin embargo, AstraZeneca afirma que es “poco probable que los dos casos estén relacionados con la vacuna” y que no hay “pruebas suficientes para decir con certeza que las enfermedades se hayan relacionadas o no con la vacuna”.

El 21 de octubre de 2020, se informó que uno de los voluntarios en el ensayo brasileño de AstraZeneca había muerto por complicaciones de COVID-19, pero que el ensayo no se detendría.

El 12 de octubre de 2020, Johnson & Johnson detuvo su ensayo debido a una “enfermedad inexplicable” en uno de sus participantes. Al igual que AstraZeneca, Johnson & Johnson no ha hecho públicos los detalles de la enfermedad y ha dicho que “es importante tener todos los hechos antes de compartir información adicional”.

Los efectos secundarios son más que habituales

Es una sorpresa que no se hayan detenido más ensayos si consideramos la tasa de efectos secundarios que ocurren en voluntarios perfectamente sanos. Como se informó en el artículo: “Bill Gates intenta justificar los efectos secundarios de la vacuna creada apresuradamente“, después de la primera de dos dosis de la vacuna contra el COVID-19 de Moderna, el 80 % de los participantes del ensayo de fase 1 que recibieron la dosis de 100 microgramos (mcg) desarrolló efectos secundarios sistémicos.

Después de la segunda dosis, el 100 % reportó efectos secundarios que van desde fatiga (80 %), escalofríos (80 %), dolor de cabeza (60 %) y mialgia o dolor muscular (53 %).

A pesar de eso, se eligió una dosis de 100 mcg para los ensayos de fase 3. En el grupo de 250 mcg, todos los participantes sufrieron efectos secundarios después de la primera y la segunda dosis. Tres de las 14 personas (21 %) en el grupo de 250 mcg sufrieron “uno o más efectos adversos graves”.

El 1 de octubre de 2020, la cadena CNBC publicó un reporte que analiza las experiencias de cinco participantes en los ensayos de las vacunas contra SARS-CoV-2 de Moderna y Pfizer. Uno de los participantes en el ensayo de la vacuna de Pfizer “se despertó con escalofríos, temblando tan fuerte que se le partió un diente después de tomar la segunda dosis”.

Un participante del ensayo de Moderna dijo para CNBC que tuvo fiebre baja y malestar durante varios días después de su primera inyección. Ocho horas después de su segunda inyección estaba “postrado en la cama con una fiebre de más de 101, temblores, escalofríos, un fuerte dolor de cabeza y dificultad para respirar.

Dijo que le dolía el brazo en el que le pusieron la inyección y sentía “una gran protuberancia en su hombro’. Apenas durmió esa noche, y registró que su temperatura estuvo por encima de los 100 grados durante cinco horas”.

Otros dos reportaron efectos secundarios similares y un tercero avisó que tendría que tomarse el día libre después de la segunda inyección. CNBC también señaló que “mientras las compañías avanzaban en sus ensayos clínicos, varios fabricantes de vacunas dejaron de producir sus dosis más altas después de recibir reportes de reacciones graves”.

¿Algunas vacunas contra el COVID-19 podrían aumentar el riesgo de SIDA?

Resulta perturbador que un grupo de investigadores estén expresando su preocupación sobre el hecho de que algunas de las farmacéuticas candidatas a desarrollar la vacuna contra el COVID-19 podrían poner a ciertas personas en mayor riesgo de contraer VIH, el virus que causa el SIDA.

Los investigadores explican que el adenovirus modificado genéticamente, Ad5, que se utilizó en los ensayos de la vacuna contra el VIH, otro ejemplo de un intento fallido para crear una vacuna, es el mismo virus que están utilizando cuatro de las farmacéuticas candidatas en los Estados Unidos, Rusia y Pakistán.

Cuando falló la vacuna contra el VIH, los científicos no pudieron identificar la razón exacta por la que el Ad5 parecía aumentar el riesgo de contraer el VIH; simplemente lo hizo de manera inexplicable. El Dr. Anthony Fauci fue el autor principal del estudio del VIH, en el que cuestionó “si el problema se extiende a algunos o todos los demás vectores recombinantes actualmente en desarrollo o bien, a otras vacunas basadas en vectores”.

