Por Guadalupe Lugo, Gaceta UNAM, 31 de mayo de 2018

A pesar de los intensos esfuerzos de conservación y recuperación que hacen comunidades, investigadores, gobierno e iniciativa privada, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, las tortugas marinas todavía se encuentran catalogadas como especies en peligro de extinción, apuntó el especialista Alberto Abreu Grobois, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL), Unidad Académica Mazatlán.

El experto en genética y conservación de tortugas marinas comentó que estos quelonios representan un animal carismático y emblemático; son especies inofensivas que realizan sus funciones sin herir a nadie. Sin embargo, durante años han sido víctimas de una explotación desmedida por el ser humano.

A costas mexicanas arriban varias especies, entre ellas Carey, Golfina, Laúd, Prieta y Lora, y utilizan diferentes hábitats como parte de su historia de vida; pero no todas presentan el mismo estado de conservación. No obstante, hay buenos avances, tanto en la adquisición del conocimiento como en el trabajo de investigación y preservación de éstas desde hace ya varias décadas, en particular en el país.

Indicios de recuperación

Alberto Abreu señaló que algunas especies que llegan a costas mexicanas tienen indicios de recuperación y otras están en una condición abundante. Por ejemplo, la tortuga Golfina, cuya población en las décadas de 1960 y 1970 se desplomó como resultado de la pesquería que llegó a extraer millones de animales ocasionando una disminución considerable, lo cual condujo a considerarla en peligro de desaparecer. El hecho anterior propiciaría que en 1990 México declarara la veda permanente.

Actualmente, es muy abundante en el Pacífico y en muchas partes del mundo. “Podemos decir que se encuentra en una situación de franca recuperación, aunque no del todo. La mayoría de las especies han mejorado visiblemente; no obstante, algunas poblaciones regionales todavía se encuentran en situación precaria y, por tanto, están amenazadas”.

Otro ejemplo es la especie Verde del Atlántico. Llega a anidar en las costas mexicanas, desde Tamaulipas hasta Quintana Roo, y en las últimas tres décadas su población está bastante robusta y en recuperación; sin embargo, no por ello se le puede considerar a salvo.

El otro lado de la moneda lo representa la tortuga Laúd, población que se ha visto afectada, posiblemente, por una interacción con pesquerías de alta mar y una muy extensa extracción ilegal de huevos en las playas mexicanas, lo que explica su condición precaria. “Es una situación bastante preocupante en los ámbitos mundial y regional”.

Servicio ambiental

Al referirse a su importancia para los ecosistemas marinos, resaltó que las tortugas, como muchas otras especies, cumplen un servicio ambiental, pues contribuyen a equilibrar la población de otros organismos, como medusas y esponjas de las que se alimentan y cuya sobrepoblación representaría un riesgo para la destrucción de los arrecifes en los que viven.

O la tortuga Verde, por ejemplo, se alimenta de los pastos marinos, corta el césped, con lo que evita el fango en cantidades perjudiciales para su hábitat. De esta manera los océanos conservan su calidad nutritiva para cientos de seres vivos, promoviendo su proliferación.

“También se ha observado que ese ramoneo permite que la tortuga se lleve pedazos de plantas todavía fértiles, proceso con el que facilita la proliferación de los pastos en otros lados a través de sus heces.”

Asimismo, explicó que “el arribo de dichas especies a las playas para desovar promueve el traslado de minerales del océano a la superficie y viceversa, con lo que se mantiene un intercambio saludable para ambos ecosistemas”.

Por otra parte, Alberto Abreu mencionó que el que la tortuga marina anide en las playas, facilita su protección. “Sabiendo dónde están podemos cuidar y conservar, lo cual ha cautivado a muchas personas que se han visto atraídas por esta tarea”.

A partir de la década de 1990, comunidades, municipios e instituciones académicas han centrado su preocupación hacia la conservación de playas de anidación de las tortugas marinas, lo que produjo una respuesta de los sectores –desde gobiernos hasta la iniciativa privada– en todos los países a donde llegan.

Consideró que la tortuga se ha convertido en un símbolo del cambio de conciencia: “La consideración por la naturaleza y demostrar que esforzándonos por décadas, podemos obtener resultados positivos”.

Desde el punto de vista científico, estos animales permiten compaginar la curiosidad por saber y mejorar la condición de una especie por medio de la investigación. Es un campo en donde pueden compartirse experiencias con las comunidades y las culturas tradicionales que han usado a la tortuga marina y que ahora comienzan a saber y comprender cómo protegerla, finalizó.

FuenteGaceta UNAM
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