Por Ronnie Cummins | Director Internacional de la Organic Consumers Association

La marca de Vermont ha sido construida sobre una imagen bucólica de vacas pastando en prados infinitos. El helado de Ben & Jerry’s y otras compañías de Vermont han usado estas imágenes idílicas para vender sus productos. Lejos están los días, sin embargo, cuando la mayoría de las vacas de Vermont estaban pastando en espectaculares paisajes. Ahora la gran mayoría de las vacas de Vermont están encerrada en ‘Operaciones de Alimentación Concentrada de Animales’ o CAFOs (por sus siglas en inglés) alimentándose a base de una dieta rica en maíz OGM y pesticidas. Esto se evidencia en el siguiente artículo de Regeneration Vermont: “La adicción a OGMs de Vermont: Pesticidas, Agua contaminada y Destrucción Climática,” http://regenerationvermont.org/reports/

Lo más importante que podemos hacer hoy como consumidores conscientes, agricultores y trabajadores de alimentos es regenerar www.Regenerationinternational.org la salud pública, el ambiente y la estabilidad climática. Podemos hacer esto más fácilmente al alejarnos de los alimentos industriales, los OGM y las granjas industriales, pasando a un sistema que sea orgánico, de pastoreo, humano, que opte por la regeneración de los suelos, que absorba carbono y sea amigable con el medioambiente.

¿Qué está obstaculizando esta transformación de vida o muerte? El ecoblanqueo descarado. La proliferación de billones de dólares de productos alimenticios etiquetados o promocionados como “naturales” y “socialmente responsables” confunden hasta a los consumidores más bienintencionados que optan por estos en lugar de comprar productos orgánicos o de pastoreo.

Quizás ninguna compañía personifique mejor el ecoblanqueo que Ben & Jerry’s. Localizada en Vermont, esta empresa es una subsidiaria del gigante transnacional Unilever. La historia de Ben & Jerry’s – una compañía pequeña lanzada por dos hippies desde una estación de gas transformada de Burlington, Vermont, – es legendaria. A pesar de venderla a Unilever en abril del 2000, los que manejan la marca han preservado su imagen tierna y casera, y convencido de manera muy habilidosa a los consumidores de que Ben & Jerry nunca se ha alejado de su misión: “hacer del mundo un mejor lugar.”

Como reporta el New York Times, en su artículo del 25 de julio Regeneration Vermont http://regenerationvermont.org/ y la Asociación de Consumidores Orgánicos (OCA, por sus siglas en inglés) http://organicconsumers.org/ recientemente enviaron muestras de los helados que mejor venden de Ben and Jerry’s a un laboratorio para proceder a su análisis. Cada muestra salió positiva para contaminación del herbicida Roundup (glifosato y AMPA). (URL para el comunicado de prensa)

Hasta ahí llega la promesa de hacer del mundo un mejor lugar.

Un poco de historia

Hace veinticuatro años, activistas alimentarios anti-OGM, incluyendo los integrantes de la campaña Pure Food (predecesor de OCA), presionaron a Ben & Jerry’s y otras compañías lácteas para prohibir el uso del primer producto genéticamente modificado de Estados Unidos, la Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH, por sus siglas en inglés). https://www.organicconsumers.org/sites/default/files/rbgh_harms_cows_fact_sheet.pdf Distribuida por el gigante farmacéutico Elanco (Eli Lilly), la rBGH está relacionada al aumento de riesgo de cáncer de mama y colon, un mayor uso de antibióticos en pienso animal y el daño a la salud de la vaca.

Varios grupos, incluyendo la OCA, le exigieron a Ben & Jerry’s que hiciera algo más que sólo prohibir que sus vacas lecheras fueran inyectadas con Rbgh. Les exigimos que se hicieran orgánicos, lo cual habría requerido que la compañía eliminara su práctica de usar leche producida por vacas que son alimentadas con granos OGM. Pero inclusive antes de que Ben & Jerry’s fuera comprado por Unilever, hicieron poco caso del pedido.

Desde 1994, Ben & Jerry’s, la marca insignia de $600 millones de dólares de venta anual de la tercer mayor corporación alimenticia multinacional del mundo, Unilever (con ventas anuales de $60 mil millones), ha vendido bastante con su política “libre de rBGH”, promocionando su marca, una y otra vez, como “completamente natural,” “libre de OGM,”, “comercio justo,” “por la justicia climática,” y “socialmente responsable.”

A pesar de repetidas exigencias de grupos de consumidores para dejar de promocionar sus helados como “naturales” o “completamente naturales,”; considerando que se elabora con vacas alimentadas casi exclusivamente con forraje de maíz OGM (cultivado con Roundup Ready, semillas empalmadas neónicas y BT) rociado con Roundup y otros pesticidas, Ben & Jerry’s continúa su ecoblanqueo y mentiras. La compañía recientemente (18 de junio, 2017) describió su http://www.benandjerrys.com.mx/valores misión como:

Elaborar, distribuir y vender la más fina calidad de helados completamente naturales y eufóricas mezclas con un continuo compromiso hacia la incorporación de ingredientes integrales y naturales, y la promoción de prácticas comerciales que respetan la Tierra y el Medioambiente.

