Por Dr. Joseph Mercola, Mercola, 05 de agosto del 2020.

HISTORIA EN BREVE

  • Los pacientes con obesidad leve tienen un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir insuficiencia respiratoria y 5 veces mayor de ingresar a una unidad de cuidados intensivos (UCI) en comparación con los pacientes sin obesidad
  • Las personas con un IMC de 35 y más tienen una probabilidad 12 veces mayor de morir por COVID-19
  • La inflamación por obesidad podría causar un riesgo 3 veces mayor de sufrir una embolia pulmonar (coágulos de sangre en los pulmones) en pacientes con obesidad y con COVID-19
  • La síntesis de lípidos disfuncionales que provoca la obesidad puede complicar la inflamación en los pulmones, lo que contribuye a una enfermedad más grave cuando hay infecciones virales respiratorias
  • Los alimentos procesados, las sodas y la comida chatarra son los principales culpables de la obesidad y las enfermedades crónicas, y todos ellos desempeñan un papel muy importante en las muertes por COVID-19

Desde que inició la pandemia de COVID-19, la obesidad y el sobrepeso se han señalado como factores de riesgo, y las investigaciones sugieren que el sobrepeso podría incrementar las complicaciones y muertes por COVID.

De hecho, la obesidad leve podría incrementar el riesgo de complicaciones por COVID-19, lo que pone en tela de juicio las pautas actuales del Reino Unido que solo clasifican a la obesidad severa como un factor de riesgo.

El nuevo hallazgo fue revelado por investigadores de la Universidad Alma Mater Studiorum de Bolonia en Italia, que analizaron a 482 pacientes con COVID-19 que estaban hospitalizados entre el 1 de marzo y el 20 de abril de 2020 y escribieron: “La obesidad es un factor de riesgo muy fuerte e independiente para la insuficiencia respiratoria, la admisión a la UCI y la muerte por COVID-19”, y el grado de riesgo se relacionó con el nivel de obesidad.

La obesidad ‘leve’ incrementa el riesgo de sufrir casos severos de COVID-19

En el estudio, los investigadores utilizaron el índice de masa corporal (IMC) para definir la obesidad, pero puede ser engañoso para determinar si tiene o no un peso saludable, ya que no se valora la masa muscular. Aun así, es la medida más utilizada para definir la obesidad.

Si su IMC está entre 25 y 29.9, se considera con sobrepeso y, de hecho, cualquier persona mayor de 30 años se considera con obesidad. Sin embargo, la obesidad se divide en categorías, la clase 1 con un IMC de 30 a <35, la clase 2 con un IMC de 35 a <40 y la clase 3 con un IMC de 40 o más, que se considera obesidad “extrema” o “severa”.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido declara que podría tener un riesgo moderado de complicaciones por coronavirus si es “muy obeso” con un IMC de 40 o más, pero el estudio presentado descubrió que los riesgos comenzaron con un IMC de 30, u obesidad “leve”.

“Los profesionales de la salud deben comprender que las personas con cualquier grado de obesidad, y no solo aquellas con obesidad severa, son una población en riesgo”, dijo el Dr. Matteo Rottoli, autor principal del estudio, en un comunicado de prensa. “Se debe tener más precaución en los pacientes que estén hospitalizados por COVID-19 y que tengan obesidad, ya que es probable que experimenten insuficiencia respiratoria más rápido y deban ingresar a cuidados intensivos”.

Los pacientes con obesidad leve tienen un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir insuficiencia respiratoria y 5 veces mayor de ingresar a una UCI comparados con los pacientes sin obesidad. Aquellos con un IMC de 35 y más tienen 12 veces más probabilidades de morir por COVID-19.

“Mientras que un IMC ≥ 30 kg/m2 identifica a pacientes con alto riesgo de enfermedad grave, un IMC ≥ 35 kg/m2 incrementa demasiado el riesgo de muerte”, explicaron los investigadores.

La obesidad y el síndrome metabólico están relacionados con COVID-19 severo y gripe

La investigación adicional también ha relacionado la obesidad y el síndrome metabólico con afecciones que incluyen mucha grasa abdominal, presión arterial alta, resistencia a la insulina y anormalidades lipídicas que incrementan el riesgo de sufrir alguna enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2, con infecciones virales más graves.

