Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 29 de octubre del 2020.

HISTORIA EN BREVE

  • De acuerdo con el Dr. Thomas Frieden, antiguo director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), el COVID-19 es la tercera causa principal de muerte en los Estados Unidos, ya que ha matado a 170 000 personas de los 5.4 millones de personas en los Estados Unidos que obtuvieron un resultado positivo hasta agosto de 2020
  • Las investigaciones demuestran que entre 250 000 y 440 000 personas en los Estados Unidos mueren cada año por errores médicos evitables, una cifra mucho mayor que el COVID-19, en especial si se excluye a las personas que padecen ciertas comorbilidades. Aunque no se reconoce, la negligencia médica es la tercera causa de muerte en los Estados Unidos
  • De acuerdo con los CDC, solo el 6 % del total de muertes relacionadas con el COVID-19 padecían la infección como la única causa de muerte en el certificado de defunción
  • Los tratamientos médicos que podrían ser prometedores han sido censurados e incluso prohibidos según estudios falsos, lo que aumenta el número de muertos

De acuerdo con el Dr. Thomas Frieden, antiguo director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), el COVID-19 es la tercera causa principal de muerte en el país, al matar a más personas que “accidentes, lesiones, enfermedades pulmonares, diabetes, Alzheimer y muchas otras causas”.

Se dice que esta afirmación se basa en los datos de la Universidad Johns Hopkins que, en el momento en que Frieden hizo esa declaración en agosto de 2020, informó que habían muerto cerca de 170 000 personas de los 5.4 millones que obtuvieron un resultado positivo.

Al momento de escribir este artículo, Johns Hopkins informa que se registraron 7 916 099 de pruebas positivas y 216 872 muertes relacionadas con COVID-19 en los Estados Unidos.

Casos y mortandad por país

La negligencia médica sobrepasó al COVID-19

Existen muchas razones para no entrar en pánico por lo que dice Frieden. A continuación, mostrare las estadísticas de mortandad, pero, primero quiero resaltar una causa principal de muerte que continúa siendo ignorada, que es la negligencia médica, ya que también es un factor importante en la cifra de muertes atribuidas al COVID-19.

En 2016, un estudio de Johns Hopkins encontró que más de 250 000 personas mueren cada año por errores médicos prevenibles, lo que convierte a la medicina moderna en la tercera causa principal de muerte en los Estados Unidos. Publiqué estos hallazgos en mi artículo “Negligencia médica sigue siendo la tercera causa principal de muertes“.

En 2017, se descubrió que los errores médicos afectaban a 1 de cada 5 personas. Los ejemplos comunes de negligencia médica incluyen recibir el medicamento incorrecto, realizar un procedimiento incorrecto, despertarse durante una cirugía o adquirir una infección relacionada con el hospital.

Otra investigación estimó que la cantidad de personas que mueren por negligencia médica en realidad puede llegar a 440 000. La razón de esta discrepancia en las cifras es porque la negligencia médica rara vez aparece en los certificados de defunción, mientras que los certificados de defunción son importantes para compilar las estadísticas de defunción de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Como resultado, se desconoce la gravedad del problema. De cualquier manera, ya sean 250 000 o 440 000 muertes, la negligencia médica continúa cobrando más vidas que el COVID-19, las cuales suceden cada año.

La negligencia médica podría ser responsable de la mayoría de las muertes por COVID-19

Es importante recordar que una gran parte de las personas que murieron por COVID-19 fueron víctimas de negligencia médica. Como informé en mi artículo “Enfermera comparte su experiencia con el COVID-19“, el Elmhurst Hospital Center en Queens, Nueva York, que fue el epicentro de la pandemia de COVID-19 en los Estados Unidos, no trataron a los pacientes con COVID-19 de manera adecuada, lo que provocó su muerte.

De acuerdo con Erin Olszewski, una enfermera que trabajó en Elmhurst durante el apogeo de la pandemia, los administradores del hospital y los médicos cometieron una larga lista de errores, entre los cuales incluyo colocar a todas las personas con COVID-19, incluyendo los casos sospechosos con ventilación mecánica en lugar de utilizar procedimientos menos invasivos.

Durante su estadía, la mayoría de las personas que ingresaron al hospital terminaron siendo tratadas por COVID-19, sin importar si padecían el virus o no, y solo una persona sobrevivió. El hospital tampoco separó a las personas con COVID de las personas con un resultado negativo, lo que fomento una mayor propagación de la enfermedad entre las personas no infectadas que llegaban con otros problemas de salud.

Al tratar a las personas negativas con ventilación mecánica, el hospital aumento la carga de casos y la tasa de mortandad. Es inquietante que, al parecer, los incentivos financieros fueron el factor. De acuerdo con Olszewski, el hospital recibe 29 000 dólores adicionales por cada persona que recibe ventilación mecánica junto con otros tratamientos.

En agosto de 2020, el director de los CDC, Robert Redfield, admitió que es probable que los incentivos de los hospitales hayan elevado las tasas de hospitalización y el número de muertes en todo el país.