Después de más de una década de evitar peticiones de consumidores, agricultores, defensores de animales, ambientales y de trabajadores agrícolas de dejar de ecoblanquear y de obtener su leche de manera justa de vacas pastando en pastizales orgánicos, Ben & Jerry’s sigue cada vez peor. Continúa obteniendo su leche de St. Alban’s, una cooperativa de productores de leche independientes que es dominada cada vez menos por pequeños productores de leche y más por grandes operaciones lácteas CAFO. Para alimentar a las vacas en esas operaciones, los productores rocían toneladas de pesticidas, incluyendo Roundup, atrazina y metolaclor, en campos de maíz OGM cultivados con semillas recubiertas de neonicotinoides y toxina BT. También aplican toneladas de fertilizantes de nitrógeno que matan el suelo, perturban el clima http://regenerationvermont.org/why-its-time-to-stop-punishing-our-soils-with-fertilizers/ y contaminan http://regenerationvermont.org/vermonts-industrial-dairying-marketing-vs-reality/ arroyos, ríos y lagos.

El pedido es que Ben & Jerry’s evite que sus proveedores exploten a los trabajadores agrícolas, confinando a las vacas lecheras y llevando a los pequeños productores lecheros a la bancarrota, produciendo nada más que vagas promesas de “respetar a la Tierra” y apoyar la justicia económica rural.

Ya es suficiente. Vermont y las organizaciones nacionales de interés público han perdido la paciencia. Es hora de que Unilever y Ben & Jerry’s dejen atrás el ecoblanqueo y actúen. Es hora de que Ben & Jerry’s anuncien que comenzarán inmediatamente con la transición a un 100 por ciento orgánico. De otra forma los consumidores conscientes no tienen otra elección más que lanzar una campaña nacional e internacional de protesta y boicot.

Regeneración Vermont

Regeneración Vermont, una coalición amplia de consumidores y agricultores, ha pedido repetidamente a Ben & Jerry’s y Unilever que firme un compromiso de seis puntos para su transición orgánica durante un periodo de tres años, incluyendo:

  1. Una transición de cultivos OGM y pesticidas/fertilizantes tóxicos hacia métodos agrícolas orgánicos regenerativos.
  2. Salarios justos para agricultores, incluyendo primas basadas en estándares regenerativos y asistencia en la transición hacia métodos regenerativos.
  3. Justicia económica para los trabajadores agrícolas, salarios justos y con los que se pueda vivir, vivienda decente y dignidad social y cultural.
  4. Adopción de técnicas de remediación climática, comenzando con un énfasis en suelos sanos y cultivos cubierta para la absorción de carbono y control de la erosión.
  5. Tratamiento humano en granjas de animales, la eliminación gradual de lecherías de confinamiento y una transición de regreso al pastoreo en pastizales y pienso con base de pasto para rumiantes.
  6. Limpieza y protección de nuestras cuencas, arroyos, ríos, lagunas, lagos y aguas subterráneas.

Estudios recientes publicados en Vermont Regeneration revelan que los proveedores de Ben & Jerry’s y de productores lácteos de Vermont y E.U.A. que en general no son orgánicos, han involucionado en los últimos 15 años en términos de sustentabilidad ambiental, seguridad alimentaria, nutrición, contaminación con gases de efecto invernadero, contaminación de agua, trato de animales, justicia para trabajadores agrícolas y la preservación de granjas familiares.

El uso de fertilizantes químicos casi se ha duplicado en Vermont desde que los OGMs comenzaron a dominar el mercado hace 15 años.

No se sostiene aquello que afirma Monsanto que los cultivos OGM reducirían el uso de pesticidas tóxicos y fertilizantes de nitrógeno que contaminan agua y desestabilizan al clima. Eso sin mencionar la afirmación de Ben & Jerry’s de que es “no-OGM” y “responsable con el medioambiente.”

Entre los descubrimientos de Regeneration Vermont están los siguientes:

  • Un sorprendente 97% de los campos de maíz de Vermont, el componente principal de una dieta no orgánica de vaca lechera, es ahora OGM (Roundup Ready, semillas de empalme con Bt, neónicas). Este es el porcentaje más alto en cualquier estado en los E.U.A.
  • El uso de herbicida ha aumentado más de un 100% por acre en Vermont desde que el maíz OGM de Monsanto llegó al mercado, con el reciente uso pesado de atrazina, metolacloro, simazina, pendimetalina, glifosato (Roundup), acetoclor, dicamba y alaclor.

Como asegura Regeneration Vermont http://regenerationvermont.org/reports/ en su reporte:

Los reguladores han determinado que cinco de estos ocho herbicidas más usados (en Vermont) son posibles o probables carcinógenos, los tres restantes se sospecha que son carcinógenos. Siete de los ocho son posibles o probables disruptores endócrinos (se sospecha que el otro es un disruptor endócrino). Los ocho ha sido determinados por reguladores y académicos que causan defectos de nacimiento y de desarrollo y tienen una persistencia a largo plazo. La atrazina, simazina, acetaclor y alaclor han perdido su registro en los E.U.A., y están prohibidos efectivamente.

