De acuerdo a una nota de excelsior, la mayoría de los niños querría que le regalaran más tiempo de calidad. Y ese es uno de sus derechos según la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989: derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad.

Otro derecho es el del acceso a una alimentación adecuada: “[…] el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud.”

Entre las acciones que los Estados Partes de la Convención deben realizar para asegurar la plena aplicación de este derecho, resalta:

“Combatir las enfermedades y la malnutrición en el marco de la atención primaria de la salud mediante, entre otras cosas, la aplicación de la tecnología disponible y el suministro de alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre, teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medio ambiente”

Su derecho a una alimentación y ambiente sano cobra especial relevancia en este momento. Nunca antes otra generación estuvo expuesta al coctel de contaminantes a los que hoy nos exponemos cada día. Comemos y respiramos sustancias tóxicas como nunca antes.

Piezas de evidencia de que mucho va mal

El libro de André Leu Envenenando a nuestros niños, lo dice claramente: “la comida libre de tóxicos es un derecho de nacimiento de los niños”, pero “la mayoría de los niños está siendo expuesta a una gran gama de compuestos tóxicos. Esto es porque los reguladores en el gobierno no actúan en base a la creciente evidencia que vincula [a los plaguicidas] con el incremento de enfermedades y problemas de comportamiento que está afectando a niños.”

“[…] Estamos ahora frente a la primera generación que va a tener una esperanza de vida más corta que la de sus padres.”

Pensemos por un momento en la tortilla como ejemplo. En México la empezamos a comer desde que tenemos meses de edad. Mi abuela dice a los niños se les daba un taquito, remojado en caldo de frijoles, cuando les empezaban a salir los dientes.

El problema es que, como el resto de la comida industrializada, las tortillas más accesibles hoy: las más baratas y las más comunes, son de muy mala calidad. En lugar de nixtamalizar se usa harina. El maíz con el que se hace harina puede contener residuos de agroquímicos como glifosato. Y encima, estamos importando maíz transgénico, comiendo maíz transgénico.

Por supuesto, el caso de la tortilla es apenas un ejemplo. El problema no se reduce al maíz. Seguramente también estamos comiendo glifosato en el pan, la sopita de pasta, los cereales de la mañana y las frituras varias que comemos como golosina.

En teoría, los gobiernos deberían proteger a los niños de enfermedades no comunicables como la diabetes y otros trastornos metabólicos, la obesidad, las malformaciones, el cáncer, los problemas cardiacos, etc. Pero si no lo están haciendo, los ciudadanos deberían exigir que lo hagan.

Como adultos votantes, participantes conscientes del sistema, ¿estamos haciendo suficiente por las generaciones más jóvenes y por las generaciones futuras?

La nixtamalización y todos los derivados de la masa de maíz nixtamalizada son el producto de una tecnología milenaria. Los niños y las generaciones más jóvenes, que no lo saben, tienen el derecho a conocerla y sentirse orgullosos de la triada de la milpa: el maíz, los frijoles y el chile, de nuestra dieta basada en maíz.

En 2018, el Colegio Banting invitó a ACO y a la Alianza por Nuestra Tortilla a participar en su Feria de la Salud. Los pequeños conectaron con la diversidad del maíz, con el nixtamal y un metate, y con las tortillas de calidad.

Este año, ¿por qué no fijarse una meta que apunte a lo trascendente? Involúcrate y ayúdanos a subir a la agenda pública el derecho a la comida de calidad y la producción regenerativa.

Mucho que hacer en 2019

Desde tu trinchera puedes hacer algo. Como mamá y papá, elige comida sana. Si eres profesor(a), enseña a los niños sobre sistema alimentario y limita el acceso a comida industrializada. ¿Médico? recomienda prestar atención a la comida y a su origen. En el papel de consumidor(a), haz consciencia sobre lo que compras, vota con la cartera. Y como ciudadano(a), pregúntate si las políticas públicas actuales apuntan al sistema alimentario que quieres para tu comunidad.

Aquí 5 ideas de acción:

  1. Consume tortilla de calidad
  2. Pídele a Maseca que diferencie sus productos. Queremos saber cuándo es probable que estemos comiendo harina de maíz con residuos de glifosato. Te invitamos a firmar la carta y transmitir a los directivos de Gruma-Maseca. Sin importar que cumplan con la legislación sobre límites permisibles de tóxicos, habiendo evidencia que apunta a que el glifosato de su harina puede afectar a los consumidores, es su deber moral hacer algo al respecto.
  3. Aprende sobre el sistema alimentario. Los libros de la doctora Vandana Shiva y de Michael Pollan son buen comienzo. Pollan también tiene un documental en Netflix.
  4. Produce parte de tu comida. Busca un huerto urbano y únete; o haz tu propio huerto en casa.
  5. ¿Tienes tierra? ¡Regenérala! Este año es el primer Campamento de Restauración de Ecosistemas en el Rancho de Vía Orgánica, en Guanajuato, México.