Por Alianza por la Salud Alimentaria, 28 de enero de 2019

  • La poderosa oposición que representan los intereses comerciales, la falta de liderazgo político y una insuficiente demanda de cambio por parte de la sociedad impiden que se tome acción en contra de La Sindemia Global, con tasas crecientes de obesidad y emisiones de gases de efecto invernadero, así como tasas de desnutrición en estancamiento.
  • La Comisión exige un tratado global que limite la influencia política de la Gran Industria de Alimentos y Bebidas (un proyecto de Convenio Marco sobre Sistemas Alimentarios inspirado en los convenios mundiales sobre el tabaco y el cambio climático), así como redirigir 5 billones de dólares en subsidios gubernamentales lejos de productos dañinos y la incidencia de la sociedad civil para romper con décadas de inercia política.

Los líderes globales y nacionales deben afrontar con dureza los poderosos intereses comerciales y repensar los incentivos económicos globales dentro del sistema alimentario a fin de enfrentar las pandemias conjuntas de obesidad, desnutrición y cambio climático, según un extenso nuevo informe de la Comisión de Obesidad de The Lancet, de la que forma parte el director de El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo.

Una recomendación clave de la Comisión es el llamado a establecer un nuevo tratado global sobre sistemas alimentarios para limitar la influencia política de la Gran Industria de Alimentos y Bebidas.

La malnutrición en todas sus formas, incluida la desnutrición y la obesidad, es por mucho, la principal causa de mala salud y muerte prematura a nivel mundial.

El exceso de peso corporal afecta a 2 mil millones de personas en todo el mundo, la misma cantidad padece deficiencia de micronutrientes y se espera que ambos se empeoren significativamente con el cambio climático.[1]

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La sindemia de obesidad, desnutrición y cambio climático

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En las últimas dos décadas, la obesidad, la desnutrición y el cambio climático han sido considerados de manera separada y la capacidad de respuesta política ha sido inadmisiblemente lenta debido a la reticencia de los responsables políticos para implementar políticas efectivas, una oposición poderosa por parte de los intereses comerciales y una demanda insuficiente de cambio por parte de la sociedad civil.

La desnutrición disminuye demasiado lentamente como para cumplir las metas mundiales, ningún país ha revertido su epidemia de obesidad y las respuestas de políticas integrales a la amenaza del cambio climático apenas han comenzado.

Dirigida por la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), la Universidad George Washington (EU) y la Federación Mundial de la Obesidad (Reino Unido), la nueva Comisión Lancet es el resultado de un proyecto de tres años liderado por 26 expertos provenientes de 14 países.

El informe le sigue a la publicación del 17 de enero de la Comisión Lancet-EAT, que proporcionó los primeros objetivos científicos para una dieta saludable dentro de los límites planetarios.[2]

La nueva Comisión define a La Sindemia Global como las interacciones globales de las pandemias de obesidad, desnutrición y cambio climático, las cuales están vinculadas por factores comunes y soluciones compartidas.

Entre los causantes de La Sindemia Global destacan las políticas alimentarias y agrícolas, el transporte, el diseño urbano y los sistemas de uso del suelo, los que a su vez son originados por políticas e incentivos económicos que promueven el consumo excesivo y las desigualdades.

Entre las acciones recomendadas, la Comisión solicita el establecimiento de un Convenio Marco sobre Sistemas Alimentarios (FCFS, por sus siglas en inglés), similar a los convenios globales sobre el control del tabaco y el cambio climático, para restringir la influencia de la industria alimentaria en la formulación de políticas y movilizar la acción nacional para crear sistemas alimentarios saludables, equitativos y sostenibles.

Los incentivos económicos deben ser rediseñados y los 5 billones de dólares en subsidios gubernamentales destinados a combustibles fósiles y a grandes empresas agrícolas mundiales deben redirigirse hacia actividades sostenibles, saludables y respetuosas con el medioambiente.

Además, se debe establecer un fondo filantrópico global de 1 mil millones de dólares para apoyar a la sociedad civil en su búsqueda de cambio.