Por ejemplo, se sabe que la obesidad duplica el riesgo de influenza, y aumenta el tiempo en la UCI junto con la necesidad de ventilación mecánica. Y la obesidad también es una de las principales causas del síndrome metabólico. Según un artículo publicado en el Journal of Virology:

“Los virus pueden diseñar de forma metabólica las células de la persona al manipular la expresión génica y el metabolismo de los lípidos para mejorar la reproducción viral y la liberación de la progenie, al mismo tiempo que permiten que el virus evada las respuestas inmunológicas.

Debido a que los trastornos metabólicos deterioran las respuestas inmunológicas en la homeostasis, la infección viral compromete aún más estas respuestas e incrementa la gravedad de la enfermedad metabólica”.

Un factor probable de cómo la obesidad incrementa los riesgos durante las infecciones virales, es debido a la inflamación crónica de bajo grado causada. De hecho, la inflamación provocada por la obesidad podría ser responsable de un riesgo tres veces mayor de sufrir una embolia pulmonar (coágulos de sangre en los pulmones) en pacientes con obesidad y con COVID-19, segun una investigación adicional.

Los investigadores del Journal of Virology también sugirieron que la síntesis de lípidos disfuncionales que provoca la obesidad podría complicar la inflamación en los pulmones, lo que contribuye a una enfermedad más grave cuando hay infecciones virales respiratorias.

En cuanto al SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, citaron un estudio que descubrió que casi el 50 % de los pacientes hospitalizados por COVID-19 y que ingresaron en la UCI con ventilación mecánica eran obesos.

“Esto no es sorprendente, porque el sobrepeso y los depósitos de grasa aplican presión al diafragma, lo que causa una dificultad para respirar durante una infección viral”, escribieron. También se sugieren mecanismos adicionales sobre cómo la obesidad incrementa las complicaciones por COVID-19, que incluyen:

  • Mayor resistencia a la leptina y la lipotoxicidad, ya que los virus pueden causar la acumulación de lípidos y de esta manera permitir la replicación y acceso de infecciones virales
  • Y esto genera inflamación sistémica crónica y propensión a una tormenta de citoquinas

Boris Johnson se enfoca en la obesidad para atacar el COVID-19

Después de pasar un tiempo en el hospital debido al COVID-19, el primer ministro Boris Johnson anunció una nueva estrategia para combatir la obesidad y el coronavirus.

Johnson cree que su peso hizo que su infección por COVID-19 fuera más grave y, de acuerdo con los informes, planea implementar algunas restricciones en la publicidad de comida chatarra en la televisión antes de las 9 p. m., así como eliminar los anuncios de comida chatarra en línea y en las tiendas.

De hecho, los alimentos procesados, la comida chatarra y las sodas son los principales culpables de la obesidad y las enfermedades crónicas y todas ellas desempeñan un papel muy importante en las muertes por COVID-19. El Dr. Aseem Malhotra, cardiólogo con sede en Londres, es uno de los que advierte que una mala alimentación puede incrementar el riesgo de morir por COVID-19.

Tuiteó: “El gobierno y la Salud Pública de Inglaterra son ignorantes y negligentes por no decirle al público que necesitan cambiar su alimentación”.

Dijo para la BBC que los alimentos ultraprocesados representan más de la mitad de las calorías consumidas por los británicos, y si padece obesidad, diabetes tipo 2 y presión arterial alta, (todo lo relacionado con una mala alimentación), su riesgo de morir por COVID-19 incrementa 10 veces. Los investigadores del Journal of Virology estuvieron de acuerdo, y escribieron:

“A lo largo de los años, los humanos han adoptado estilos de vida sedentarios, los patrones alimenticios han cambiado y ahora las personas tienen una mala alimentación. La desnutrición ha provocado muchas anormalidades metabólicas que no solo contribuyen a dicho comportamiento metabólico si no que perjudican la inmunidad innata y adaptativa de las personas.

Las malas respuestas inmunológicas y la inflamación crónica en microambientes metabólicamente supóptimos proporcionan las condiciones ideales para que los virus se aprovechen de las células y mejoren la patogenia viral”.

Los investigadores dicen que la industria alimentaria también es culpable por el COVID-19

En un artículo publicado en el BMJ, tres investigadores citaron el papel que desempeña la industria alimentaria en las tasas de obesidad y, en última instancia, en las muertes por COVID-19:

“Ahora está claro que la industria alimentaria es gran medida responsable por la pandemia de obesidad y las complicaciones por COVID-19 debido a sus devastadoras consecuencias.

