Por Júlia Martí, Mikel Otero e Iñaki Barcena, Biodiversidad LA, 04 de febrero del 2020.

Sin embargo, poco o nada conocidas y poco mencionadas son otras realidades creadas por el neoliberalismo a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, 1994) y con la Unión Europea(1997). Realidades asfixiantes, de contaminación y muerte.

Para darlas a conocer, hace unos meses la Asociación Nacional de Afectados Ambientales (ANAM) de México y el Transnational Institute de Amsterdam (TNI) nos invitaron a participar en una caravana de 1.500 km, desde el océano Pacífico hasta el Caribe, llamada #ToxiTour. El evento tenía varios objetivos. Primero, visibilizar y dar a conocer esta grave situación y para ello, reunir documentación y evidencias de las 6 zonas contaminadas seleccionadas, con la ayuda de investigadoras y de profesionales de la medicina y la toxicología. En tercer lugar, presionar a las instituciones mexicanas y por supuesto, denunciar y presionar a las compañías multinacionales ante instituciones políticas de los Estados Unidos, de Europa y de Euskal Herria para detener las actividades industriales ilegales y faltas de toda ética, humana o ambiental.

Con esta intención, formamos un grupo de 40 personas, dos parlamentarias europeas, una senadora estadounidense y un parlamentario vasco junto a académicos y ecologistas de México, Argentina, Ecuador, Alemania, Irlanda, Cataluña y Euskal Herria en un autobús del 2 al 9 de diciembre. Al finalizar en la Ciudad de México, expusimos ante los medios de comunicación y ante Víctor Manuel Toledo, ministro de Medio Ambiente lo visto y aprendido en la caravana. De hecho, la cobertura de los medios en México ha sido excelente, como nos han comentado desde las comunidades que visitamos.

La caravana #ToxiTour ha recorrido 1.500 km, a través de 7 estados mexicanos y se ha detenido en 6 lugares que destacan por la acumulación de problemas ambientales, sanitarios y sociales.

De la acumulación de químicos y envenenamiento de personas en el río Santiago, Jalisco, pasamos a los problemas con el arsénico y los fluoruros por sobreexplotación de acuíferos en Guanajuato. De allí saltamos al Valle del Mezquital, Hidalgo, donde las 6 cementeras, las minas a cielo abierto, las 5 termoeléctricas de fueloil, las centrales de ciclo combinado, la refinería, la industria química y la llegada de aguas negras de Ciudad de México dejan un panorama dantesco de polvo, humos negros y olores tremendos. Para rematar, nos indicaron que, mientras Cargill explota el acuífero a través de ocho tomas de agua, a la comunidad local se le suministran 1,5 horas de agua cada 3 días.

En Tlaxcala y Puebla comprobamos como el río Atoyac y sus afluentes están muertos por acumulación de vertidos industriales sin control. Se trata de una zona en la que se concentran empresas automovilísticas, también vascas, que producen para grupos como Volkswagen. Además, también recogimos muchos testimonios de violencia contra la resistencia a la expansión del entramado industrial. Y terminamos en Coatzacoalcos, Veracruz, zona cero del petróleo mexicano, zona de refinerías y de nubes de polvo de coque. Ciudad fantasma con toque de queda de facto, la gente no sale por temor a las múltiples violencias. Lo único que vimos por la noche fueron policías fuertemente armados o migrantes centroamericanos en tránsito, durmiendo en la calle por docenas.

Los problemas se acumulan, y a las variadas formas de violencia estructural mexicanas más conocidas en el exterior (contra las mujeres, los migrantes o los pueblos originarios o del narco) se le superpone una violencia ambiental que mata más, aunque más lento. Es más, la violencia socioambiental llega mezclada con las otras, ya que el narco revienta resistencias donde las autoridades no convencen a los habitantes locales de las maravillas de la próxima obra, carretera, gasoducto, industria, etc.; organiza la trata de blancas para satisfacer la demanda de los trabajadores industriales; o condiciona las consultas para que los pueblos originarios permitan desarrollar proyectos en sus territorios. La violencia ambiental se esconde sistemáticamente, pero las muertes por insuficiencia renal, linfoblastomas u otros tipos de cáncer se cuentan por cientos de miles, y los retrasos mentales por contaminación neurotóxica son habituales. En definitiva, podemos hablar de la existencia de zonas de sacrificio ambiental donde se está practicando un genocidio ambiental.

Desde Euskal Herria también tenemos una responsabilidad sobre esta situación. El Gobierno Vasco ha situado a México como país estratégico para la internacionalización empresarial, una apuesta política que maquilla la realidad social y ambiental que vive México, escondiendo las sistemáticas vulneraciones de derechos humanos, de las que las empresas transnacionales se benefician. En las constantes visitas diplomáticas y empresariales del Ejecutivo Vasco hacia México, siempre se resaltan las condiciones favorables a los negocios, pero en ningún caso se plantean los riesgos de trabajar en un país en el que se criminaliza y asesina a defensoras del territorio, donde los derechos sindicales y laborales son mínimos y las regulaciones ambientales completamente insuficientes.

Urge comprometerse desde las instituciones, las empresas y la sociedad vasca para poner fin a esta situación. El discurso del respeto a la legalidad no es suficiente, no basta con respetar las leyes y regulaciones del país en el que se implantan las empresas, es imprescindible garantizar que la actividad de las empresas vascas no contribuye a la violación de derechos humanos ni a la devastación ambiental. Es por ello que tanto desde las instituciones como desde la sociedad civil se debería controlar la actividad de las empresas vascas en el exterior para garantizar que no vulneran derechos humanos y emprender medidas legales en caso contrario. Así mismo, las Políticas de Internacionalización Empresarial deberían ser coherentes con la defensa de los derechos humanos y con el reconocimiento de la emergencia ambiental aprobada recientemente por el Parlamento Vasco. No se puede seguir apoyando ni técnica ni financieramente a aquellas empresas que se implantan en los llamados “infiernos industriales”.

Un primer paso para ello es el compromiso que han tomado las organizaciones políticas, sociales y sindicales agrupadas en la campaña EHk Kapitalari Planto para denunciar y visibilizar los impactos que generan las empresas vascas tanto en nuestro territorio como en el exterior. Tejiendo alianzas internacionales contra los impactos de las empresas multinacionales y contra los tratados comerciales y de inversión, cuyas consecuencias más graves se hacen patentes en México, ejemplo devastador de cómo destruir la vida en un país a través de la desregulación y el “libre” comercio.

Fuente: OMAL

ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.