Por La Vía Campesina, 4 de abril de 2018

Tiene como objetivo impulsar la agroecología del diálogo a actividades regionales y nacionales proporcionando una oportunidad para el intercambio de ideas y experiencias y analizando políticas y acciones que puedan apoyar la agroecología para alcanzar los ODS.

En este espacio participan cerca de 400 asistentes, entre responsables de políticas y representantes gubernamentales, profesionales de la agroecología, investigadores y académicos, así como también representantes de la sociedad civil. La Vía Campesina participa en este II Simposio con la consigna ¡Sin nuestros pueblos, no hay Agroecología!, su amplia delegación esta compuesta por representantes de organizaciones campesinas de 13 países; provenientes de África, Asia, América y Europa.

Rilma Román delegada de La Vía Campesina quien creció dentro del Movimiento Agroecológico “de Campesino a Campesino,” de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) de Cuba, organización miembro de LVC, y responsable de uno de las mayores éxitos a nivel mundial del escalamiento y multiplicación a nivel nacional de la agroecología campesina representó a la sociedad civil a nivel global en su discurso en la plenaria de Apertura del Segundo Simposio Internacional de Agroecología de la FAO, en Roma.

Rilma sabe de lo que habla, en base a la organización social en los territorios y la metodología de aprendizaje horizontal “de campesino a campesino,” el movimiento agroecológico dentro de la ANAP logró que la mitad del campesinado cubano hiciera agroecología en apenas 15 años. Durante su discurso en la apertura afirmó que los movimientos sociales y la sociedad civil organizada tienen una visión común de la agroecología, construido en Nyéléni, Mali en 2015. “La agroecología no es algo nuevo; más bien, es fruto de la sabiduría de los pueblos originarios, que se fortalece hoy con el rescate de prácticas y con nuevas innovaciones campesinas, cuidando a la Madre Tierra y produciendo abundantes alimentos saludables para alimentar a nuestros pueblos” señaló.

Según Román, la agroecología campesina y popular genera conocimiento local, promueve identidad campesina e indígena, y fortalece la economía local y campesina. Es una alternativa poderosa para la crisis económica, y no es solo una forma de producir, ni un conjunto de técnicas, sino, más bien es un modo de vivir, que se adapta a cada territorio y sus características sociales y ambientales únicas. Esta agroecología de los pueblos promueve valores compartidos, no utiliza transgénicos ni agrotóxicos u otras tecnologías dañinas. “Se construye y se comparte a través del dialogo de saberes, basado en la educación popular, la metodología de campesino a campesino, y las escuelas campesinas de agroecología construidas y conducidas por las propias organizaciones y movimientos sociales” enfatizó.

Dentro de su discurso también resaltó el rol importante de las mujeres en la Agroecología, “Las mujeres son protagonistas activas en nuestra agroecología”, afirmó. Asimismo mencionó que la agroecología es política, y significa el derecho al agua, a la tierra, a las semillas, y demás bienes naturales. “Para nosotros y nosotras, el escalamiento, masificación o multiplicación significa tener cada vez más campesinos y campesinas practicando agroecología en más espacios y en territorios campesinos agroecológicos enteros”. También aprovechó este espacio para denunciar la alarmante ola de criminalización de las y los luchadores sociales quienes incluso son asesinados por defender sus territorios “Reclamamos paz al mundo, con la guerra no podemos hacer agroecología”, recalcó.

Para terminar su intervención hizo un breve resumen de la historia del éxito nacional del movimiento agroecológico en Cuba, la isla que enfrenta un bloqueo económico de 60 años impuesto por los EEUU, y que cuyo gobierno ha venido apoyando históricamente al campesinado tanto con políticas públicas, como un proceso de reforma agraria popular. “Somos campesinos y campesinas felices,” dijo, “y hemos logrado involucrar a más de 300,000 familias campesinas en la agroecología (la mitad del campesinado cubano), con un gran impacto en la producción de alimentos” y en la construcción de Soberanía Alimentaria. También alertó sobre el riesgo eminente de la captura corporativa de la agroecología, puntualizando: “¡Sin nuestros pueblos no hay agroecología! La agroecología la construyen nuestros pueblos u organizaciones, en nuestros territorios.”

La agroecología en riesgo

Previo al II Simposio miembros de la sociedad civil se reunieron con el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, donde todas las organizaciones participantes expresaron su preocupación en cuanto a los intentos evidentes del agronegocio y de las transnacionales para cooptar las herramientas técnicas de la agroecología para “pintarse de verde” (‘greenwashing’). En este contexto, José Graziano remarcó “yo no me preocuparía por el ‘agronegocio’. Ni siquiera es una categoría de análisis. La agroecología tendrá que salir del gueto y entrar en el mainstream (corriente principal).” Otro funcionaria de la FAO comentó que “el sector privado también está definiendo la agroecología, y esto no lo podemos parar.”

Sin embargo, la apropiación y mercantilización, o “robo” de la agroecología, por parte de las empresas capitalistas, quedó como la preocupación central dentro de la sociedad civil. Para la gran mayoría, la agroecología verdadera tiene sujeto social, y es el campesinado y otros productores de alimentos en pequeña escala, como los pueblos originarios, los pastoralistas nómadas, los y las pescadores artesanales, y los agricultores urbanos de las periferias de las ciudades, etc.

Incluso Gilbert Houngbo, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), quien también habló en la apertura mencionó “los pequeños agricultores producen más de la mitad de todos los alimentos del mundo en solo el 30% de la tierra. Y tienen la capacidad de producir mucho más”. Mientras por su lado, Graziano da Silva, hizo una llamada para la transición agroecológica global. Señalando que la mayoría de la producción de alimentos se ha basado en sistemas agrícolas de altos insumos y de uso intensivo de recursos, con un alto costo para el medio ambiente, el suelo, los bosques, el agua, la calidad del aire y la biodiversidad continúan deteriorándose. “El enfoque en aumentar la producción a cualquier costo no ha sido suficiente para erradicar el hambre, y estamos viendo una epidemia mundial de obesidad”, concluyó.

FuenteLa Vía Campesina
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