Durante la pandemia de COVID-19, un incremento en la pobreza alimentaria, las interrupciones en las cadenas de suministro y las compras de pánico podrían causar que las personas no consuman alimentos frescos, lo que inclina la balanza hacia un mayor consumo de alimentos procesados y con una larga vida útil que generalmente tienen grandes cantidades de sal, azúcar y grasas saturadas.

Además, desde que comenzó la pandemia de COVID-19, la industria alimentaria ha lanzado campañas e iniciativas de responsabilidad social corporativa, con tácticas ocultas que utilizan el brote como una oportunidad para comercializar (por ejemplo, ofrecen medio millón de “sonrisas” en forma de donas para el personal del SNS)”.

Se le pidió a la industria alimentaria que deje de promover alimentos y bebidas poco saludables, y a los gobiernos, que obliguen a todos a crear una nueva formulación de la comida chatarra para mejorar la salud.

Con investigaciones que demuestran que la obesidad duplica el riesgo de hospitalización por COVID-19, los investigadores anotaron: “Estos hallazgos sugieren que modificar el estilo de vida podría ayudar a reducir el riesgo de COVID-19 y podría ser un complemento ideal para otras intervenciones, como el distanciamiento social y las medidas preventivas para no entrar en la categoría de alto riesgo”.

Los investigadores de la Universidad Johns Hopkins sugirieron que la obesidad también podría trasladar la carga de COVID-19 a los pacientes más jóvenes, ya que, en un conjunto de datos de 265 pacientes, con COVID-19, se descubrió que las personas más jóvenes ingresadas al hospital tenían más probabilidades de padecer obesidad.

Bajar de peso podría reducir el riesgo de COVID-19

Si tiene obesidad, su mejor opción seria bajar de peso con el fin de prevenir enfermedades virales, incluyendo el COVID-19. “A mediano y largo plazo, la pérdida de peso es la respuesta definitiva para reducir el riesgo en las personas con obesidad”, dijo Rottoli. Bajar de peso también lo ayudará a evitar problemas de salud relacionados con la obesidad, como diabetes, presión arterial alta y enfermedades cardíacas.

Según un estudio realizado por The Instituto Superiore di Sanità, la autoridad sanitaria nacional de Italia, reportó que más del 99 % de las muertes por COVID-19 ocurrió en personas con afecciones médicas subyacentes. Entre las personas fallecidas, el 76.1 % tenía presión arterial alta, el 35.5 % padecía diabetes y el 33 % presentaba alguna enfermedad cardíaca.

Una de las estrategias más poderosas para optimizar su peso es restringir su período de alimentación de 6 a 8 horas, y no consumir alimentos al menos tres horas antes de acostarse. Esto se conoce como alimentación con restricción de tiempo y es ideal para reducir la resistencia a la insulina y restaurar la flexibilidad metabólica.

En cuanto a la nutrición recomiendo adoptar una dieta cetogénica cíclica, que implica limitar radicalmente los carbohidratos (reemplazarlos con grasas saludables y cantidades moderadas de proteínas) hasta que esté cerca o en su peso ideal, y le permita a su cuerpo quemar grasas, como combustible principal y no carbohidratos.

Una vez que haya recuperado su peso ideal, podrá incluir poco a poco carbohidratos varias veces a la semana.

También se aconseja evitar todos los alimentos procesados y limitar los azúcares agregados a un máximo de 25 gramos por día (15 gramos por día si tiene diabetes o resistencia la insulina). El protocolo KetoFast, que desarrollé y detallé en mi libro El poder del keto ayuno, combina la dieta cetogénica con el ayuno intermitente y un ayuno parcial en lapsos, para optimizar la salud y promover la longevidad.

Además, haga ejercicio cada semana y aumente el movimiento físico durante las horas de vigilia, con el objetivo de permanecer sentado menos de tres horas al día, dormir lo suficiente y cuidar su salud emocional.

El estrés crónico, por ejemplo, podría incrementar su riesgo de acumular grasa visceral con el tiempo, lo que significa que manejar sus niveles de estrés es muy importante para mantener su peso ideal.

Tomar medidas para llevar un estilo de vida saludable en general tendrá un gran efecto positivo, lo que lo ayudará a alcanzar un peso saludable y al mismo tiempo reforzará su resistencia contra las infecciones y enfermedades.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.