Por La Tinta, Biodiversidad LA, 25 de abril de 2019

Sabemos que nuestra historia como mujeres y disidencias construyendo otros mundos es compleja y profunda. Lo sabemos, porque nuestras compañeras nos lo han contado. O lo leímos por ahí en un texto que apareció, como por arte de magia, en la biblioteca de alguna. Es muy difícil encontrar que la historia oficial reconozca a las mujeres e identidades disidentes en los acontecimientos más importantes de nuestras sociedades, y que incluso se nutra de lo que elles escribieron. Su circulación fue vetada, incompleta, arrancado su sentido último, idiotizada o silenciada.

La ola feminista actual trae algunas consignas que otres ya levantaron, aunque en un contexto muy distinto, y se nos hace difícil el camino cuando no tenemos presente aquellos pasos de les que nos precedieron, sus dificultades y sus estrategias. Inconscientemente lo sentimos en algunas de las libertades que hemos ganado y que tienen nombre de mujeres e identidades disidentes. Pero cuesta encontrar aquellos documentos que nos cuenten cómo fueron esas luchas. A veces, también, nos cuesta identificarlas y traerlas, somos, no menos, hijes de este paradigma occidental, androcéntrico, clasista y heteropatriarcal que se ubica a sí mismo en el centro de la historia.

La sección “Nuestra Historia en Presente” busca recuperar aquellas luchas para aportar a (re)pensar las nuestras actuales. El patriarcado busca ocultarnos, pero acá estamos, poniendo voz a les invisibilizades y reconociendo que somos parte de algo más grande, que nos excede y que se vuelve continuidad en nuestro presente.

El feminismo indígena y comunitario tiene mucho para enseñarnos, porque su lucha nace y se desarrolla frente a una multiplicidad de opresiones que trabajan unidas en una “amalgama” como le llama Raquel Gutierrez. Capitalismo, colonialismo y patriarcado ejercen en estas comunidades su presión más mortal, y son las mujeres y sus cuerpos las que la sufren cotidianamente. Como ellas nos dicen, el patriarcado existía en las comunidades originarias mucho antes del capitalismo, en otras formas y con otras dinámicas. Pero también existían y resistían en paralelo cosmovisiones comunitarias y miradas del mundo que las mujeres llevaban adelante y que el colonialismo y el capitalismo intentaron borrar, y que hoy resuenan con fuerza en luchas por la tierra y el medioambiente en todo el continente. En 1993, en la gesta del movimiento zapatista, dos mujeres recorrieron las comunidades y charlaron con otras sobre sus necesidades y desafíos. Redactaron entonces, la Ley Revolucionaria de las Mujeres que fue incluida en “El Despertador Mexicano, Órgano Informativo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), México, No 1. Diciembre 1993”. Un movimiento revolucionario latinoamericano mostraba, por primera vez, a mujeres en puestos de mando y proclamaba derechos y libertades para ellas en sus territorios como nunca antes se había visto. Miradas comunitarias colectivas que se hacían lugar en un mundo abiertamente neoliberal y “moderno”, en donde las prácticas individualistas estaban a la orden del día. Para les zapatistas, lo individual y lo colectivo “caminan juntos” y no hay disolución posible. Claro está que no fue fácil para ellas que esos derechos enunciados sean efectivos, con tradiciones patriarcales tan arraigadas. El año pasado, de hecho, abrieron su lucha al mundo entendiendo que el feminismo es plural e internacional, y que la lucha es de todes, y organizaron el Primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan en su territorio.

Estas leyes resuenan en la memoria latinoamericana y representan un hito en nuestra historia.

En su justa lucha por la liberación de nuestro pueblo, el EZLN incorpora a las mujeres en la lucha revolucionaria sin importar su raza, credo, color o filiación política, con el único requisito de hacer suyas las demandas del pueblo explotado y su compromiso a cumplir y hacer cumplir las leyes y reglamentos de la revolución. Además, tomando en cuenta la situación de la mujer trabajadora en México, se incorporan sus justas demandas de igualdad y justicia en la siguiente LEY REVOLUCIONARIA DE MUJERES:

Primero.- Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.

Segundo.- Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.

Tercero.- Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.

Cuarto.- Las mujeres tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.

Quinto.- Las mujeres y sus hijos tienen derecho a ATENCIÓN PRIMARIA en su salud y alimentación.

Sexto.- Las mujeres tienen derecho a la educación.

Séptimo.- Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.

Octavo.- Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación o violación serán castigados severamente.

Noveno.- Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.

Décimo.- Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señala las leyes y reglamentos revolucionarios.

El Despertador Mexicano, Órgano Informativo del EZLN, 

México, No.1, diciembre 1993.

FuenteBiodiversidad LA
COMPARTIR
ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.