Por Antonio Carrillo Bolea* , La Jornada del Campo, 16 de febrero de 2019

Por primera vez en mucho tiempo, hoy hay condiciones únicas para el
abordaje del rescate del campo desde diferentes torrentes de acción
gubernamental: política productiva para los campesinos con poca tierra, los indígenas y los jóvenes; ejercicio del presupuesto público de manera
transparente y eficiente; reactivación de las adquisiciones del Estado
con precios de garantía para los productores, entre otras.

Dentro de ese conjunto de propuestas, por primera vez existe un progra-ma público que en su diseño inicial es totalmente agroecológico. Es de las propuestas prioritarias del nuevo gobierno a las cuales se les ha asigna-
do más presupuesto y es de las iniciativas que más han dado de qué
hablar, tanto por sus ambiciosas metas como por las dudas que han
surgido en torno a cómo se está diseñando, cómo se piensa implementar y cómo se va a evaluar su desempeño: Sembrando Vida.

Vamos a partir del hecho de que el programa contempla la siembra de sistemas agroforestales en un millón de hectáreas de pequeños productores en diferentes estados del país y que su estrategia territorial tendrá cubierta esta superficie en dos años. Establecer metas ambiciosas es importante, pero no existen ejemplos de políticas públicas agroecológicas exitosas en México. Mientras que en otros países programas como los huertos escolares son ya un baluarte de experiencias y conocimientos que han forjado generaciones de facilitadores y alumnos de diferente nivel, o los programas de producción agroecológica para compras estatales, en México no tenemos antecedentes. Contamos con un marco normativo que permite el desarrollo de tales políticas, pero por primera vez podemos ver que se toma en consideración la agroecología como un tema que debe de subir a las políticas públicas prioritarias.

Esto no es casual ni una mera ocurrencia, la FAO desde hace varios años ha estado señalando la importancia de acelerar la escala de la agroecología para crear sistemas alimentarios sostenibles. Podemos ver un impulso orientado a esta tendencia desde la formulación de la Agenda 2030 y los 17 ODS, en los que se contemplan estrategias agroecológicas para cerrar las brechas de desigualdad existentes y también para atender temas tan urgentes como la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. El consenso científico está claro: se debe de dar una transformación social sin precedentes si es que queremos mantener el clima global debajo del aumento de 1.5°C. Actualmente, la industria de producción de alimentos es responsable de casi la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), si se toma en consideración todo el ciclo del campo a la mesa. Sin embargo, en un rediseño agroecológico de la misma se podrían revertir estos indicadores y hacer que la ganadería y la agricultura dejen de ser parte del problema y sean parte de la solución, capturando carbono atmosférico en los agropaisajes, regenerando suelos, cuerpos de agua y evitando la pérdida de biodiversidad.

Tuve la oportunidad de ser invitado a una de las reuniones iniciales de presentación del programa Sembrando Vida, donde se compartió la visión y el diseño institucional con el que se piensa implementar la siembra del millón de hectáreas. Ante un grupo muy concurrido de especialistas en temas agrícolas y forestales, me quedó la impresión de que se estaban faltando temas muy importantes, ignorando aprendizajes “a la mala” en otros países como Chile, donde se favorecieron plantaciones forestales de monocultivo que representaron daños ecosistémicos considerables y que han demostrado ser insostenibles en el largo plazo. Dentro del grupo había especialistas en cultivos tales como el hule, el cacao, el café y era muy notoria la diferencia de enfoques entre aquellos que siembran en sistemas agroforestales bajo sombra: cacao y café, donde se privilegian policultivos de múltiple estrato, contra aquellos enfocados en monocultivos comerciales. Me pareció que el grupo no contempló la posibilidad que se abre con este programa para rediseñar la matriz de producción de alimentos en México de tal manera que el modelo de producción agroecológico sea el nuevo estándar. Eso daría la posibilidad para elaborar políticas públicas que incluyan mayor manejo de la biodiversidad nativa y el uso de otros cultivos especializados con mercados muy interesantes como el bambú. Ese nivel de disruptividad es lo que se necesita ante las problemáticas del contexto de los pequeños productores en el sur-sureste, quienes durante años han perdido presencia en el mapa de la producción nacional debido a varios sexenios de políticas asistencialistas.

Navegar contra esa inercia asistencialista va a ser una dificultad que enfrentarán los productores y los facilitadores de campo. Otra duda es si existirán oportunidades para la participación de las OSC que tienen tiempo y experiencia trabajando la agroecología con productores. Retos como este se suman de manera exponencial y seguramente la directiva del programa ya habrá previsto algunos riesgos. Ante este escenario de incertidumbre, esperanza, interés y posibilidades, solo hacemos una recomendación: subir al programa al tren del Gobierno Abierto.

Hay una fuerza ciudadana global que le exige a los gobiernos ser más cercanos a las necesidades de la gente, reclamando mayor transparencia y rendición de cuentas, participación ciudadana en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas, así como también la generación de espacios para la discusión y cocreación de soluciones para problemas públicos. En esta tendencia, la Alianza Internacional para el Gobierno Abierto de la que México es parte, invita a los gobiernos de diferentes niveles a co-crear Planes de Acción con la ciudadanía y juntos potenciar el impulso transformador con el que se puede regenerar la administración pública.

Un grupo de ciudadanos entusiastas en lograr la apertura de las instituciones y la administración pública hemos sido apoyados por el INAI y el PNUD para crear un capítulo temático de agroecología dentro del Secretariado Técnico Local de Gobierno Abierto del Estado de Veracruz. En esta plataforma de reciente creación esperamos poder facilitar los espacios de discusión entre gobierno y ciudadanía para cocrear las acciones que pueden catalizar los cambios que estamos buscando. Hasta el momento ha habido mucha apertura de las secretarías de estado relacionadas y esperamos que pueda haber un acercamiento con los responsables del programa Sembrando Vida para plantear las dudas que hemos recogido de varios expertos en materia forestal y social de diferentes OSC con mucha experiencia en el campo y que conocen bien los riesgos a los que se va a enfrentar el programa en sus primeras etapas de implementación.

El anunciado cambio de régimen de la cuarta transformación no va a suceder por decreto, tiene que contar con apoyo ciudadano para poder experimentar un nuevo modo de hacer política en nuestro país. Consideramos que el escenario de cocreación que brinda el Gobierno Abierto brinda todos los elementos para que esta transformación pueda ser lo suficientemente ágil, inteligente y bien orquestada, logrando los impactos ecológicos y sociales que tanto urgen.

FuenteLa Jornada del Campo
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