Por Ileana Corado, Contrapunto, mayo de 2017

“La riqueza y la vida están en la tierra”, afirma lleno de convicción y satisfacción José Antonio Echeverría, quien junto Lilian Martínez, suman más de ochos años de lucha apostándole a la agroecología y más de 40 de compartir la vida juntos.

En medio de dos grandes montañas en las que descansan los limites de los municipios de Chiltiupán y Tamatique en La Libertad se ubica el cantón “Siberia”, ahí se encuentra la parcela “Los Mangos”, parte de la propiedad colectiva de 1,630 manzanas que conforma la Cooperativa San Isidro a la que pertenecen José y Lilian.

Aunque al inicio la tarea parecía imposible esta familia es prueba de que con sacrificio e iniciativa es posible trabajar la tierra a base de prácticas amigables con el medio ambiente.

La Agroecología es un tipo de agricultura alternativo frente a las prácticas convencionales, por lo general basadas en el despilfarro del agua, los productos químicos y los monocultivos. Busca la sostenibilidad y la productividad mediante la aplicación del conocimiento ecológico a su diseño y manejo.

Entre las técnicas destacan: la preparación profunda del suelo, uso de la composta, uso de semilleros (almácigos), siembra directa, asociación y rotación de cultivos, uso de semilla criollas o de polinización abierta entre otros. José por ejemplo, genera su propio abono: el bokashi que cuenta con diversos nutrientes orgánicos que son incorporados al suelo.

Durante casi 40 años José explica que no conoció alternativas diferentes para poder vivir y trabajar la tierra y se dedicaron exclusivamente a la producción de maíz y frijol. Sin embargo en 2005, Lilian se organiza en un comité de salud de mujeres de la zona en ese momento el Arzobispado impulsaba un proyecto de salud materno infantil que incentivaba la creación huerto colectivos.

Con el proyecto se evitaban caminar las largas distancias por la compra de vegetales, y algunas ocasiones comercializaban los productos en zona, generando un ingreso económico que ya no era base de los cultivos de maíz y frijol.

Parcela “Los Mangos”

Cuando finalizó este proyecto, la familia pudo adherirse al impulsado por la Federación de Cooperativas de la Reforma Agraria Central (FECORACEN), apoyado por otras organizaciones a inicios de 2008: “Impulsando la Soberanía Alimentaria”. Fue al inicio de este que don José escuchó hablar sobre “agricultura orgánica” y métodos alternativos para producir y trabajar la tierra.

Actualmente, la parcela “Los Mangos” cosecha más de 100 variedades de productos entre ornamentales, medicinales, frutales entre los que destacan: papaya, guayaba, y guineo además de vegetales como repollo, chile, tomate, pipián, yuca, ejote entre otras.

“La pobreza ha sido dura, cuando yo me críe vivía en un ranchito. Todos trabajan el maíz y frijol no había otra visión pero ahora cultivamos otras cosas y tenemos que comer cuando me críe en este mismo lugar no había nada”, asegura José.

Después de varios años de trabajar en bajo las líneas de la agroecología, la familia firma con certeza que los resultados son positivos, pese a que la transición de la agricultura convencional, que se basa en buena medida en la utilización de agroquímicos, y el impacto del cambio climático son un reto.

Al mantenerse activos en el cultivo de la tierra, la familia de José y Lilian puede garantizar la producción de alimentos de una forma sostenible, sana y orgánica. Sumado a esto durante los últimos años también se ha fomentado la participación en mercados locales lo que también permite la garantía de ingresos dignos para su familia.

“Cuando hay producto nos vamos a vender porque no alcanzamos a consumir lo que se cultiva. Vamos una vez a la semana, hacemos un poco de dinero y se usa para invertir nuevamente en el huerto, con la comida también inventamos las recetas, probando con diversos productos vamos haciendo cosas nuevas”, dijo Lilian en conversación con ContraPunto.

Doña Lilian, en el invernadero de la parcela “Los Mangos”

Después de ocho años la familia también cuenta con la capacidad de emplear a otras personas por jornadas, sobre todo en el tiempo de invierno donde hay mucha más producción y trabajo.

El emprender en la agroecología propicia beneficios en diversas vías, uno de los más importantes es la economía familiar que deja de depender de la dinámica convencional. La pareja genera los insumos para mejorar sus ingresos económicos y las ganancias dependen en buena medida únicamente de su trabajo.

Adalberto Blanco, técnico de FECORACEN, remarca sobre la importancia de priorizar, apoyar y sensibilizar experiencias exitosas de agroecológica.

Una de las necesidades más urgentes según el técnico es la aprobación de la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional para que la población tenga acceso a una alimentación sana, apoyo para el emprendimiento de proyectos agrícolas y una comercialización justa, así como una política que promueva la agroecológica a nivel nacional.

Es así que la familia Echeverría Martínez se ha superado y ha logrado salir de la pobreza. Aunque como la misma Lilian explica, no les sobra el dinero, tienen asegurada la alimentación sana, y una oportunidad de comercializar sus productos y proveer a otras familias.

FuenteContrapunto
COMPARTIR
ACO
A favor de la salud, la justicia, las sustentabilidad, la paz y la democracia.