“Hasta ahora, la desnutrición y la obesidad se han visto como polos opuestos entre muy pocas o demasiadas calorías. En realidad, ambos son causados por los mismos sistemas alimentarios poco saludables y no equitativos, respaldados por la misma economía política centrada en el crecimiento económico y que ignora las consecuencias negativas en salud y equidad. El cambio climático proviene de la misma narrativa en la que las ganancias económicas y el poder ignoran el daño ambiental causado por los sistemas alimentarios actuales, el transporte, el diseño urbano y el uso del suelo. Vincular las tres pandemias como La Sindemia Global nos permite considerar factores comunes y soluciones compartidas, con el objetivo de romper décadas de inercia política”, dice el co-presidente de la Comisión, el profesor Boyd Swinburn, de la Universidad de Auckland.[3]

“El modelo comercial predominante de las grandes compañías internacionales de alimentos y bebidas, que se centran en maximizar las ganancias a corto plazo lleva a un consumo excesivo de alimentos y bebidas pobres en nutrientes, tanto en los países de ingresos altos como, de manera creciente, en los países de ingresos bajos y medios. La coexistencia de la obesidad y el retraso en el crecimiento en los mismos niños en algunos países es una señal de advertencia urgente y ambos se verán agravados por el cambio climático. Enfrentar La Sindemia Global requiere un replanteamiento urgente de cómo comemos, vivimos, consumimos y nos movemos, incluido un cambio radical hacia un modelo de negocio sostenible, que promueva la salud y que se adapte a los desafíos futuros a los que nos enfrentamos hoy”, dice el doctor Richard Horton, editor en jefe de The Lancet.[3]

La Sindemia Global: los causantes comunes requieren acciones de doble o triple función

La Sindemia Global representa una sinergia de pandemias que ocurren en el mismo tiempo y lugar, interactúan entre sí y comparten las mismas causas sociales subyacentes.

Por ejemplo, los sistemas alimentarios no sólo impulsan las pandemias de obesidad y desnutrición, sino que también generan entre un 25% y un 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la producción ganadera representa más de la mitad de estos.

Los sistemas de transporte dominados por los automóviles motivan estilos de vida sedentarios y generan entre el 14% y el 25% de los GEI.

Con base en todo lo anterior se encuentran sistemas de gobernanza política débiles, la búsqueda económica incontrolada del crecimiento del PIB y la poderosa ingeniería comercial del consumo excesivo.

Las consecuencias de la obesidad, la desnutrición y el cambio climático también interactúan entre sí.

Por ejemplo, el cambio climático aumentará la desnutrición a causa de una mayor inseguridad alimentaria debido a los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías y los cambios en la agricultura.

Asimismo, la desnutrición fetal e infantil aumenta el riesgo de obesidad en adultos.

El cambio climático puede también afectar los precios de los productos alimenticios básicos, especialmente las frutas y verduras, lo que podría aumentar el consumo de alimentos procesados.

Las acciones de doble o triple función influyen de manera simultánea en múltiples partes de la sindemia, con el objetivo de enfrentar a los principales causantes de La Sindemia Global a nivel local, nacional y mundial.

Los lineamientos para una dieta sostenible, la restricción de influencias comerciales, el derecho a la legislación de bienestar y las políticas para sistemas alimentarios saludables, equitativos, ambientalmente sostenibles y económicamente prósperos representarían acciones de doble o triple función.

Ejemplos adicionales de acciones de triple función incluyen:

  • La reducción del consumo de carne roja por medio de impuestos, subsidios redirigidos, etiquetados sanitarios y ambientales, y mercadotecnia social, propiciaría dietas más saludables para la prevención del cáncer y la obesidad; mayor uso de tierras para una agricultura eficiente y sostenible, y proporcionaría oportunidades para reducir la desnutrición y menores emisiones de GEI por parte de la agricultura.
  • El apoyo al transporte activo por medio de infraestructura, impuestos y cambios en los subsidios, y las estrategias de mercadotecnia social conducirían a un aumento de la actividad física y menos tiempo de sedentarismo, con un impacto en la prevención de la obesidad, un acceso más económico al transporte de alimentos saludables y empleo, lo que podría reducir de manera potencial la pobreza y la desnutrición, y reducir las emisiones de GEI del transporte.

Intereses comerciales: un poderoso causante de La Sindemia Global

De manera creciente el poder económico se ha concentrado en menos empresas, a su vez cada vez más grandes.

Las estrategias clave utilizadas por la industria alimentaria para obstruir las políticas de prevención de la obesidad incluyen adoptar la autorregulación para anticiparse o retrasar la regulación estatal, los esfuerzos de sus relaciones públicas para retratar a la industria como socialmente responsable al mismo tiempo que socavan y cuestionan la potencia de la evidencia científica, el cabildeo directo de los tomadores de decisiones gubernamentales y el hecho de enmarcar la nutrición como una cuestión de responsabilidad individual.

