Por Miguel Ángel Criado, Biodiversidadla, 20 de diciembre de 2018

La historia de la domesticación del maíz no era como la habían contado. Hasta ahora se pensaba que la conversión de una mala hierba en el principal cereal del planeta se produjo en tierras mexicanas y desde ahí se expandió por toda América.

Sin embargo, el análisis genético de un centenar de variedades y muestras arqueológicas muestra que, aunque empezara en lo que hoy es el sur de México, el maíz acabó siendo domesticado en regiones tan alejadas como la selva amazónica.

Con más de 1.000 millones de toneladas cosechadas cada año según la FAO, el maíz aporta cerca del 6% de las calorías que alimentan a la humanidad y es el principal pienso para la producción de carne. Es también una de las plantas domesticadas que más y más variados paisajes ha colonizado. Fue también la base sobre la que se sustentaron las principales civilizaciones precolombinas y es un activo estratégico para países como EE UU China o Brasil. Y, sin embargo, la historia de su domesticación y propagación por América tiene capítulos que no concuerdan.

Los registros más antiguos de manipulación consciente del teocintle o teosinte, la planta silvestre antecesora del maíz, son de hace 9.000 años y se han encontrado en el valle del río Balsas, en el actual estado de Guerrero (México). Poco más de dos milenios después, restos arqueobotánicos indican que ya se cultivaba maíz en claros del suroeste de la selva amazónica. Sin embargo, recientes estudios genéticos de las mazorcas más primitivas encontradas hasta ahora en México muestran que entonces, hace más de 5.000 años, el maíz aún tenía mucho de teosinte. ¿Cómo pudo llegar el maíz hasta el actual Brasil cuando aún no había sido domesticado completamente en el origen?

Ya se cultivaba maíz en el sur de América cuando aún no se había completado su domesticación en el origen mexicano

La respuesta la da una investigación publicada en Science en la que han comparado el genoma de decenas de variedades locales cultivadas por comunidades indígenas brasileñas con el de otras regiones americanas, el ADN antiguo de muestras de todo el continente, algunas con varios milenios, y con el del actual teosinte. Así levantaron un árbol genealógico con más de un centenar de ramas. Al analizarlo, el principal autor del estudio, el responsable de arqueobotánica del Museo Nacional de Historia Natural de los Estados Unidos, Logan Kistler, puede afirmar: “Encontramos pruebas genéticas de que el maíz sudamericano salió de México cuando el proceso de domesticación aún estaba en curso”.

Ahora sí, la arqueología y la genética coinciden: el proceso de domesticación empezó en el sur de México y aquel proto-maíz se dispersó por el continente y acabó siendo el actual maíz en procesos evolutivos paralelos. De hecho, el estudio muestra que las variedades tradicionales cultivadas en Brasil son las más alejadas genéticamente del teosinte, nativo del mexicano valle del río Balsas, y aparecen muy relacionadas con las muestras procedentes de la región andina y la costa del Pacífico.

“El proceso de domesticación no fue lineal ni ocurrió de una vez”, recuerda la investigadora del centro de geogenética del Museo de Historia Natural de Dinamarca y coautora de la investigación, Jazmín Ramos Madrigal. Esta investigadora mexicana logró analizar el ADN ancestral de una mazorca de hace 5.300 años localizada en México y que, aún sin ser maíz como el actual, ya contaba con cambios en genes claves en el proceso que convirtió las vainas incomestibles del teosinte con apenas doce granos en elotes repletos de granos de maíz.

El suroeste de la selva amazónica se ha revelado como uno de los principales centros de domesticación junto a Oriente Medio o el sureste de China.

Estos cambios terminaron por completarse en tierras mexicanas, pero también amazónicas. Esta región a los pies de la ladera este de Los Andes, entre los actuales estados brasileños de Rondônia y Acre y Bolivia, se está mostrando como un gran centro de domesticación en los inicios de la agricultura, como lo fueron las tierras bajas mexicanas, el Creciente Fértil o la región suroriental de la actual China.

“En los últimos años, varios estudios han mostrado que esta zona era muy rica culturalmente”, cuenta en un correo el investigador del banco de genes de la empresa estatal brasileña Embrapa y coautor del estudio, Fabio Freitas. “Aquí se domesticaron plantas como la mandioca. Algunas de las cerámicas más antiguas de Sudamérica se encontraron aquí. Relevantes grupos lingüísticos surgieron aquí. Ahora, con nuestro estudio, es el área donde se completó la domesticación de uno de los linajes del maíz”, añade.

A pesar de la enorme distancia geográfica, a pesar de seguir procesos de domesticación independientes y a pesar de la diversidad tanto el amazónico como el de las tierras bajas mexicanas es maíz. Esta aparente paradoja entre divergencia y convergencia tiene una simple explicación para el investigador en genómica vegetal del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México, Jean-Philippe Vielle Calzada: “los cambios fundamentales se dieron en el mismo evento original de subespeciación”. Lo que vino después, con sus adaptaciones locales, siempre sería maíz.

Fuente: El País

FuenteBiodiversidad en América Latina y en el Caribe
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Mercedes Lopez Martinez
Trabajo en la ciudad de México. Doy seguimiento a la demanda contra el maíz genéticamente modificado y a labores de educación sobre consumo orgánico, comercio justo y soberanía alimentaria.