Al reflexionar sobre esa pregunta, los investigadores dicen que decidieron hacer pública esta información ahora, porque las vacunas de Ad5 para el COVID-19 pronto podrían probarse en poblaciones con alta prevalencia de VIH, y creen que el consentimiento informado sobre el riesgo de VIH/SIDA debería ser parte de los estudios clínicos de COVID-19.

¿La vacuna contra el COVID-19 será obligatoria?

Según una encuesta de septiembre de 2020, solo el 51 % de las personas que viven en Estados Unidos respondieron que “definitivamente o probablemente” se administraría la vacuna contra el COVID-19 cuando salga.

Otra encuesta encontró que solo el 44 % se administraría la vacuna de primera generación incluso si se les pagara $ 100 dólares. Con cada vez más personas indecisas sobre el uso de vacunas, un artículo publicado el 1 de octubre de 2020 en el New England Journal of Medicine sugiere que la respuesta está en hacer que la vacuna sea obligatoria.

Y los autores también recomiendan que para obligar a la población a cumplir con esta norma se deben implementar sanciones severas por incumplimiento, como suspensión laboral o arresto domiciliario.

Un artículo del 19 de octubre de 2020 de Wisconsin Public Radio también advierte que los empleadores deberían tener el derecho a obligar a sus trabajadores a vacunarse. Las posibles excepciones pueden incluir ciertos problemas médicos, objeciones religiosas de buena fe y ciertos contratos sindicales que prohíben los requisitos de vacunas.

Hace poco, la “Operació Warp Speed” seleccionó a las cadenas de farmacias Walgreens y CVS como socios a nivel nacional para distribuir las vacunas. Y una vez disponible, los asilos y casa hogar en todo el país pueden optar por inscribirse para que cualquiera de estas compañías vaya y administre la vacuna a sus residentes y personal.

Los denominados “pasaportes de salud” también se están convirtiendo en una realidad. Por ejemplo, Irlanda, ya puso en práctica este experimento. La iniciativa “Health Passport Ireland” utiliza una aplicación para rastrear y mostrar los resultados de las pruebas de COVID-19. Y además mostrará su estado de vacunación oficial, una vez que la vacuna esté disponible.

También se están gastando cantidades considerables de dinero en programas para etiquetar, seguir y rastrear a la población humana en nombre de la salud y la seguridad pública.

Según un artículo de la revista JAMA, tan solo en los Estados Unidos, el costo total de la pandemia de COVID-19 relacionado con la pérdida de producción y la reducción de la salud asciende a más de 16 000 millones de dólares, es decir, alrededor del 90 % del producto interno bruto anual de dicho país.

“Por esta razón, las políticas que pueden reducir materialmente la propagación del SARS-CoV-2 tienen un valor social enorme”, afirma el artículo. Sin embargo, las reglas de prueba, rastreo y aislamiento, todas las cuales se promueven en este artículo, también tienen un precio, y es uno que cualquier persona sensata rechazaría, en otras palabras, la pérdida de privacidad y libertad.

Como informó el sitio web The Last American Vagabond, los gobiernos están vendiendo nuestra libertad en nombre de la salud pública. Realmente quiere vivir en un “estado de bioseguridad”. Quieren que creamos que estas estrategias de robo de libertad son el camino de regreso a la normalidad, pero la realidad será todo menos normal.

Como se detalla en el artículo “La conquista global ha comenzado“, la pandemia y la respuesta global a ella están lejos de ser por casualidad. De manera abrumadora, la evidencia apunta que forma parte de un plan mucho más grande para implementar las últimas etapas de una adquisición tecnocrática.

Ya he hablado sobre muchos de los aspectos de los intereses globalistas en otros artículos, incluyendo: “Milmillonarios de la tecnología se aprovechan de la humanidad durante la pandemia”; “Los milmillonarios tecnológicos intentan crear una moneda global”; “Erudita de Harvard expone a Google y Facebook”; y, “Cómo la tecnocracia médica hizo posible la pandemia”.

La pandemia de COVID-19 ha aumentado la disparidad económica entre la gente promedio y la élite rica, y el futuro se ve sombrío, ya que parece que esta disparidad solo empeorará.

El plan globalista no se trata de crear un mundo mejor para la persona promedio, se trata de esclavizarnos para que no podamos rechazar o negarnos a lo que está por venir. Las vacunas obligatorias son solo un aspecto de este plan que debemos evitar a toda costa.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.