“Del poder del mercado viene el poder político e incluso los gobiernos dispuestos luchan para implementar políticas en contra de la presión de la industria. Se necesitan nuevas dinámicas de gobierno para romper la inercia que impiden tomar acciones preventivas. Los gobiernos deben recuperar la capacidad de actuar en beneficio de las personas y del planeta, y para ellos los tratados globales son de gran ayuda. Los intereses comerciales deben ser excluidos del ámbito político y la sociedad civil debe tener una voz más fuerte en la formulación de políticas. Sin cambios significativos como estos, continuaremos con el status quo que impulsa a La Sindemia Global”, dice Tim Lobstein, de la Federación Mundial de la Obesidad, Londres (Reino Unido).[3]

Los intentos por incluir la sostenibilidad en las guías alimentarias nacionales en los E.U. y Australia fracasaron como resultado de la presión de la industria alimentaria para eliminar la sostenibilidad de los términos de referencia.

En E.U. los subsidios a los combustibles fósiles mantienen bajos los precios de la gasolina de manera artificial, fomentando el uso de automóviles y desincentivando la inversión en transporte público y activo.

En 2016-17, el sector de bebidas azucaradas invirtió 50 millones de dólares para hacer cabildeo en contra de las iniciativas locales para reducir el consumo de refrescos y gaseosas, y la investigación financiada por la industria tiene cinco veces menos probabilidad de encontrar un vínculo entre las bebidas azucaradas y la obesidad en comparación con otros estudios.

El poder obstructivo de la industria alimentaria se ve reforzado por los acuerdos gubernamentales que legitiman la participación de la industria en el desarrollo de políticas públicas y el poder que las grandes corporaciones detentan para castigar o recompensar a los gobiernos reubicando empleos e inversión.

Además, las prácticas ilegales de mercadotecnia en un país se han introducido o mantenido en países no regulados.

En Nepal, Ghana, Sudáfrica y Mongolia, como es también común en México, la comercialización de bebidas azucaradas es habitual en escuelas y en las entradas a las escuelas de un modo que sería inaceptable en los países de altos ingresos.

Son necesarios los enfoques regulatorios hacia la reformulación de productos (por ejemplo, reducción de sal y azúcar), etiquetados nutrimentales y publicidad dirigida a niños, porque un abordaje voluntario, impulsado por la industria, no ha resultado efectivo.

Un Convenio Marco sobre Sistemas Alimentarios inspirada en los tratados sobre tabaco y cambio climático

El Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT) y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) proporcionan valiosos modelos de enfoque global para abordar los efectos negativos para la salud y el medio ambiente del sistema alimentario.

La Comisión solicita un nuevo Convenio Marco sobre Sistemas Alimentarios (FCFS, por sus siglas en inglés) para unir a los actores más poderosos de los sistemas alimentarios en un acuerdo común, permitiendo a los gobiernos integrar elementos de salud pública, equidad social y protección ambiental.

Basado en el artículo 5.3 del CMCT, un nuevo FCFS excluiría explícitamente a la industria alimentaria del desarrollo de políticas públicas. Tal compromiso reconocería que existe un conflicto fundamental e irreconciliable entre los intereses de algunas industrias de alimentos y bebidas, y los de la salud pública y el medioambiente; que todas las partes deben ser transparentes y responsables cuando se trata de la industria o el trabajo para promover sus intereses; y que no deberían existir ventajas o incentivos fiscales para producir alimentos y bebidas que dañen la salud humana y ambiental.

“Aunque los alimentos difieren claramente del tabaco porque son una necesidad para sustentar la vida humana, los alimentos y las bebidas no saludables no son necesarias. Las similitudes con la Gran Industria de Tabaco residen en el daño que provocan y en el comportamiento de las corporaciones que se benefician de ello. Una Convención Marco sobre Sistemas Alimentarios ayudaría a empoderar a las naciones individuales contra los poderosos intereses comerciales, redirigiría los inmensos subsidios que hoy en día benefician a las industrias no saludables y brindarían una transparencia total”, dice el profesor William H. Dietz, de la Universidad George Washington, Washington DC, EU.[3]

Los subsidios que fomentan la mala salud deben ser redirigidos

En 2015, los subsidios globales de los gobiernos a las industrias de combustibles fósiles fueron de aproximadamente 5.3 billones de dólares anuales y casi la mitad de un billón de dólares se destinó a subsidios agrícolas (principalmente para carne vacuna y productos lácteos, así como granos utilizados para alimentación del ganado o alimentos ultraprocesados) en los 21 principales países productores de alimentos cada año.