Las decisiones a nivel estatal han causado muchas muertes

Otro error importante que elevó la cifra de muertos fueron las decisiones de colocar a las personas infectadas en hogares de ancianos, en contra de los lineamientos federales. De acuerdo con un análisis realizado por el Foundation for Research on Equal Opportunity, que incluyó datos recopilados hasta el 22 de mayo de 2020, un promedio del 42 % de todas las muertes por COVID-19 en los Estados Unidos ocurrieron en hogares de ancianos, viviendas de asistencia y otros centros de atención a largo plazo.

Esto es extraordinario cuando consideramos que este grupo representa solo el 0.62 % de la población En general, los hogares de ancianos no están equipados para atender a personas infectadas con COVID-19.

Aunque están hechos para atender a personas de edad avanzada, ya sea que estén sanos o padezcan algún problema de salud, estas instalaciones no están equipadas para aislar y cuidar a personas con enfermedades muy infecciosas.

Es lógico suponer que las personas infectadas con enfermedades no infecciosas en un hogar de ancianos darían lugar a mayores tasas de mortandad, ya que las personas mayores son mucho más propensas a morir por cualquier infección, incluyendo el resfriado común. También aprendimos, desde el principio, que las personas mayores eran mucho más vulnerables a padecer una infección grave por SARS-CoV-2.

Sin embargo, varios gobernadores demócratas ordenaron que las personas infectadas ingresaran en hogares de ancianos, que es la población más vulnerable, los cuales incluyen: Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York; Tom Wolf, gobernador de Pensilvania; Phil Murphy, gobernador de Nueva Jersey; Gretchen Whitmer, gobernadora de Michigan; y, Gavin Newsom, gobernador de California.

ProPublica publicó una investigación el 16 de junio de 2020, que compara un asilo en Nueva York que siguió la orden de Cuomo y uno que se negó y opto por seguir los lineamientos federales. La diferencia fue notable.

Para el 18 de junio, el asilo Diamond Hill, que siguió los lineamientos de Cuomo, había reportado 18 muertes, por no implementar medidas de aislamiento y control de la infección. La mitad del personal (cerca de 50 personas) y 58 personas también contrajeron la infección.

En comparación, Van Rensselaer Manor, un asilo para 320 personas mayores ubicado en el mismo condado que Diamond Hill, no había registrado ni una sola muerte, ya que se negó a seguir los lineamientos del estado y no admitió a ninguna persona con caso sospechoso de COVID-19. Se observó una tendencia similar en otras áreas.

La cifra de muertos por COVID-19 podría haber sido insignificante, si no fuera por un mal tratamiento médico en ciertos hospitales y la toma de decisiones por parte de algunos gobernadores estatales.

Consideraciones adicionales al evaluar la cifra de mortandad del COVID-19

También debemos recordar que la gran mayoría de las personas murió con la infección del SARS-CoV-2, y no a causa de ella, mientras que los tratamientos médicos que podrían ser prometedores han sido censurados e incluso prohibidos debido a estudios falsos y con graves defectos.

De acuerdo con los datos publicados por los CDC el 26 de agosto de 2020, solo el 6 % del total de muertes relacionadas con el COVID-19 padecían la infección como la única causa de muerte en el certificado de defunción.

El 6 % de 201 141 (el número total de muertos informado por los CDC al 14 de octubre de 2020) es igual a 12 068 personas. Es decir, la infección por SARS-CoV-2 fue la responsable de 12 000 muertes de personas sanas. El 94 % restante tenía un promedio de 2.6 problemas de salud que contribuyeron a su muerte.

Comienza a parecer una crisis fabricada cuando sumamos todos estos factores: el mal manejo de la infección en zonas como Nueva York, la decisión de aceptar personas infectadas en asilos, el hecho de que pocas personas sanas murieron a causa de la infección y la represión de posibles tratamientos médicos.

Tasa de mortandad por infecciones al mismo nivel que la gripe

Aunque Frieden afirma que el COVID-19 es la tercera causa principal de muerte, y Scientific American considera que su tasa de letalidad es similar a la de la gripe, yo recomiendo investigar la tasa de letalidad para una persona promedio, excluyendo a las personas que residen en asilos y otras instalaciones de atención a largo plazo.

El artículo del 2 de septiembre de 2020 en Annals of Internal Medicine señala que, debido a que muchas personas con SARS-CoV-2 permanecen asintomáticas, es muy difícil estimar la verdadera tasa de infección, mientras que es más fácil sobreestimar la tasa de mortandad cuando se calculan con los “casos” confirmados (es decir, pruebas positivas). De acuerdo con los autores:

“Para calcular una tasa real de letalidad por infección, se necesitan datos de prevalencia poblacional de grandes áreas geográficas donde también existen datos confiables de muerte. Combinamos estimaciones de prevalencia de una muestra aleatoria en todo el estado de Indiana con datos de estadísticas de muertes confirmadas por COVID-19.

En resumen, nuestra muestra aleatoria consistió en residentes estatales de 12 años o más. Se excluyó a los fallecidos y a los reclusos. Debido a que los asilos estaban limitando la capacidad de los residentes para salir y volver a ingresar a las instalaciones, su participación era poco probable.

