Por Manipadma Jena, IPS Noticias, 13 de junio de 2018

Mientras el gobierno de India se esfuerza por revertir la agravada degradación del suelo, que le costará unos 23 billones de dólares al mundo en los próximos 30 años, aparece un nuevo héroe: el humilde bambú.

El llamado “acero vegetal” es un recurso estratégico que muchos países utilizan para recuperar el suelo y revertir los peligros de la desertificación.

“Las 1.640 especies de bambú tienen un sólido sistema de raíces que las agarran al suelo; son las plantas de crecimiento más rápido, lo que las convierte en las mejores para recuperar tierras cultivables no productivas, controlar la erosión y mantener la estabilidad del suelo”, señaló Hans Friederich, director general de la Red Internacional para el Bambú y el Rotén (Inbar, en inglés), dijo a IPS desde la sede de Beijing.

“Nuestros miembros se comprometieron a recuperar cinco millones de hectáreas degradadas con plantaciones de bambú para 2020 en el marco del Desafío de Bonn en 2015. Las promesas políticas ya superaron el compromiso y se acercan a las seis millones de hectáreas”, indicó.

“Pero plantadas en la tierra son muchas menos, porque hay que crear los viveros, y plantar vastas extensiones lleva unos años”, acotó Friederich, quien antes fuera director para Europa de la Unión para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La organización no gubernamental Inbar cuenta con 43 países miembros que buscan promover los beneficios ecosistémicos y los valores del bambú y el rotén (mimbre).

El Desafío de Bonn es un esfuerzo global para recuperar 150 millones de hectáreas, tres veces la superficie de España, de tierras deforestadas y degradadas, para 2020, y 350 millones de hectáreas para 2030.

Según la última revisión de la Convención de las Naciones Unidas para Lucha contra la Desertificación (UNCCD), en mayo, implementar acciones urgentes y frenar la tendencia alarmante costaría 4,6 billones (millón de millones) de dólares, menos de una cuarta parte de las pérdidas estimadas para 2050 de 23 billones de dólares.

Hay 169 países afectados por la degradación del suelo o la sequía o ambas.

En promedio, las pérdidas actuales representan nueve por ciento del producto interno bruto (PIB), pero para los países más perjudicados, como República Centroafricana, las pérdidas totales se estiman en 40 por ciento del PIB.

África y Asia son los más afectados y registran las mayores pérdidas anuales, unos 65.000 millones de dólares y 84.000 millones, respectivamente.

“Un suelo saludable es el principal valor del sustento de muchas personas, desde alimentos a trabajo e ingresos decentes”, destacó Juan Carlos Mendoza, director del Mecanismo Global de la UNCCD, que ayuda a los países a estabilizar el suelo y la salud ecosistémica.

“Vivimos una crisis de proporciones nunca antes vistas: 1.500 millones de personas, principalmente en los países más pobres, están atrapadas en tierras cultivables degradadas”, precisó.

La magia del bambú en tierras cultivables arrasadas por hornos de ladrillo

En la década de los años 60, la construcción despegaba en India.

El arroz, la caña de azúcar y los brillantes campos amarillos de flores de mostaza se extendían más allá del horizonte en zonas del estado de Uttar Pradesh. Los agricultores, atraídos por el dinero, arrendaron sus tierras fértiles a fabricantes de ladrillos. En una década, más de 150 hornos de ladrillo sobresalían del suelo en unas 5.000 hectáreas entre 0,9 metros a poco más de tres metros.

Pero cuando la tierra se agotó, se fueron, dejando suelos estériles y medios de vida arruinados. Con la capa superficial del suelo destruida, hubo graves tormentas de polvo, recursos hídricos agotados y se perdió la vegetación.

La plantación de bambú comenzó en 100 hectáreas en 1996 y, en la actualidad, la organización no gubernamental Utthan, la comunidad perjudicada e Inbar recuperaron unas 4.000 hectáreas en 96 pueblos.

El bambú se planta aquí con moringa, guava y otros árboles frutales, banana, cultivos básicos, verduras, plantas medicinales, donde también hay pavos reales, bueyes y ovejas.

