Por Víctor M. Toledo, La Jornada, 16 de junio del 2020.

Se está de acuerdo que esta fase se inicia con los regímenes de Margaret Thatcher (1979-90), en Inglaterra, y de Ronald Reagan (1981-89), en EU, y que esta modalidad se fue extendiendo por el resto del mundo no sólo con los gobiernos conservadores, sino con las llamadas socialdemocracias. Curiosamente, lo anterior casi coincidió con la aparición y el despliegue del ambientalismo, lo cual generó una tensión permanente. Al final, el ambientalismo fue cooptado, edulcorado y neutralizado por el despliegue del neoliberalismo. La consagración del discurso ambiental que tomó unas cuatro décadas se fue gradualmente desvaneciendo. Hoy, casi sin excepción, las posiciones de gobiernos, empresas, academias y organismos internacionales giran en torno a que la solución a la crisis ecológica mundial, sólo es posible mediante el mercado, las tecnologías y los arreglos institucionales. Para ello fueron introducidos conceptos aparentemente científicos como desarrollo sustentablecrecimiento y economía verdes, y capital natural, pero que en el fondo buscan ocultar la mercantilización de la naturaleza.

En México esta tensión comienza formalmente con la aparición de la Semarnap (1994), nuevo ministerio que inició con gran vigor y calidad científica, una legislación poderosa y dio lugar a instrumentos administrativos para la regulación ambiental. Sin embargo, al igual que en el resto del mundo, la eficacia de la Semarnap(t) se debilitó por las políticas neoliberales de los siguientes sexenios. Alcanzo a distinguir 12 procesos que en conjunto forman un verdadero Ecocidio en México: La llegada de funcionarios inexpertos y sin escrúpulos a los puestos claves; la entrega de casi la mitad del país a mineras para la extracción de oro, plata, hierro, zinc, cobre, incluyendo mil 900 concesiones en ¡68 por ciento de las áreas naturales protegidas!; la imparable contaminación industrial de los principales ríos del centro y norte del país que han dado lugar a infiernos ambientales por el alto número de enfermos de cáncer y otros males; la total inacción ante el uso de más de 80 plaguicidas tóxicos encabezados por el glifosato; la toma de posición jurídica de la Semarnat del lado de las grandes corporaciones biotecnológicas y agroindustriales (Monsanto, Syngenta, Bayer, Dow, Dupont) en el caso del maíz y la soya transgénicos; la sobrexplotación o el uso ilegal y fraudulento de los mantos acuíferos por grandes productores agropecuarios, las mineras, las cerveceras y las refresqueras; la entrega obscena de playas y costas a los megaproyectos turísticos; la indolencia de la política conservacionista que protegió flora y fauna en 30 millones de hectáreas, pero se olvidó de las 3 mil 697 comunidades que lo hicieron posible, 84 por ciento de las cuales hoy sufren ¡altos grados de marginación!; el sospechoso rezago de trámites y pérdida de documentos en la Profepa; el desdén por solucionar los conflictos ambientales (560 develados por mil 30 registros periodísticos); en fin, la total ausencia de solidaridad con los 157 mexicanos asesinados por defender el ambiente, quienes han sido completamente ignorados.

Coincidiendo con el posicionamiento de ocho gobernadores en contra de la 4T, los exabruptos de los dos mayores intelectuales neoliberales, los llamados a dar un golpe de Estado y la integración de un Bloque Opositor Amplio (BOA), la pasada semana se hizo pública una carta enviada al Presidente firmada por 24 ex funcionarios ambientales, acusando al actual gobierno de minarprovocar el desmantelamientola erosión, y el desmoronamiento de las instituciones ambientales. La conjunción de los abajo firmantes es más que extraña: logró unir a cinco ex titulares de la Semarnat, que son políticos de PAN, PRI, PVEM y Nueva Alianza, además de miembros de Ceiba, ONG ambientalista dedicada a desacreditar al actual gobierno. Los firmantes, sin excepción, fueron en algún momento autores principales o secundarios, cómplices o testigos silenciosos del ecocidio que el país ha sufrido. La gran mayoría hoy son encubridores, socios, asesores o lavadores de imagen de empresas y corporaciones como Cemex, Grupo México, Coca-Cola, Bimbo, Monex, Volks­wagen, Telmex, Walmart, Holcim, Ford, Banamex, etcétera, o bien dirigiendo organizaciones empresariales verdes como el Consejo Consultivo del Agua. Su contubernio con los poderes económicos puede corroborarse examinando sus biografías. Finalmente, juntos y revueltos, salieron del clóset.

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.