Se evaluó a los participantes del 25 al 29 de abril de 2020 para detectar una infección viral activa y anticuerpos contra el SARS-CoV-2, lo que indicaría una infección previa. Calculamos el IFR por edad, raza, sexo y etnia sobre la cifra acumulada de muertes por COVID-19 al 29 de abril de 2020, dividido por el número de infecciones.

Aunque no se evaluó a los residentes de los asilos, representaron el 54.9 % de las muertes de Indiana. Por lo tanto, excluimos a los residentes de los asilos de todos los cálculos (es decir, muertes e infecciones).

Para tener en cuenta todas las infecciones, añadimos el número de personas hospitalizadas con COVID-19 durante el período de prueba y las muertes por COVID-19 no institucionalizadas.

Nuestro estudio estimó 187 802 infecciones acumuladas, a las que se sumaron 180 hospitalizaciones. La edad promedio entre todos los fallecidos fue de 76.9 años.

La tasa general de letalidad por infección fue del 0.26 %, mientras que las personas con menos de 40 años tenían una tasa de letalidad por infección del 0.01 % y las de 60 años o más tenían una tasa de mortandad por infección del 1.71 %.

La tasa estimada de mortandad por infección de la influenza estacional es del 0.8 %, según este documento. Otras fuentes aumentan dichas cifras. Por lo tanto, las únicas personas para las que la infección por SARS-CoV-2 es más peligrosa que la influenza, son las personas mayores de 60 años.

Todas las demás personas tienen un menor riesgo de morir de COVID-19 que de gripe. Dicho de otra manera, si tiene menos de 60 años, sus probabilidades de morir a causa de la gripe son mayores que sus probabilidades de morir por el COVID-19.

La coordinadora del grupo de trabajo sobre el coronavirus de la Casa Blanca, la Dra. Deborah Birx, también confirmó esta tasa de mortandad de la que se informa cuando, a mediados de agosto de 2020, declaró que “se vuelve cada vez más difícil” lograr que las personas cumplan con el uso de cubrebocas “cuando las personas comprenden que el 99% sobrevive”.

Además de que el COVID-19 tiene una letalidad similar a la gripe (para la una persona promedio menor de 60 años):

  • Los datos también demuestran que la mortandad general por todas las causas se mantuvo estable este año y no se desvía de la norma. En otras palabras, el COVID-19 no ha matado a más personas de las que habrían muerto en otro año por cualquier causa
  • Varios estudios sugieren que la inmunidad contra la infección por SARS-CoV-2 está mucho más extendida de lo que se esperaba
  • El umbral de inmunidad colectiva parece ser mucho menor de lo estimado previamente

De acuerdo con lo informado por British Sky News, el 7 de octubre de 2020, muchos científicos ahora solicitan un enfoque de inmunidad colectiva para la pandemia, lo que significa que los gobiernos deberían permitir que las personas que no corren un riesgo significativo de enfermedad grave por COVID-19 vuelvan a la vida normal.

Al 18 de octubre de 2020, la Declaración de Great Barrington había sido firmada por 10 601 científicos médicos y de salud pública y 29 296 médicos.

Protocolos efectivos de tratamiento

En esta etapa, existen muchos motivos para el optimismo. Además de los datos que demuestran que el COVID-19 no es tan letal como se sospechaba en un inicio, ahora tenemos varios tratamientos seguros y efectivos. Los más importantes son los siguientes:

Peróxido de hidrógeno nebulizado. Este es un remedio casero que recomiendo para todos, ya que en muchos casos puede mejorar los síntomas en cuestión de horas. Incluso se demostró que es excelente durante las últimas etapas de la enfermedad.

El Dr. David Brownstein, que trato con éxito a más de 100 personas con peróxido de hidrógeno nebulizado, publicó un artículo de caso sobre este tratamiento en la edición de julio de 2020 de Science, Public Health Policy and The Law.

Analicé parte de la ciencia básica sobre cómo funciona el peróxido de hidrógeno, así como algunos de los estudios que evalúan su potencial terapéutico, en mi artículo de abril de 2020: “¿El peróxido de hidrógeno podría tratar el coronavirus?“.

El protocolo MATH+, desarrollado por el grupo de trabajo Front Line COVID-19 Critical Care (FLCCC, por sus siglas en inglés). Ahora existen protocolos MATH + para prevenir la infección, tratar los síntomas leves en casa y un protocolo de cuidados intensivos intrahospitalarios. El grupo publicó varias actualizaciones desde abril de 2020, por lo que es importante descargar las últimas versiones del sitio COVID Care for Clinicians de la Eastern Virginia Medical School.

Por último, existe evidencia que demuestra que las personas con niveles adecuados de vitamina D tienen muchas menos probabilidades de contraer el SARS-CoV-2, menos probabilidades de desarrollar síntomas y menos probabilidades de sufrir complicaciones, enfermedades graves o la muerte.

En general, es importante mejorar los niveles de vitamina D para minimizar su riesgo. Para obtener más información, puede responder mi cuestionario sobre su riesgo de COVID-19 para evaluar su riesgo general. Además, tendrá acceso a mi reporte sobre la vitamina D.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.