Todos los años, el bambú agrega casi 18 centímetros de humus de hojas al suelo, y ayudó a aumentar la capa freática en 15 metros en 20 años.

Con la venta de bambú, los campesinos aumentan sus ingresos en 10 por ciento.

Pero el mayor beneficio es para las mujeres, 80 por ciento de la cocina se realiza con biogás, y no más carbón ni leña.

La mayor parte de los desperdicios del bambú terminan en los gasificadores de biomasa que funcionan de 10 de la mañana a 1 de la tarde, alimentando a 120 generadores que permiten el funcionamiento de refrigeradores, que conservan vacunas y medicamentos fundamentales cuando hay cortes de electricidad.

Hay pequeñas comunidades que ya se benefician de los usos no tradicionales del bambú.

“Cuanto más se beneficien del mercado creciente de bambú y del rotén, más podrán formar parte de los esfuerzos de conservación”, explicó Friederich.

En China, por ejemplo, cuando las devastadoras inundaciones del Yangtsé de 1998 y la severa sequía de 1997 en la cuenca del río Amarillo, el gobierno chino comenzó un programa enorme de recuperación mediante la reforestación de tierras degradadas con bambú, que en la actualidad involucra a 32 millones de hogares campesinos en 25 provincias.

Una mujer en la central provincia china de Guizhou fabricó muebles; a medida que amplió su actividad, los pedazos más grandes iban al horno para generar electricidad y calefaccionar, pero le quedó una montaña de polvo del bambú en la que aprovechó para cultivar hongos, una delicia que se disputan los restaurantes.

Las hojas de bambú sirven de forraje para sus 20.000 pollos gordos que andan sueltos.

Un estudio de 2017 concluyó que la fibra de bambú agranda el tracto digestivo de los pollos, lo que les permite consumir más y aumentar su peso hasta 70 por ciento más que los alimentados con dietas orgánicas estándares.

El colorante de las hojas de bambú deja los huevos con una tonalidad azul similar a los codiciados de pato; los consumidores pagan más por sus huevos azulados.

Todo eso elevó sus ingresos anuales a unos cinco millones de dólares.

El bambú en la construcción

“Perú, Ecuador, Colombia  y otras regiones propensas a terremotos cambiaron su normativa en materia de construcción para habilitar al bambú como material estructural. Se ha visto que después de los desastres, las estructuras de bambú se pueden rajar o dañar, pero no se caen tan seguido como las de concreto”, indicó Friederich.

Nepal reconstruye unas 6.000 aulas todavía destruidas tras el terremoto de 2015 con paredes de tierra y techos de bambú, lo que le da flexibilidad a la edificación cuando la tierra tiembla.

Además, el bambú sirve para fabricar otros productos sólidos como pisos, vigas y hasta cañerías para el agua.

Sumideros naturales de carbono

Gracias a su rápido crecimiento, si se corta regularmente, el bambú vuelve a crecer y a secuestrar más carbono. Los gruesos bambúes de China pueden captar entre 100 y 400 toneladas de carbono por hectárea.

Y su potencial para secuestrar carbono aumenta entre 200 y 400 toneladas del gas por hectárea si reemplaza a más materiales como el cemento, el plástico o los combustibles fósiles, según Friederich.

En colaboración con el Fondo para el Desarrollo Agrícola desde el inicio, Inbar participa en un proyecto estratégico como intra-África, que busca compartir conocimientos entre Ghana, Camerún, Madagascar, Etiopía, regiones a las que les urge reverdecer.

El Congreso Mundial del Bambú y el Ratán, que comienza el 25 de este mes en Beijing, registrará el inicio de ese proyecto. También contará con mesas de debate sobre innovaciones vinculadas a esos recursos, aplicaciones con bajas emisiones de carbono, además de cómo el bambú ha promovido y puede contribuir más con estrategias climáticamente inteligentes en agricultura y creación de empleo.

FuenteIPS Noticias
COMPARTIR
ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.