Millones de personas preocupadas por su salud, especialmente padres de niños jóvenes, entienden que los alimentos baratos, no orgánicos, genéticamente modificados, industriales y provenientes de granjas industriales es peligrosa. No sólo la agricultura industrial química y de uso intensivo de energía destruye el ambiente, desestabiliza el clima, empobrece a comunidades rurales, explota a los trabajadores agrícolas, inflige una crueldad innecesaria en animales de granja y contamina las reservas acuíferas, sino que el producto final en sí mismo está contaminado inevitablemente y es inferior en términos nutritivos, en este caso en comparación a leche y lácteos 100% alimentados con pasto.

También millones de consumidores con mentalidad verde entienden que la agricultura industrial representa una amenaza terminal para el ambiente y la estabilidad climática. Un segmento de la población altamente consciente está comenzando a entender que la transición hacia prácticas agrícolas no químicas, no modificada genéticamente, eficientes en energía, que absorban carbono y sean orgánicas/regenerativas es necesaria. Hay que reducir la distancia de transporte de alimentos al relocalizar la cadena alimenticia. Todas estas son precondiciones esenciales para estabilizar nuestro clima fuera de control y preparar a nuestras familias y comunidades para una escasez futura de energía y recursos.

Millones de personas– consumidores, agricultores, activistas – ahora se dan cuenta de que a menos que actuemos rápidamente, el calentamiento global y el caos climático devastarán la agricultura industrial y el transporte de alimentos de larga distancia, llevando a fracasos de cultivos gigantes, escasez de alimentos, hambruna, guerra y pestes. Aún más alarmante es que los niveles acelerados de gases de efecto invernadero pronto empujarán al calentamiento global a un punto de no retorno que derretirá los casquetes polares y posiblemente liberará una descarga cataclísmica de metano desestabilizante del clima, ahora retenidos en la tundra ártica frágil.

Gracias a esta consciencia creciente de los consumidores – y cuatro décadas de trabajo – la comunidad orgánica ha crecido hasta alcanzar los $50 mil millones de “certificado orgánico” y $5 mil millones de alimentos 100% de libre pastoreo que prohíbe el uso de modificación genética y pesticidas. El sector de productos orgánicos ahora constituye más de un 5 por ciento de las ventas minoristas totales (y 15 por ciento de frutas y vegetales), con un nivel de crecimiento anual de 10-15 por ciento. Hasta tomando en cuenta una economía lenta, el mercado orgánico, si eliminamos el ecoblanqueo y fraude de etiquetado, podría alcanzar posiblemente un “punto crítico” de un 20 por ciento de ventas de despensa en el 2020.

El mito de “natural” sigue siendo una amenaza

Por más impresionante que esta alternativa orgánica y de pastoreo de $55 mil millones sea, se mantiene eclipsada por unos $50-100 mil millones en gastos anuales por consumir productos como B&J’s, que se ofrecen fraudulentamente como “natural,” “libres de OGM” “pastoreo libre,” o “sustentable.”

Distintas encuestas a consumidores http://www.consumerreports.org/media-room/press-releases/2016/05/consumer-reports-survey-show-73-percent-of-consumers-misled-by-natural-labels-at-the-grocery-store/ indican que la abrumadora mayoría de los estadounidenses creen que los productos “naturales” son “casi orgánicos” y mucho más baratos. La mayoría cree que “todo natural” de hecho significa que es mejor que los orgánicos. Ben & Jerry’s no es la única marca que ecoblanquea sus productos e impide el crecimiento de alimentos orgánicos, 100% de pastoreo y regenerativos. Pero ciertamente está dentro de los más descarados.

De hecho, todos estos productos “naturales,” “completamente naturales” y “sustentables” no están respaldados por reglas y regulaciones o por una certificación participativa. La mayoría de los productos “naturales” o convencionales – ya sea productos lácteos o alimentos enlatados o congelados – son producidos en granjas industriales grandes o en plantas de procesamiento que son altamente contaminantes, intensivas químicamente e intensivas energéticamente.

Quizás la existencia de alimentos etiquetados de manera fraudulenta como “naturales” como Ben & Jerry’s no importarían tanto si estuviéramos viviendo en tiempos normales, con una población, medio ambiente y clima relativamente sanos. Los productos convencionales vendidos como “naturales” o “casi orgánicos” serían sólo un ejemplo más de artimañas o prácticas de negocios poco éticas.

Pero no estamos viviendo en tiempos normales.

Pedir que las marcas y productores falsamente naturales, como Ben & Jerry’s, hagan su transición a lo orgánico es algo de vida o muerte. Estamos cansados de pedir educadamente a Ben & Jerry’s, Unilever y a otros ecoblanqueadores que por favor cambien sus prácticas. Es hora de aumentar la presión. Por favor únete al creciente boicot al helado de Ben & Jerry’s regresando a http://consumidoresorganicos.org/ para ver maneras de involucrarte e informarte.

 

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