A medida que las industrias aumentan sus ganancias, los costos de los daños ambientales y de salud relacionados con sus productos son significativamente sufragados por las generaciones actuales y futuras de contribuyentes. La Comisión sostiene que estos subsidios deberían redirigirse para incentivar una agricultura saludable y ambientalmente sostenible.

Lo que es más, los costos de productos como la carne roja y la gasolina deben reflejar los costos de sus daños al medioambiente.

Se necesitan nuevos modelos de negocios que se ajusten a los desafíos del siglo XXI para incentivar a las empresas sostenibles en apoyo del bien público y para ampliar el enfoque empresarial a fin de incluir de manera explícita los beneficios para la salud, la sociedad y el medioambiente.

La sociedad civil: una muy necesaria fuerza transformadora

Es poco probable que las estrategias efectivas para abordar La Sindemia Global tengan éxito sin un apoyo amplio.

La reciente retirada de los E.U. del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático demuestra lo frágil que son los acuerdos en función de la política de los países involucrados.

No obstante la decisión de la administración actual de los E.U., 2700 líderes de ciudades, estados y empresas de este país, que representan a 159 millones de personas y 6.2 billones de dólares en el PIB, continúan esforzándose para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero.

“La movilización de la sociedad civil ha sido crucial para impulsar políticas como un impuesto a las bebidas azucaradas en México y diversas regulaciones en otros países, estados y ciudades. El impuesto a las bebidas azucaradas, después de México, se ha establecido en diversas ciudades, regiones y países, así como la regulación de la publicidad dirigida a niños de alimentos y bebidas no saludables, y la presencia de estos productos en las escuelas. Sin embargo, en varios casos, como en México, las medidas han quedado a medias, como el impuesto a las bebidas azucaradas o han sido capturadas por las empresas para, por ejemplo, establecer etiquetados frontales que no son entendibles por los consumidores y regulaciones de la publicidad a niños que son más bien simulaciones”, señaló Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, miembro de la Comisión de Obesidad de Lancet y uno de los autores de este reporte.

La Comisión solicita 1 mil millones de dólares de fuentes filantrópicas y de otros tipos para ayudar a 100 países para implementar políticas de alimentación y nutrición.

“Los últimos años han visto un renovado activismo a nivel local, ya sea en ciudades, comunidades o en temas particulares. Al igual que con otros movimientos sociales, como las campañas para introducir impuestos a las bebidas azucaradas, es más probable que los esfuerzos para abordar La Sindemia Global empiecen a nivel de comunidad, ciudad o estado, y luego se desarrollen a nivel nacional o global. El apoyo a la sociedad civil es crucial para romper el estancamiento de las políticas y los sistemas que impulsan La Sindemia Global”, agrega el profesor William Dietz, de la Universidad George Washington.[3]

Notas

  • Datos clave sobre obesidad, desnutrición y cambio climático:
    • Se estima que el exceso de peso corporal afecta a 2 mil millones de personas en todo el mundo, causando 4 millones de muertes, a un costo de 2 mil millones de dólares por año, o el 2.8% del PIB mundial.
    • Al mismo tiempo, el retraso en el crecimiento y emaciación afectan a 155 millones y 52 millones de niños en todo el mundo, 2 mil millones de personas padecen una deficiencia de micronutrientes y 815 millones de personas sufren desnutrición crónica. En África y Asia, la desnutrición cuesta entre el 4 y el 11% del PIB.
    • Las estimaciones de los futuros costos económicos del cambio climático son del 5 al 10% del PIB mundial, con costos en los países de bajos ingresos que pueden exceder el 10% de su PIB.
    • La producción de alimentos es uno de los mayores contribuyentes al cambio climático. La agricultura contribuye con un 15-23% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, similar a lo que emite el transporte. Cuando se tienen en cuenta la conversión de tierras, el procesamiento de alimentos y los residuos, puede llegar hasta el 29%.
  • Comisión Lancet-EAT https://www.thelancet.com/commissions/EAT
  • Citas directas de los autores no se encuentran en el texto de la Comisión.

Descarga el informe de la Comisión Lancet aquí

Descarga la presentación correspondiente aquí

Descarga comunicado de prensa respectivo aquí

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FuenteAlianza por la Salud Alimentaria
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