Por Alejandro Alegría, La Jornada, 2 de enero de 2019

En México, seis de cada 10 popotes que se fabrican no son hechos por la industria formal, situación que no sólo afecta a las empresas dedicadas a su manufactura, sino al medio ambiente y a la salud de quienes los utilizan.

Si bien fue creado para reducir el riesgo de contraer enfermedades, al evitar tener contacto con recipientes como vasos, tasas y botellas que no fueron lavados de forma apropiada, en la actualidad las pajillas en el país podrían resultar una amenaza para la salud de los consumidores, pues muchas son fabricadas en condiciones desconocidas, de acuerdo con la Asociación Nacional de la Industria Química (Aniq).

Rubén Muñoz García, director de la Comisión de la Industria del Plástico, Responsabilidad y Desarrollo Sustentable (Cipres) de esa agrupación empresarial, explicó que en el país sólo existen siete empresas que fabrican popotes de manera formal.

Sin embargo, indicó, 60 por ciento de pajillas de plástico que se utilizan en México provienen de un mercado informal que no se sabe a ciencia cierta si cumplen las normas, las condiciones de sanidad, durante los procesos.

“Muchos productos se llegan a encontrar en mercados no formales. Tenemos que 60 por ciento de popotes que se usan en el país son de la industria informal”, sostuvo.

Comentó que en el país la industria establecida produce alrededor de 20 mil toneladas de popotes al año, pero esa cantidad es muy baja. Del total, 69 por ciento fue fabricado en la informalidad, de acuerdo con un estudio hecho por la Aniq.

Alethia Vázquez Morilla, doctora en ciencias e ingenierías ambientales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, dijo que el principal riesgo con los popotes hechos en el sector informal es que no hay certeza del origen ni de la calidad de la materia prima.

“Podrían estarse fabricando hasta con el reciclaje de plásticos que no son de grado alimentario”, comentó.

“Las pajillas que se fabrican en la industria formal tienen controles muy estrictos de calidad, porque van a estar en contacto con alimentos y directamente con el organismo. Entonces, deben cumplir con tener ciertos materiales que no liberen sustancias tóxicas, que sean resistentes, etcétera”, apuntó.

Indicó que cuando la gente compra esos “popotes pirata”, que se venden a granel en bolsa, realmente no se sabe de dónde viene la materia prima, si tuvo un proceso de control de calidad. Podrían liberar aditivos o tener sustancias que no deberían estar ahí.

Los efectos de la maniobra contra su utilización

En los pasados dos años la industria de los popotes en México ha bajado sus ventas 20 por ciento, debido a una campaña para evitar su uso por los daños que ocasiona al medio ambiente; sin embargo, el sector se defiende argumentando que existe una mala percepción al sólo representar 0.05 por ciento del total de la basura generada en el país.

Muñoz García dijo que la campaña antiúso del popote de plástico preocupa y ocupa al sector.

“Consideramos que hay una mala percepción de lo que pasa.”

De acuerdo con el directivo de la Aniq, el impacto de esa campaña es una baja en las ventas de hasta 20 por ciento, aunque aún no hay un estimado de manera oficial.

Comentó que si bien cadenas de restaurantes y de comida rápida han comenzado a no utilizar los popotes, ha sucedido lo contrario con el surgimiento de nuevos centros comerciales, negocios, que hoy todavía no implementaron ese tipo de políticas. Ello ha compensado la medida de alguna manera.

De 93 millones de toneladas de residuos que se generan en el país, los popotes sólo representan 0.05 por ciento del total.

Muñoz García indicó que el programa de la Secretaría de Medio Ambiente para la gestión de residuos que se generan recolecta 86 por ciento, pero sólo 60 por ciento recibe tratamiento.

Defendió a la industria argumentando que se busca arreglar el tema ambiental eliminando 0.05 por ciento de todo el problema, lo cual no representa un impacto al ambiente realmente suficiente y que justifique eliminar un producto que a lo largo de su historia ha demostrado su beneficio para la higiene y la salud, pues hay personas que por sus condiciones físicas los requieren.

Indicó que en la pasada legislatura, en la Cámara de Diputados, surgió una iniciativa para que los popotes se entregaran en los centros de consumo a solicitud de los usuarios, modelo similar al del consumo de sal: ya no se debe poner en la mesa de restaurantes, a menos que lo solicite cliente. “Eso nos parece que es mucho más adecuado”, declaró.

Alethia Vázquez Morilla expresó que, efectivamente, los popotes “representan una proporción muy bajita de los residuos”, lo cual no descarta que tenga impacto ambiental, sobre todo si se manejan de manera inadecuada, “porque van a llegar a ecosistemas naturales en los que no deberían estar y van a intervenir en procesos en los que no deberían estar.”

Interrogado respecto de si son mejores los popotes biodegradables, Muñoz García comentó que éstos necesitan un tratamiento especial –condiciones de presión, temperatura, humedad y luz solar, entre otros– para ser considerados así.

Incluso, la producción de pajillas biodegradables no es tan sencilla. Explicó que primero se debe hacer un análisis del ciclo de vida de un producto, lo cual incluye saber cuáles materias primas se necesitan, su transformación y cómo se desechará.

Agregó que, en algunos casos, los biodegradables demandan mucha agua para su producción, al contrario de los plásticos.

Por otra parte, hay propuestas para usar almidón o maíz, pero cuestionó que es importante analizar si se usará ese grano para alimentar a la población o para producir plásticos.

Consideró que el país aún no tiene rellenos sanitarios, porque hay muchos tiraderos a cielo abierto que no reúnen las condiciones para manejar una norma oficial mexicana.

“Si no tenemos los rellenos para residuos convencionales, pues para los biodegradables tampoco”, declaró.

Mientras la Aniq estima que el impacto sólo es una baja de 20 por cierto en las ventas, en el caso de Envases Primo, una de las siete industrias que fabrica el producto, el costo es más bien de 30 por ciento.

Juan Efrén de Urquijo, director general de esa compañía, dijo que al inicio de dicha campaña no había impacto; sin embargo, en los últimos meses de 2018 ya es notorio el cambio. Detalló que la comercialización del producto ha mermado 30 por ciento, por lo que han comenzado a producir más popotes biodegradables.

Indicó que para la empresa se encarece producir el producto biodegradable en 50 por ciento, pues al polipropileno se le agregan aditivos para que se degrade en menor tiempo. Sin embargo, ese costo se tiene que reflejar en el costo al consumidor, pero “la gente no está dispuesta a pagar ese diferencial de precio”.

FuenteLa Jornada
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